Volvió a dar besos chiquitos en mi cuello y una de sus manos recorrió mi cabello. Nunca nadie me había tocado el cabello desde que era niña. Causaba cientos de sensaciones inexplicables en mí, tener su cuerpo tan cerca del mío me quitaba el aliento. Con esa misma mano me tomó de la nuca y me apretó fuerte contra sus labios, al principio de manera tímida, al igual que yo. Sacó su lengua y entendí que quería la mía, se la ofrecí y el choque en nuestro interior produjo una descarga que hizo que me alejara de un tirón, abriendo la boca intentando tomar bocanadas de aire, el cual se había espesado en ese espacio tan pequeño. Nos miramos por unos segundos que parecían eternos en los que olvidé el contexto en el que estábamos, sus ojos parecían el azul del fondo del océano, permaneció en silencio

