― ¿Tiemblas? ― Su mano derecha se movía y la tomé ― No lo hagas o lo haré también. ― Lo siento, es qué no… ― Su voz sonaba ofuscada, como si el enojo le cambiara la afinidad en las cuerdas vocales. ― Mi amor, es normal qué te sientas molesto. ― Me acerqué para besarlo en los labios. Esperábamos a las afueras de una tienda de ropa, Marcela había entrado en ella y eso nos dió tiempo para detener el auto y respirar un poco. A mi, me ayudó a calmar la mente, esperar a qué mi lado racional tomara el control. A Mateo, por el contrario, le llenó aún más de rabia y eso se notaba en sus expresiones faciales. ― Tarda demasiado ― Refunfuñó. ― No lo hace, amor, es solo qué la espera nos aumenta la ansiedad. ― Voy a decirle tantas cosas… Lo haré. Tomé su mano de nuevo y le apreté un

