Salí de mi cama acomodando un poco mi pijama y me dirigí a mi baño a lavar mis dientes.
Sentí una fuerte punzada en mi estomago, mi panza rugía, tenía mucha hambre, era una desgracia que Matty no estuviese por allí cocinando.
Bajé las escaleras lentamente, para no marearme más de lo normal, enredando mi cabello en una cola de caballo.
Fui directo a mi cocina.
Escuché algunas cosas moverse en el mesón y mi cocina, y me emocioné porque al menos tendría comida preparada.
Me escabullí para que Matty no me escuchase y así poder asustarlo.
Entré al soportal de mi cocina, y lo que vi me dejo fría, la cabellera que esperaba que fuera rubia era negra como la noche, estaba de espalda a mí, los músculos de la misma se movía con cada movimientos de sus brazos pálidos llenos de tinta, mientras batía algo en una sartén.
Me abrumé de inmediato.
— ¿Qué haces aquí? —Exigí molesta.
De verdad tenía el atrevimiento de invadir mi casa.
— ¿Tienes Hambre?—Dijo indiferente, ni siquiera se giró para responderme.
—Debes irte ya—Exclamé fuerte mientras me movía para encararlo.
De esta forma no se veía tan intimidante cómo aquel día en el Ocaso, parecía un chico normal y atractivo.
Pero sabía muy bien que las cosas no eran así.
Me ignoró completamente y procedió a servir la comida que estaba preparando sirvió dos platos, pasó por mi lado como si fuera algo invisible.
Caminé hacía el lado contrario de la mesa y le arrebaté el plato de sus manos.
— ¿Quién te crees que eres? No puedes entrar a mi casa y creerte el dueño y amo de ella— Su rostro se volvió circunspecto de nuevo, así no podía descifrar nada de lo que pasaba su por su mente, sus ojos se posaron en mi escote y volvieron a mi rostro, sus ojos causaban intriga, su semblante se volvió sombrío como todo él, intimidante.
Se levantó de su asiento y se dirigió a mí.
Retrocedí unos pasos.
Mi espalda baja chocó contra el borde de la mesa, di un respingo por su cercanía, su cuerpo emanaba osadía, esa osadía del que te tienes que alejar si eres inteligente.
Ya muy cerca de mi rostro, sus labios rozaron mi lóbulo haciendo que mi piel se erizase por la proximidad de nuestros cuerpos.
Me estaba empezando a fastidiar.
Se alejó pero no mucho sólo para mirarme directo a los ojos, con esos ojos con tanta fiereza.
— Te recuerdo, conejita, que tú me pediste que te trajera a casa—Dijo con sorna en su voz para luego alejarse de golpe y apoyarse en la encimera cruzado de brazos marcando sus músculos.
Tenía que admitir que estaba en forma, tenía el cuerpo de un nadador sin ser exagerado, fácilmente tenía la fuerza para hacerme daño, tenía que ir con cuidado.
Quedé completamente ofuscada ni en mil años le pediría a él que me trajera a casa, ni aunque fuera el último ser sobre la tierra para mí aún seguía siendo un sospechoso de asesinato, y debía sobrellevarlo con cuidado.
Pasaron unos largos minutos hasta que volví en sí sólo un poco y mis ojos se adaptaron un poco a la oscuridad de mi habitación, los brazos fuertes aún me sostenían, pero podía caminar unos pasos.
Mis rodillas chocaron con mi cama y me recosté en ella, estaba exhausta halé de los brazos que me sostenían, y enredé una de mis piernas en su rodilla haciendo que la flexionara y quedara a horcajadas sobre mí, observé de nuevo el cabello oscuro en mechones abundantes y rebeldes y un olor a colonia embriagador, incontrolables risas volvieron a surgir en mi garganta, quisiera saber que tanto me causaba risa.
—No te vayas aún—Le dije a la persona frente a mí, intenté halar de él cuerpo de nuevo pero se mantuvo firme.
Podría ser Matty aunque podría ser una de las gemelas por ese cabello oscuro, pero parecía más la figura de un hombre, realmente mi mente había expirado y estaba muy cansada para seguir pensándolo.
—Por favor— Rogué.
Se recostó justo a mi lado accediendo a mi petición, pero no tan cerca como para rozarme.
Me acurruqué más entre mis sabanas.
—Matty—Llamé.
Pero no recibí una respuesta.
Espere unos minutos más, pero no pude y lo dije, sólo en este estado podría admitirlo.
—Extraño a Ceres— Dije mientras una lagrima rozaba mi mejilla.
— ¿Quién es Ceres?—Preguntó la voz oscura.
Solté una risa rota—Serás tonto Matty, pues mi madre, que es casi como tu mamá también—Dije sollozando tenía años que no lloraba recordándola, pero hoy no me sentí tan fuerte. A veces era mucha presión para estar tan sola.
— ¿Y dónde está? — ¿En serio? El alcohol le había afectado la memoria.
Evité lo obvio y aún así respondí—Muerta
Otra vez silencio, creí que me daría una de sus típicas charlas de la superación de nuevo, pero ese silencio me reconforto, era el tipo de silencio lleno de empatía, y agradecí por ello no necesitaba más.
—La asesinaron—Terminé por si tampoco lo recordaba.
Más lágrimas rozaron mis mejillas en silencio.
Sentí una mano suave rozar mi pómulo limpiado las lagrimas y acomodar mi cabello.
La temperatura era baja y me encantaba porque incitaban aún más mi sueño, mis parpados pesaban y la mano aún seguía acariciando mi mejilla con su pulgar, facilitándome aún más sueño.
De pronto caí en brazos de Morfeo.
***
La luz solar que se colaba por mi ventana, estaba fastidiando mi sueño, mi cuerpo dolía como mil infiernos, a pesar de la poca luz solar que entraba a mi habitación, la temperatura se mantenía baja, como siempre.
No quería moverme ni un centímetro pero necesitaba ver la hora en mi reloj viejo en mi mesita de noche. Me extrañé al no sentir a la bola de pelos acurrucado en mis piernas como todas las mañanas, seguro Rain se había ido a cazar al patio temprano.
Giré sobre mí misma, y vi en mi reloj que eran a penas las 6:00 am de la mañana.
De inmediato mi mente trajo un montón de imágenes de la noche anterior.
Yo y las gemelas en Capitals Sins.
Bailando con Matty
Matty ebrio.
Las gemelas.
Un par de ojos azul índigo.
Yo jugando billar con Maison.
A partir de ahí las imágenes se volvieron difusas casi inexistente como si hubiera estado imaginándolas, no recordaba todo con exactitud.
Tampoco como había llegado a mi casa, estaba más claro que el agua que me había emborrachado, puesto que no recordaba nada muy bien, a excepción de los shot de tequilas que si sabía que eran los causantes de mí amnesia.
Restregué mi rostro para despertarme un poco, y vi que llevaba puesta mi pijama rosa de seda de dos piezas, no la usaba para dormir en mi casa, sólo cuando hacía pijamadas con las gemelas o con Matty, me resultó extraño.
Mas preguntas surgieron, ¿cómo había llegado a casa?
¿Matty?
Si era así, porque no estaba en mi habitación o al menos se escucharía sonidos en mi cocina si se encontraba cocinando o había decidido irse a su casa luego de dejarme aquí.
¿Y dónde estaban Ángela y Gabriela?