Despierto más temprano de lo usual, aunque no tanto como para llegar a tiempo a la oficina y que el día no terminé a la media noche. Salgo de la ducha y las nenas ya están comiendo con la niñera. Siempre que algo así pasa, que el tiempo no me da para sentarme a amamantarlas, un sentimiento de culpa me remueve el alma y la figura de una mala madre me persigue la conciencia. El problema es que, con la renuncia de la ingeniera, la ex de Mateo, y toda la obra sobre entrega final, debo salir todo el día de casa para avanzar y entregar a tiempo. Yo respondo ante una directiva que, me exige resultados y siempre he sido profesional y responsable. Por ahora, el sentimiento de mala madre, tendrá que desvanecerse a un lado para dejarme actuar como la excelente profesional que soy. ― Buenos días ―

