Emma esperó por tantas horas dentro de su auto, que terminó por odiarlo. Aprovechó la espera para poner en orden las miles de preguntas que inundaban su mente, pero a cada segundo la atormentaba una diferente: –¿Quién es realmente esa chica? ¿Qué secreto esconde? ¿Por qué no había sabido sobre su existencia antes? ¿Por qué se parece tanto a mí? ¿Por qué mis padres se esfuerzan tanto por alejarla de nuestras vidas? ¿Por qué? Tantas preguntas comenzaron a amontonarse dentro de la mente de Emma, de tal forma, que la hicieron evadirse completamente de la realidad. Ni siquiera notó como el tiempo pasaba y el sol se ponía. Precisamente debido a esto, tuvo el mayor susto de su vida cuando sintió que alguien golpeaba el cristal de su auto. –¡Me has dado un susto de muerte! – exclamó al percata

