Luego de que Emma se subiese al taxi, Lina le preguntó: –¿A cuál dirección le digo que nos lleve? –A tu casa. – respondió Emma mientras se acurrucaba en su hombre para tomar una siesta, completamente vencida por el alcohol y el cansancio del día. Lina le indicó al taxista que las regresara al mismo lugar donde la había recogido antes, y, al llegar, el conductor las ayudó a bajarse, y acompañó a Emma hasta el portal. Inmediatamente después de llegar, ambas chicas entraron al apartamento, y se escurrieron hasta el cuarto de Lina, para no despertar a la abuela. –Gracias por todo. – le dijo Emma, una vez su hermana la hubo recostado en la cama. –No hay nada que agradecer. – respondió Lina. – Para eso están las hermanas. Justo en ese momento, el teléfono de Emma comenzó a sonar. Ella se

