CAPÍTULO 41: EL DESPRECIO

1283 Palabras

El plano onírico no recibió a la Triada con pesadillas ni paisajes desolados. Dimitri, en su infinito orgullo y control, había construido un escenario de una elegancia ofensiva. Kaelin, Júpiter y Sebastián se materializaron en una vasta catedral de cristal n***o y obsidiana que flotaba en un vacío de estrellas muertas. No había gravedad, solo la voluntad de hierro de su arquitecto. Kaelin sintió el frío del Éter lamiendo su piel. Al mirarse, se dio cuenta de que su apariencia en este mundo era el reflejo exacto de cómo había entrado en el tanque: apenas cubierta por las gasas traslúcidas que dejaban al descubierto cada una de las marcas de la noche anterior. Los hematomas en sus muslos brillaban como constelaciones de amatista, y las marcas de colmillos en su cuello palpitaban con un ri

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