Cada una condujo en su auto con rumbo hacia el hospital. Por el camino competían de vez en cuando para ver quién era más veloz, y, aunque Emma era muy buena al volante, no había nada que pudiese hacer contra Lina en su amado Lamborghini. Finalmente llegaron al hospital de Redwood. Fue Emma quien se bajó del auto, y entró a la recepción con la intención de recopilar la información necesaria, pero se encontró con una enfermera que no daría nunca el brazo a torcer. –Hola, mi nombre es Emma Collins. – dijo la chica al llegar a saludar. – Y, me preguntaba si usted sería tan amable de ayudarme con cierta información que ando buscando. –¿Qué puedo hacer por ti? – preguntó cordialmente la enfermera. –Estoy buscando información sobre el parto de mi madre. – le dijo la chica. – Me temo que tuvo

