Me recosté en la gran cama queensize de Matty, observé los grandes ventanales y paredes en tonalidades azuladas y grises las cortinas estaban recogidas dejando entrar la escasa luz del balcón, todo estaba perfectamente acomodado, tenía la sospecha que quizás Matty era un perfeccionista.
Esperé unos minutos, estuve casi a punto de quedarme dormida cuando escuché la puerta abrirse.
—Mis apuntes están en el escritorio—Dijo quitándose la camiseta y tirándola en el cesto de ropa sucia.
—Gracias
Me fui directo al escritorio, cerca de su laptop, estaban enmarcadas dos fotos nuestras dónde en una aparecíamos yo de 8 y Matty de 10 años, una Olivia desgarbada y sin dientes frontales con el cabello honguito, en la siguiente era una fotografía más actual de ambos en Daily Breakfast, cuando Matty acababa de cumplir sus veinte años.
—Awww eres un sentimental, no sabía que las habías enmarcado—Dije burlándome de él, tomando los apuntes.
Matty bufó colocándose una camiseta gris.
—Tengo un buen tiempo con esas fotos en mi escritorio—Se recostó de nuevo en su cama boca arriba—Pero como eres tan distraída—Dijo bajando su tono de voz.
—Sí, lo sé—Me recosté junto a Matty.
— Sabes, Nicole me invitó al parque de diversiones este fin de semana— Anunció.
— ¿Y su novio?
Me ofreció una sonrisa maliciosa.
— Tercero en discordia— Dijimos al unísono.
Los dos comenzamos a carcajearnos al mismo tiempo, manera pasamos un rato de esta.
— ¿Al final iras con ella? —Pregunté.
—No, si voy con ella sería un compromiso, en realidad no quiero tener nada serio con Nicole, tú sabes muy bien como soy —Dijo Matty rodando sus ojos.
—Sin compromiso —Terminé mirando a el tejado.
— ¿Tú irás?—Preguntó él de vuelta.
Recordé la apuesta que hice con Maison pero de ninguna manera iría con el así que no, no iré.
—No, realmente no estoy de ánimos para ir —Dije sin darle mucha importancia.
— ¿Quieres ir conmigo? —Preguntó.
— ¿Contigo y las gemelas?
—Creo que las gemelas ya tienen citas para ese día, me refiero a tú y yo sin las gemelas, quiero montarme en la nueva atracción que abrirán —Explicó. —Prometo que la pasaremos muy bien —Dijo emocionado por la idea.
—Realmente no estoy de ánimos para ir al parque de atracciones, creo que prefiero quedarme en casa, además Robert llegará tarde y debo estar en casa. —Expliqué algo incomoda por el hecho de que mi paz momentánea se acabaría en el momento en que Robert pisara la casa.
—Está bien, entiendo, ese día estarás ocupada. — Dijo sin darle mucha importancia.
Nos quedamos por un rato en silencio.
Hasta que Matty soltó un suspiro cansino.
—Necesito llenar mi tanque—Comencé— Robert lo necesitará y no tengo ni una gota de reserva.
—Creo que papá tiene un poco de su reserva, podría servirte—Ofreció.
—Eso sería genial, prometo devolvértela.
—Tranquila, yo puedo reponerla.
Era una verdad a medias si Robert llegaba y encontraba el auto sin una gota de gasolina se volvería un ogro.
Y la otra razón era que necesitaba llenar mi tanque para ir esta noche a el Ocaso y con suerte conseguir pistas e información sobre Alexa y si existía alguna relación con Maison, y M.
Aún así no seguía sin dejar de carcomerme el hecho de que le estaba mintiendo a mi mejor amigo pero lo hacía porque lo amaba es mi hermano. Y estoy segura que él haría lo mismo en mi posición.
— ¿Matty? —Llamé.
— ¿Si?
Se notaba somnoliento, noté sombras oscuras bajos sus ojos, seguro estaba cansando del trabajo y la universidad su padre trabajaba hasta altas horas de las noches, y hasta ahora me percaté de su cansancio.
— ¿Qué estarías dispuesto hacer por amor?
—El amor entra en muchos contextos—Manifestó—Podría ser el amor hacía tus padres, tus amigos, mascotas o tu pareja.
—Sigue siendo amor—Asintió concordando conmigo.
—Pero en diferentes contextos, No podría amar a mi perro de la misma forma que amo a mi madre.
—Aunque muchas veces realmente suele ser algo subjetivo—Siguió— cada quien siente y manifiesta de manera distinta, para lo que un psicópata interpreta como amor, es sólo una obsesión, lo mismo sucede con el pedófilo, Si me preguntas diría que realmente no existe una forma correcta de amar, pero bueno ahí estaríamos hablando de ética. ¿Quién puede asegurar que lo que siente el psicópata está mal?
— ¿Nadie? — Pregunté.
—Podría ser —Afirmo— Nada está bien o mal es cuestión de percepción.
— ¿Entonces a qué amor te refieres? —Volviendo al tema principal preguntó.
—Amigos.
—Si lo preguntas por ti, sabes exactamente que estaría dispuesto a todo, jamás dejaría que alguien te hiciese daño ni te colocara un dedo encima, sabes que te amo a mi manera.
—De verdad eres el mejor amigo del mundo—Dije depositando un pequeño beso en su frente.
Sonrió efusivo y se mantuvo en silencio.
Ahora más que nunca estaba segura que no permitiría que le hicieran daño a Matty, si tendría que alejarlo de todo esto lo haría.
Así pasaron unas horas, logramos descansar un buen rato, hasta que llegó la madre de Matty, no excusamos directo hacia el garaje para sacar a escondidas un par de bidones y llevarlo a su auto.
La señora Grant me invitó a cenar, pero me negué con la excusa que debía ir a casa hacer mi tarea de física.
Pero en realidad estaba ahorrando tiempo para planear mi salida detectivesca de esta noche.
Terminamos de llenar los bidones ahora sólo debía eludir a Matty.
Me senté en mi mesita en mi habitación y encendí mi laptop fingiendo hacer mi tarea.
— ¿Cuándo harás que ese gato haga ejercicio? —Dijo señalando a Rain en mi regazo jugando con mi cabello.
—Rain no está gordo sólo llenito de amor—Dije besándole la panza, escuché su lindo ronroneo— ¿Verdad mi bebé?
Matty bufó y se sentó en mi cómoda.
—Consientes mucho a ese gato.
—Lo sé—Dije besando la coronilla de Rain.
—No lo beses—Dijo asqueado.
No pude evitar reírme.
Su celular sonó incesante y contestó.
Mientras yo fingía hacer mi tarea, se dirigió al balcón de manera que no pude escuchar su conversación quizás era Melany, o Nicole o cualquier otra chica, ahora que lo pienso era un mujeriego, me reí para mis adentros.
De momento lo vi entrar de nuevo a mi habitación.
—Debo irme, me necesitan en el muelle.
—Está bien, no hay problema.
Me observó dudoso.
—No quisiera dejarte sola, pero el deber llama.
—No hay problema—Insistí.
—No creo que vuelva más tarde—Dijo, parecía afligido — Bueno no lo sé, posiblemente no, llama si necesitas que te busque por la mañana— Terminó.
Se acercó para depositar un beso en mi corona revolviendo mi cabello.
— ¡No hagas eso Mathew! —Dije molesta.
Se despidió enviando un beso dramático en el aire, entorné mis ojos y me despedí del rubio.
Fui a mi balcón, y vi partir a Matty en su Auto, se perdió entre el tumulto de arboles en el camino solitario.
Masajee mi sien pensando.
Rain se escabulló entre mis pies.
Ahora sólo debía planear mi plan, Massimo había dicho que podría entrar cuando quisiese a La Estancia con solo mencionar su nombre.
Pero de ninguna manera iría directo a la boca del lobo a decir que iba de parte de Massimo Ribery, y alertarlo de mi presencia.
Sólo debía escabullirme de alguna forma, en Ocaso no sería tan difícil puesto que por lo que pude presenciar la mayoría de personas que vivían en esa zona entraban sin una invitación, ahora La Estancia, debía encontrar la en forma de entrar, pero eso lo dejaría para el momento, si no funcionaba aún podría averiguar algo en el Ocaso.
Suspiré y solté una risa baja y amarga.
De verdad que era terca.
Me dirigí a mi cuarto de baño a darme una merecida ducha.
Recordé de momento a Alexa y las veces que compartimos en clases jamás me dio la impresión de ser una chica atormentada como se describía en su diario, tampoco ni una vez mencionó alguna persona que le atrajera, siempre me dio la impresión de ser una chica sencilla, estudiosa y atractiva, parecía tener una vida normal.
Me sentí mal por ella y todo lo que vivió durante su amor con “M” ese amor tan tóxico que parecía consumirla en llamas, parecía doloroso y desgastante. Me sentí culpable por no haberme hecho algo más cercana a ella, quizás si lo hubiera hecho las cosas hubiesen tenido otro final, pero la realidad es que no puedes cambiar el pasado, sólo puedes afrontarlo y superarlo porque olvidarlo jamás podrías.
En este punto sólo quería justicia para ella.
Sabía a la perfección como era sentirse impotente, así que entendía a sus padres.
No era de usar vestidos muy a menudo, así que para ir a Ocaso, opté por un jean ajustado blanco de un corte alto, y un suéter vinotinto, era casual perfecto para ocaso, quizás no me mezclaría mucho con las personas de allí, pero si podría pasar por alto.
Usé un poco de maquillaje sin ser demasiado pero de manera que al menos no me reconocieran de inmediato, y solté mi cabello liso y oscuro que la mayoría del tiempo usaba en coletas, llegaba hasta mi cintura.
En mis gavetas encontré unos viejos lentes, sin aumento en sus cristales, podría usarlos.
Me observé en el espejo, y si fuera otra persona me tomaría varios minutos para reconocerme.
Pero aún así faltaba algo, así que fui directo a la habitación de mis padres no entraba nunca allí por voluntad propia, me recordaba mucho a mi madre así que lo evitaba a toda costa.
Entre un viejo baúl que era de mi madre, encontré los viejos disfraces que solía usar para mis fiestas pasadas de cumpleaños, intenté no detenerme a pensarlo mucho así que tomé la primera peluca que encontré y salí de inmediato de la fría habitación.
Era una peluca de cabello muy largo como el mío pero de un rojo oscuro, la misma que había usado el día de mi cumpleaños, con mi disfraz de Jessica Rabbit.
Recogí mi cabello y me la ajusté a mi cabeza.
Era perfecta no parecía ser yo, ahora era una pelirroja sexy, me reí para mis adentros.
Fui directo a elevar mi colchón para buscar el Diario de Alexa.
Pero el diario no estaba comencé a desespérame y busque en las otras esquinas revolviendo todo, no estaba, busque en otros lugares de mi habitación pero tampoco lo hallaba.
Estaba completamente segura que lo dejé en el lugar bajo la cama, sin el Diario estaba perdida, contenía datos que me lograrían servir y ahora lo había perdido, pero yo jamás pierdo algo así por así.
Alguien tuvo que sacarlo.
Y la única persona de quien sospechaba se trataba de Maison, pues quien más quisiera que yo no tuviera en mis manos ese diario, porque podría atribuirlo para las pistas.
Estaba cabreada, seguro su hermano, le dijo que yo estaba escabulléndome en la casa de Alexa y tomo como excusa el traerme a mi casa sólo para robar el diario, o quizás ese siempre fue su plan atraerme en Capitals Sins emborracharme y así poder entrar en mi casa. Qué tonta había sido.
Cómo sea no podría provocarlo ahora, porque si me estaba equivocando y él no lo tenía, y estaba perdido en el desorden de mi habitación
Sería alertarlo, entonces hasta que no estuviese segura que no lo tenía conmigo no podría enfrentarlo, así que luego lo buscaría con más calma.
Pero no desaparecía el hecho de que estaba echando chispa, ¿cómo pude ser tan descuidada?
Suspiré afligida.
Y bajé directo al garaje a encender el fiat no sin antes revisar los seguros de cada ventana y cerrar todas las puertas de mi casa.
***
Estacioné mi viejo Fiat unas cuadras lejos de la calle dónde se encontraba Ocaso, en una calle solitaria.
Acomodé mi cabello postizo, y subí la capucha de mi suéter, traté de mantener firmes y confiados mis pasos, para no parecer tan fuera de lugar. En estas calles peligrosas debía ser cautelosa y estar atenta ante cualquier movimiento brusco.
Para mi propia tranquilidad había traído una pequeña daga de mi padre, en la cinturilla de mi pantalón.
Caminé aún más rápido cuando comencé a distinguir a muchas personas que entraban y salían de ciertos lugares específicos, las calles olían a basura, era un olor fétido repugnante.
Observé unos cuantos edificios que me resultaron familiares hasta que me encontré parada justo frente al callejón, por el que me había perdido aquel día.
Me adentré en el callejón, y llegué justo en la entrada del Ocaso, parecía ser oculta, como si fuera un trasfondo de lo que en realidad era, una entrada hacían un club de perdición.
Esta noche las personas no se encontraban tan aglomeradas como aquel día pero sí ebrias y bulliciosos alrededor. La música era ahogada por las paredes, tan sólo se escuchaba un fuerte bajo.
Esperaba encontrarme algún centinela cuidando la entrada, pero ni siquiera se inmutó en el momento que entré.
Bajé mi capucha y relajé mis músculos, tenía que actuar como si de verdad perteneciera a este lugar, como si nada me perturbara.
Tomé confianza y entré al Ocaso.
Pude detallarlo aún mejor y noté que su clientela en la mayoría eran chicos jóvenes quizás algunos adolescentes con identificación falsas.
El lugar era aún más grande de lo que recordaba, estaba rezando para no encontrarme con Rett el tipo que intento ultrajarme.
Una banda de rock tocaba al fondo y vi grandes bares con licores de todo tipo, las luces de neón revoloteaban en todo los lugares entre colores azul y verde.
Las personas bailaban en la pista de baile, no se notaba tan desagradable como el primer día que estuve acá ¿Por qué nunca había escuchado de Ocaso? Tal vez porque era clandestino.
Aunque el ambiente de hoy era algo agradable no debía de fiarme de las personas en este lugar, no inspiraban ni un poco de confianza, creí que si me descuidaba tan solo un poco podría perder alguno de mis órganos en abrir y cerrar de ojos.
Fui directo hacia uno de los bares, traté de calmar mis nervios y cambiar mi postura a una más relajada.
Acomodé mi escoté con un poco de descaro cruzando mis piernas, de inmediato el Barman se acercó un chico Rubio, alto, con el cabello algo desaliñado de unos veinte años quizás.
— ¿Puedo servirte algo? —Ofreció coqueto con una sonrisa estampadas en sus labios.
Observé el letrero de luces de neón donde se leían las diferentes bebidas que ofrecían esta noche.
Simulé leer— ¿Qué me recomendarías tú—Pregunté con mi mejor tono de voz, batiendo mis pestañas como había visto hacer a Gabriela.
—Explosión de éxtasis—Sonrió con picardía.
Esto estaba siendo demasiado fácil.
Sonreí de manera atractiva—Me encantaría.
El chico se giró con una sonrisa triunfante en sus labios, rodé mis ojos en fastidio, de ninguna manera iba a probar esa bebida.
Esta noche tenía que mantenerme sobria.
Mientras el chico preparaba mi bebida.
Barrí con mi mirada sobre todo el club, no sucedía nada fuera de lugar, además de unas cuantas parejas a punto de tener sexo en la pista de baile y personas apunto de vomitar sobre otras, u otras simplemente con los ojos inyectados en sangre mirando hacía el vació.
Reuní todas mis fuerzas para sentir a gusto con este ambiente y que no se me notará la incomodidad que salía a borbotones.
El chico Rubio colocó mi bebida frente a mí era de un tono verde eléctrico hasta parecía hacer juego con el lugar, con trozos de limón, y lo que me pareció ver como refresco.
El se cruzó de brazos sobre la barra.
— ¿No tienes que seguir trabajando? —Curioseé.
—Tengo treinta minutos de descanso—Dijo deshaciéndose de su delantal n***o.
Asentí con una sonrisa juguetona—Genial.
— ¿Y cuál es tu nombre?
—Molly—Respondí de inmediato— ¿Y tú?
—Jason—Dijo apoyando su barbilla en una mano.
—Necesito tu ayuda Jason—Dije rozando mi mano con su antebrazo en una caricia sutil.
—Soy bueno para muchas cosas ¿Específicamente que clase de ayuda necesitas? —Sonrió ladino.
—Oh.. —Solté una risa aguda— Estoy de paso en el pueblo, y estoy buscando a una chica llamada Alexa, me dijeron que frecuenta mucho este club.
El chico puso cara rara, pero de inmediato volvió esa sonrisa.
— ¿Te refieres a Alexa Wilson?
—Ella misma—Dije ansiosa.
—La conocí como Zafiro—Explicó, al notar mi ceño fruncido, respondió—La mayoría de las personas acá usan seudónimos.
Asentí.
—Dijiste que la conociste—Insistí.
—Sí—Decía mientras encendía un cigarrillo, mientras le daba una calada—fue asesinada hace unas semanas.
—No lo sabía—Mentí—sabes de alguien a quien pueda contactar, ¿algún familiar? ¿Novio? Necesito unos productos que ella debió haberme entregado hace semanas.
—Es innegable que nunca has estado aquí ¿cierto?
Dijo riendo por lo bajo.
Alcé una de mis cejas en espera de su repuesta.
Frunció lo labios—No sabemos nada de nadie en este lugar al menos acá en Ocaso, por ellos los seudónimos, me acabé de enterar que se llamaba Alexa luego de que la asesinarán y se volviera noticia en el pueblo—Explicó algo fastidiado.
Me arrimé a la barra acomodando descaradamente mi escote, su vista se fue directa a ese lugar. Hice un pequeño mohín de frustración.
Jason me observó detenidamente en los labios.
—Solía estar con un chico que se hace llamar Pantera.
Pantera, P no M.
— ¿Sabes su verdadero nombre? —Pregunté.
—No— Respondió cortante—No creo que lo encuentres por acá desde que murió Alexa no se volvió asomar por el Ocaso.
Asentí pensativa.
No me servía de nada, pero al menos tenía una pista, sólo debía encontrar a Pantera, podría ser Maison usando un seudónimo.
Una chica en el extremo de la barra le informó a Jason que debía volver al trabajo, y él ya se encontraba un poco cohibido a seguir respondiendo mis preguntas.
Tampoco debía levantar sospechas así que pagué mi bebida y me fui de la barra a recorrer el lugar.
Caminé entre el mar de personas que oscilaban y se sacudían en todas las direcciones al ritmo de la banda de rock.
Observé una entrada dónde se encontraban dos hombres, de inmediato los reconocí de la otra noche, resguardaban la entrada a “La Estancia” Esta vez mi vista notó algo nuevo, que no estaba allí antes, dos puertas de cristal que se abrían automáticamente cada vez que uno de los hombres presionaban un botón en la pared dónde sólo se observaban dos gruesas cortinas de un azul cobalto, así no podía ver nada allá dentro, de esa manera me haría muy difícil entrar.
Seguí transitando alrededor de las personas tratando de encontrar otra entrada hacia La Estancia, pero luego de unos minutos descubrí que esa era la única entrada y la segunda era por dónde había entrado a Ocaso que daba justo al callejón a la calle.
Decidí probar sólo un sorbo la bebida que me había servido el chico, era una delicia, en cuanto la bebida chocaba con tu lengua querías más y más, pero esta noche me había prometido agudizar mis sentidos, así que vacié mí bebida en un bote de basura cercano.
Dejé caer el bazo y me recosté en una de las paredes para crear una táctica para lograr ingresar a La Estancia. Mi pecho retumbaba de forma molesta por los bajos alrededor del lugar.
Alcé mi mirada y no creí lo que vi en el momento que mi vista se dirigió hacia la entrada a Ocaso.