— ¿Nada? — No Tany. Ni en la obra, ni en la oficina y ya no sé donde llamarlo. — Es que no lo entiendo Andrea. ¿Cómo se desaparece de esa manera?... Es un irresponsable — Grité — Necesitas respirar. Esa rabia te hará daño. — ¿Papá? — No ha llegado amiga, tranquila. — Quiero llorar hasta que desaparezca el dolor. — Confesé con lágrimas brotando de mis ojos. — Hazlo amiga, necesitas drenar la rabia. Quería llorar, gritar y patalear. Pero solo salían un par de lágrimas y por más que quisiera forzarme a liberar, solo conseguí sollozar un poco y un tremendo ardor en los ojos. — ¿Quieres algo de cenar? — No, no me apetece nada. — ¿Sigues vomitando? — Solo en las mañanas. — Me quedé pensando en su sentencia y recordé un dato importante — Él dijo que nos veíamos en dos días.

