― ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ― Golpeo en repetidas ocasiones la pared de la oficina mientras trato de desahogar la furia que me domina. Mateo no me miraba, solo permanecía sentado en la mesa de reuniones mi entras Marcela hablaba por teléfono en el pasillo. Ese espacio de privacidad me dio infinitas ideas para procesar lo que estaba pasando. ― ¡¿Lo sabías?! ― Sentencié enojada. ― ¡No! ― Él también estaba irritado ― ¿Cómo crees eso mi arquitecta? ― No es momento de tu coquetería. Debemos pensar en algo. ― Esta bien y te agradezco por tomarlo de esta manera. Pero ¿Qué hacer de qué? ― ¿No ves más allá de lo que está pasado? ― Me acerqué a él para besarlo cuando noté de reojo que Marcela estaba por entrar a la oficina ― Somos una familia, mi amor ― Mencioné un poco alto. ― Estaremos j

