Lina insistió varias veces para localizar a su hermana, pero Emma había dejado su teléfono en su habitación antes de irse a dormir con la abuela. Finalmente, después de varios intentos, Lina se dio por vencida, y decidió que podría esperar al día siguiente para contarle. A diferencia de como solía hacerlo normalmente, Lina no despertó con los primeros rayos del sol. Quizás fue producto de todo el estrés con el que estaba lidiando los últimos días, o por el cansancio amontonado después de tantos años de trabajo acumulado sobre sus hombros, pero, ese día despertó tarde, como no lo había hecho nunca antes. –¡Rayos! – exclamó al revisar su teléfono y descubrir que eran las 12 del día. Tenía varias llamadas perdidas de Emma, que Lina no había escuchado, pues, al igual que su hermana, tambié

