No sin antes advertirme algo que me dejó algo desconcertada.
—Aléjate de Maison Ribery, es un tipo peligroso. —Me advirtió sin siquiera dejarme preguntarle por qué Maison era un tipo peligroso y por qué él sabe quién es y yo no.
Se excusó diciendo que tenía prisa, así que por el momento dejé pasar esto pero aún así le preguntaría luego, no me importa si se molesta.
Como siempre en la entrada me recibió una de la damas de servicio, su nombre es Diana, me pidió que esperara en la sala, estuve al menos diez minutos esperando a las gemelas, la cuales no se hicieron esperar demasiado, ya que vi bajar a ambas súper rápido a la estancia.
— ¡Live! —Exclamaron las dos al unísono, algo típico en ellas.
Hice un pequeño gesto con la mano en modo de saludo.
Estas chicas siempre han sido algo explosivas y directa y no se tardaron en esperar para hacer sus preguntas.
— ¿Dónde diablos te metiste? —Intervino Angela, su cabello amarrado en una coleta de caballo se movía de un lado a otro con cada movimiento de su rostro.
—Nos diste un susto de muerte, cuando nos dijeron que había una chica en el baño muerta y que antes de ello Angela te había visto ir al baño, nos asustamos como nunca, pensábamos que eras tú, Live.
—Estuve buscándolas por todo el lugar pero no las encontré, el oficial Clarck me interrogó por lo tanto no pude seguir buscándolas. — Dije
—Matthew nos avisó en cuanto llegamos a nuestra casa, estuvimos muy preocupadas ¿Es cierto que viste a Alexa en el baño? —Exclamó Angela con tono preocupado en su voz, me sentí mal por no haberlas llamado antes, la angustia era clara en sus rostros.
Luego de contarle los hecho a las gemelas, omitiendo la escena donde encontré a Maison ambas lucieron deslumbradas por lo que les conté, estaban igual de inquietas que yo, una chica de nuestro instituto que pude haber sido alguna de nosotras murió a manos de un criminal, que ahora se encontraba suelto, sin saber cuál será su próxima víctima.
Pasamos el resto de la tarde hablando sobre temas triviales.
— ¿Conocen a un tal Maison Ribery? —Las gemelas se miraron una a la otra, como si escondieran algo.
Fue Ángela quien rompió el hielo —Es nuevo en el instituto y en el pueblo, invité a uno de los chicos con quién de vez en cuando los he visto hablar, supongo que ese chico lo invitó ¡Está guapísimo! Tiene ese aire maquiavélico, peligroso y misterioso que lo rodea todo el tiempo, es perfecto —Soltó un suspiro como el de las caricaturas cuando están enamoradas.
No dudé en rodar mis ojos, que fastidio, su solo atractivo hacía olvidar a las personas sus verdaderas intenciones.
— ¿Lo conociste, Olivia? —Preguntó Gabriela con ojos inquisidores estrechándolos un poco con una burlona.
Puse mi mejor cara “no me importa” y respondí.
—No, solo curiosidad —Para mi suerte tocaron el timbre de la entrada, eran los padres de las gemelas; evitando cualquier otra pregunta que hubieran hecho hacia mí intentando averiguar algo como por ejemplo si conseguí su número telefónico o algo así.
El resto de la tarde continuó burlándonos de Gabriela por su amor platónico hacia Henry Cavill. Luego de despedirme de ambas emprendí mi camino a casa.
Preferí caminar por estar tan sumida en mis pensamientos tomé la calle equivocada, era una calle peligrosa, tengo que encontrar la salida, si no tarde o temprano me asaltaran.
El sol se estaba poniendo, el crepúsculo acentuándose, pase unos que otros baches en las aceras, estaban algo deterioradas supuse que es una de las urbanizaciones más pobres de Coral Blue.
Pase por una esquina, donde una anciana me intentó ofrecer un polvo muy parecido a la cocaína, asegurando que era algo nuevo y novedoso que había salido en el mercado, me negué terminantemente y seguí mi camino para poder salir de este lugar.
Caminé y caminé y no lograba encontrar la salida, no me atreví a preguntarle a ninguna persona ya que o me miraba con cara de odio, intentaban sobre pasarse, o intentaban venderme drogas, así que decidí buscar la salida por mi propia cuenta.
La oscuridad se hizo más densa, era imposible ver con claridad la calles puesto que el alumbrado público estaba defectuoso, me encontré parada justo frente a un callejón donde había una gran aglomeración de personas, a las cuales no les importaba chocar con alguien, la combinación del olor de alcohol, drogas y sudor de personas era asqueroso y mi nariz lo repudiaba, choqué con una chica que estaba ebria y fuera de sus cinco sentidos, terminé siendo empujada por la ola de gentío casi en efecto dominó, haciendo que me adentrara a una especie de club, lo primero que pude observar fue un letrero de luces de neón donde se leía el nombre del mismo “Ocaso”
También el fondo había un extenso escenario donde había una banda tocando su música, era una banda principiante no se notaba que fuera tan experimentada pero aún así sus canciones son algo pegadizas. Las personas que se encuentran alrededor del escenario bailando se diferenciaban entre personas tatuadas con piercings y unos que otros estilos alocados, la mayoría de las chica lanzaban sus brasieres a la banda en cuestión, mientras que otras destacaban sus piernas con media de red y faldas ajustadas e incluso noté algunas sin nada puesto en la zona del torso, este es el segundo lugar donde me he sentido más fuera de la lugar en mi vida.
Estaba tan sumida en mi observación del pandemónium, que no noté el momento en que choqué con un tipo alto y fornido con una gran cicatriz en su rostro que iba desde la punta de su ceja hasta la comisura de sus labios, me miraba molesto con los ojos inyectados de sangre, no parecía estar para nada sobrio, el trago se había derramado en mi y parte de su camiseta, un gruñido de su parte me hizo pensar que estaba furioso.
Me tomó del cuello de mi blusa, me tensé en el momento en que me acercó a su cuerpo, intenté apartarme con todas mi fuerzas pataleando pero el tipo era mucho más fuerte y grande que yo.
El tipo gritó y gruñó en mi cara, mientras que yo temía por mi vida, este tipo tiene la apariencia de hacer lo que sea, incluso algo ilegal.
— ¡Lavarás mi camisa! —Exclamo con voz gruesa y delirante.
Intenté zafarme de su agarre sin éxito intente propiciar un golpe en su entrepierna, el cual notó de inmediatamente mis intenciones haciendo más fuerte el agarre mi blusa, comenzó a arrastrarme a una de las puerta que conducían a un lugar oscuro.
Resultó ser un pasillo oscuro( estaba empezando a odiar los pasillos), donde se encontraba una gran hilera de puertas de donde provenían sonidos erráticos y entre cortados, eso encendió todas la alarmas en mí, el corazón me empezó a palpitar de una manera estridente y acelerada, mi manos comenzaron a sudar, mi vista se dilató.
Intenté arañarlo, morderlo, partearlo, gritar pero todo estos intentos fueron en vano aunque haya utilizado toda mi fuerza posible toda la que había acumulada en mi sistema pero nada lograba para que este hombre me soltara.
Con las pocas fuerzas que me quedaban aún seguía intentado zafarme pero era imposible.
Me proporcionó un golpe en mi mejilla, me ardió como el diablo y sentí el sabor metálico en mi boca, sangre.
El tipo de una patada abrió una de las puertas para tirarme dentro de ella, caí en seco al suelo estaba en completa oscuridad. Así que sentí el borde de una cama en mi espalda y por impulso me escabullí debajo de ella, con la esperanza de que este tipo estuviese lo suficientemente borracho como para creer caí sobre la cama.
Mis nervios estaban a flor de piel, mi respiración errática trate de calmar para no hacer tanto ruido y que me descubriese. Aproveche el momento exacto en que el hombre se tiro sobre la cama.
—Esta noche te haré mía, pequeña zorra, pagarás mi camiseta —Dijo arrastrando las palabras en su tono ebrio.
Aproveché que su cuerpo ya se encontraba encima de la cama para arrastrarme fuera de ella. El tipo asomo su rostro en una de las orillas de la cama, encontrándonos frente a frente.
— ¡Maldita! —Gruñó.
Me levante lo más rápido posible fui directamente hacia la perilla de la puerta salí y la cerré de un portazo.
Tenía todas mis fuerzas para correr lejos de aquí, no importa en qué dirección pero lejos cuando choqué con un cuerpo duro que me lo impidió.
Quedé algo aturdida por la fuerza del golpe cuando de repente sentí dos grandes manos en mis hombros.