La Confesión sobre el Almohadón**

809 Palabras

La luz del amanecer se colaba entre las persianas del apartamento de Pilar, dibujando líneas doradas sobre la piel desnuda de Santiago. Pilar dormía sobre su pecho, su pelo rojo esparcido como llamas sobre el tatuaje de un águila que llevaba sobre el corazón. Santiago no dormía. Sus dedos—ásperos, marcados por cicatrices de navajazos y balas—recorriern el contorno de su espalda con una ternura que él mismo desconocía poseer. > *«Nunca pensé...»,* reflexionó, *«...que tú, la mujer que cruzó las puertas de hierro de mi infierno con tacones y sentencias, acabarías durmiendo sobre mi piel. Tú, que viste monstruo donde solo había un hombre roto... ¿En qué momento te convertiste en mi redención?»* Un recuerdo lo atravesó: la primera vez que la vio en la penitenciaría. Llegó con un traje

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