“Castigos”

1230 Palabras
Maddie Vi como dormía y me acerqué a tomarla de la mano. Lentamente abrió los ojos y me sonrió. –¿Estoy en el cielo? – preguntó con la voz ronca. –Creo que, en estos momentos, todos queremos estar en el cielo. Jasmine río –¿Por qué lo dices? ¿Nos invadieron los zombis? ¿Rompieron algo? –Creo que vamos por lo segundo. –¿Han roto algo? – preguntó sorprendida y con ganas de reír. –Unas cuantas reglas– soltó una dulce carcajada y puso ambas manos sobre su abdomen. –¿Cuáles? –No hacer fiestas y no beber. –Vaya, sí que se han divertido en mi ausencia. –No creo que sea divertido. En unos minutos debo estar en el auditorio. –Les deseo suerte. ¡Yo seguiré durmiendo! La miré con dulzura, a Jasmine le hacía daño tomar leche demás y digamos que, en los últimos días ha estado tomando mucho de eso. Dijo que no le haría nada, hasta que cayó mal. –¿Cómo estás? – pregunté examinándola y dejándome de bromas. –Estoy bien Madd, solo espero el permiso de nuestro tutor y voy con ustedes de nuevo. –Te haces extrañar y…– me detuve en media oración porque se escuchó la voz de nuestra maestra de historia por el micrófono. –En cinco minutos comenzamos y les conviene estar aquí y no ir a por ustedes– fue su anuncio. –Vaya, sí que es de temer, mejor ve y luego me cuentas que tal. –Sí, será lo mejor– le di la razón a la vez que me inclino y deposito un beso en su mejilla. –Por cierto, ¿de quién es la chaqueta? – preguntó mirando mis manos– ¿De Ethan? Reí y empecé a retroceder. –De Carter– dije y me apresuré en salir. –¡Oh maldita, tienes que contarme! – la escuché gritar. Bajé del espacio donde es la biblioteca y la enfermería y llegué al comedor. Ahí había unos cuantos estudiantes con cara de pocos amigos. No me detuve a comer y fui directa al auditorio. Busqué un lugar entre las gradas, alejada de todos. Los tutores estaban en el escenario conversando mientras los demás lleguen del todo. Abrí mi móvil y leí el último mensaje de Ethan. Ethan: ¿Estás ahí? Yo sigo durmiendo, que se jodan todos y tú también 😭. Volví a reír al leerlo y ver el emoticón que había enviado. Maddie: ¡¡¡Ya estoy aquí, mueve tu pequeño trasero y ven!!! Ethan: ¿Disculpa? Mi trasero será de todo, menos pequeño. ¡¡Ese es el tuyo!! Abrí mi boca ofendida. Maddie: ¡Estúpido! Ethan: ¡JA! ¡Te dolió! ¡Así me dolió que me hayas dejado anoche! Maddie: ¡Ya te pedí perdón! Ethan: … Suspiré esperando su mensaje. Nada. ¿Tanto demoraba? Al ver que no escribía ni enviaba nada opté por apagar mi celular. Sorpresa grande fue la mía al darme cuenta que muchas de las miradas estaban en mí. Fruncí mi ceño. Hasta que decidí mirar a mi izquierda. Ah, ahora comprendía. Carter. Tenía la vista puesta en el auditorio, sin mirar a otra parte. Iba vestido con su uniforme de entrenar. Todo lo que tenía puesto le quedaba bien y estaba reluciente. A comparación de los demás. Quienes estaban con cara de sueño y resaca. Y es que solo a ellos se les ocurre hacer una fiesta un lunes por la noche. –Ten– dije tendiéndole su chaqueta. Por primera vez en el día me miró y bajó la mirada hasta mis manos. –No es mío– respondió a secas. –¿Cómo? –¿En serio no entiendes? No es mía. –Ya te entendí. ¿entonces de quién es? – pregunté examinando el pedazo de tela esta. –De Murphy– giré bruscamente hacía él. –¿Lo dices en serio? Asintió. –Ah, vale, pues me lo hubieras dicho antes. –Creí que reconocías sus cosas. –Y lo hago. Pero anoche todo fue muy rápido. –Como digas. Sentí lo agrio de sus palabras y fue incomodo y doloroso. –¿Por qué estás molesto? – pregunté usando el mismo tono de voz que él usaba conmigo. –Me darán una amonestación. ¿Debo estar feliz? –No, me refiero a mí. ¿Por qué estás molesto conmigo’ –¿Molesto contigo? ¿Qué te hace creer que lo estoy? –Tu actitud. –No te creas especial. Mi actitud es igual con todos. Asentí, a la vez que remojaba mis labios. –Vale, no me creo especial entonces. No supe si tuvo la intención de responderme o no. Pero los tutores empezaron a hablar. Primero nos llamaron la atención, diciendo lo irresponsables que fuimos y claro, no hubo alguien que se haya quedado callado. Los atacaron con la pregunta de: ¿Qué hacen ellos saliendo del campamento de noche? A lo que nos respondieron sin titubear. Nos castigaron a todos. En resumen, el castigo fue el siguiente: nos agruparan y haremos aseo, cocinaremos, limpiaremos y demás. Ese sería nuestro castigo. Trabajar para el bien del campamento. Uno por uno fue bajando hasta llegar al escenario a recoger sus amonestaciones y elegir sus puestos. Yo me mantuve esperando. –¿También te amonestaran? No te encontraron en la piscina– dije. Él asintió– ¿Habías bebido? – negó sin mirarme. –Fumé– respondió y se levantó para ir a recoger su amonestación. Reí ante su respuesta. Después de lo que me contó anoche, sé que no puede fumar. Así que, me levanté y fui tras él. Ambos nos detuvimos ante nuestros tutores. –Aquí tienen, esperamos que no se repita– nos dijo la maestra. Ambos recibimos nuestros papeles y leímos. AMONESTACIÓN-BLUTER SCHOOL NOMBRE: Maddie Josephine Higgins Foster CAUSA: Infringir las normas (fiestas) CASTIGO: Bien social en el campamento Serendipia, donde estarán ayudando en las diversas labores. –Ahora elijan sus puestos– nos ordenó. Examiné la lista. Quedaban la cocina, baños y caballería. –Cocina– dije. La profesora asintió. –¿Y tú, Carter? – preguntó el profesor de educación s****l. –Lo mismo que ella. –Muy bien ¿Qué horario eligen? Mordí mi labio inferior y pensé. Desayuno, no, muy temprano. Almuerzo, menos, mucho calor. Cena, sí, más tranquilo. –Cena– respondimos ambos a lo que nuestros profesores rieron y luego asintieron anotando nuestros nombres. –En la cena será entonces. Comienzan mañana. Asentimos y nos giramos a la vez. Era extraño notar como por primera vez eras el centro de atención de tus compañeros. Claro todo se debe a Carter. El chico popular está cerca de una mortal. Bla, bla, bla. Cuando estábamos saliendo del auditorio, Carter se giró y me miró desde su gran altura. –Que mala suerte la mía– dijo riendo y supe que se refería al castigo. Negué y vi que a lo lejos Laurie y las demás chicas de su habitación nos observaban. Les sonreí y ellas igual. Volví mi atención al chico. –Tú lo elegiste–frunció su ceño y entrecerró sus ojos. –Me caes mal, pero me gustas. Y por eso me caes peor– soltó como si nada y se giró hacía ir con sus compañeros de equipo.
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