Danna Llegamos a un portón grandísimo, casi tan grande como el que cercaba nuestra aldea del resto del mundo. Jason se acercó con el auto a un aparato que estaba en un costado, lo miró e inmediatamente se abrieron de par en par para darnos paso. Me sorprendí de la tecnología que allí había. Nuestro portón estaba siempre vigilado por los hombres de Weber y ellos mismos lo abrían o cerraban. Nos conocíamos todos así que no hacía falta ni siquiera que preguntaran nuestro nombre para que nos dejaran salir o entrar. El camino que llevaba hacia la casa estaba bordeado por unos árboles enanos plantados en perfecta armonía a la misma distancia uno del otro. Todo era bellísimo, no imaginé que la casa de la familia de Jason fuera tan grande pues nunca comentó que tenían dinero. Pensé que él se sos

