Maddie
–Muchas gracias por su atención y todas las preguntas que han planteado. Fue una charla muy productiva, ¡Nos vemos, Bluter! – se despidió la especialista.
–¡Bye! – gritamos todos al unisonó. No esperamos indicaciones de nuestros tutores y todos nos levantamos cogiendo nuestros cuadernos.
–¡Por fin! – chilló Ethan limpiándose las manos. Se había pasado durmiendo casi todo el tiempo que duró la charla– Pensé que nunca se callaría.
–Estabas dormido.
–No lo pude hacer porque ella hablaba– me aclaró. Volqué los ojos y lo empujé.
–¿A dónde iremos? – pregunté revisando mis apuntes.
–¿Al lago? – propuso emocionado, negué– ¿Al bosque? – propuso con la voz seductora.
–¿A mi habitación? – pregunté y él soltó una carcajada.
–¡Juro que pareces una anciana!
Reímos y subimos hasta mi habitación, dentro solo estaba Peige, nos miró y una sonrisa apareció en su rostro.
–¿Qué tal la charla? ¿Interesante?
–Muy interesante, ojalá y vuelva– respondió Ethan adentrándose y sentándose en el suelo con las piernas cruzadas. Fruncí mi ceño.
–Muy interesante– respondí mirándolo sospechosamente.
–¿Qué harán ahora?
–Veremos nuestra serie, ¿quieres acompañarnos? – se adelantó mi mejor amigo a responder.
Abrí los ojos de sorpresa. Ethan nunca, repito, nunca dejaba que alguien más nos acompañara cuando teníamos que ver nuestra serie. Y ahora…
–Claro, pero que no sean de muertos y eso…
Ethan chasqueo la lengua y me miró.
–Es lo único que miramos– confesó. Peige, quien ya se había acomodado sonrió con dulzura y se levantó.
–No hay problema, de todas formas, tenía que dejarlos, iré a la biblioteca– se despidió de ambos y salió de la habitación.
–¡Ay mi corazón! – exclamó Ethan con una mano en su pecho y cerrando los ojos.
–¿Qué pasa? ¿Te duele? – pregunté corriendo a su lado y examinándolo. Pero al segundo soltó unas carcajadas.
–La deje ir…– dijo entre risas a la vez que estiraba su brazo con dirección a la puerta. Parpadeé y sonreí.
–No me digas que…
–¡Me gusta! ¡Me gusta! – gritó tumbándose del todo en el piso. Reí y me acosté a su lado abrazándolo.
–¿De verdad? – pregunté emocionada. Mi bebé nunca se había enamorado, ay por dios, está pasando, está pasando.
–Sí, de verdad, ¿es malo? – preguntó preocupado.
–No, claro que no, pero… ¿desde cuándo? – pregunté sonriente, pero se me borró la sonrisa al intuir el por qué– No me digas que es solo porque le gusta el mismo cantante que a ti.
–¡Que dices, Madd! – respondió apegándome más a su cuerpo– Quizás un poco– confesó y reí más fuerte.
–¡Ethan! – grité y él se empezó a reír.
–¡No lo sé! Ni siquiera sé si estoy enamorado, pero haber, siempre trato de encontrar su mirada entre la gente, cada que la veo me quedo observándola hasta que se vaya y ahora quiero compartir nuestras series. Si eso no es estar enamorado, entonces no sé qué lo sea– dijo mirando al techo.
–Me encantaría decirte que sí lo es, pero yo tampoco sé qué es sentirse enamorada– declaré recordando a Carter.
–¿De verdad no lo sabes aun? – preguntó él, negué y alcé la mirada, la suya seguía en el techo.
–Me pongo nerviosa, me sudan las manos cuando lo veo, ¿eso es estar enamorada? – pregunté a la nada.
Ambos soltamos un suspiro a la vez.
–Genial, somos vírgenes en esto.
–Pero bueno, la cuestión es que estoy feliz por ti– dije con sinceridad a la vez que levantaba mi cabeza y depositaba un beso en su mejilla para volver a mi posición inicial.
–Pero no sé qué hacer…, ¿hice bien al invitarla a ver nuestra serie? – preguntó, me giré, quedando con la barriga en el suelo y lo miré.
–Claro que sí, solo que, las pelis no son de su agrado, hay que buscar una buena y le propones de nuevo.
Asintió y luego río. Me abrazó y empezó hacerme masajes en mi cabeza. Estaba tan cómoda que por poco y ronroneaba. Pero antes de eso, me dormí.
***
Abrí los ojos cuando mi habitación estaba a oscuras, me levanté lentamente, estaba en mi cama. Bajé y vi que en mi mesita había un papel.
“El entrenador me llamó y tuve que irme, pero descuida te dejé en tu cama, por cierto, pesas un poco más, pero igual, sigues siendo una pulga. Te veo en la noche. Sino sabes a que me refiero… ¡LLAMAME!”
Ethan y sus mensajes en papel. Cogí mi móvil y vi la hora, seis de la tarde. De seguro algunos ya deben estar en el comedor. Caminé hasta el lugar donde estaba mi ropa y escogí unos leggins, con una blusa ancha. Los puse en mi pequeña mochila de baño, junto con mi toalla y cepillo de dientes. Lo único que no me gustaba del campamento era que, teníamos duchas compartidas.
Caminé hasta las duchas y baños y busqué un cubículo libre. Entre y dejé mis cosas en la pequeña repisa. Empecé a ducharme, pero entonces…, unos gemidos se escucharon. Cerré el grifo y me detuve a prestar atención. Vale, eso era de mala educación.
Negué con la cabeza y mejor terminé de ducharme. Cogí mi ropa y me vestí lo más rápido que pude. Entonces, cuando salí, escuché la puerta de un cubículo abrirse y Laurie en toalla aparecía y en su tras…, Blake.
–¡Amor! – exclamó corriendo a mi lado. Sonreí sintiéndome un poco incomoda y respondí su abrazo. Además, no estaba ni con el cabello húmedo.
–¿En serio? ¿Aquí? – pregunté avergonzada cerca de su oído.
–Cualquier lugar está bien– respondió guiñándome.
–Te veo en el comedor– dije.
–Te veo en la piscina– dijo ella a la vez que me daba una palmada en mi trasero.
–¡Laurie! – grité sonriendo y ella estalló en carcajadas. Pero vi que regresaba al lado del moreno ese.
Solté un suspiro y salí hacía el comedor. Entré y a lo lejos divisé a Ethan, estaba con el equipo.
En otro lado estaba la pelirroja, decidí ir a por ella.
–¿Qué tal la siesta? – preguntó al estar a su lado– Por cierto, te queda bien el cabello mojado, yo parezco Francis, de la película bichos– dijo riendo.
Reí también.
–Bien, bien. ¿Qué tal el estudio?
–Cansado, ya estoy harta de estudiar tantos históricos.
Reí. Y volví mi mirada hacía la mesa donde el equipo reía de manera exagerada. Vi a Ethan reír, no se había percatado de mi presencia, estaba que se golpeaba con Cody. Luego volví la mirada hacía mi amiga.
–Peige, ¿te puedo preguntar algo? – pedí con cautela, ella dejó de revisar el libro que llevaba en sus manos y asintió.
–Claro, dime.
–¿Tienes novio? – por un momento pensé que se iba a incomodar con la pregunta, pero al contrario de eso, soltó una risita y negó.
–Claro que no, son una carga, y estoy mejor sin uno.
Volví a reír y la observé, Ella era muy bonita. Su cabello cobre y ondulado le daba un aire muy fresco y amistoso. De verdad que te daba esa sensación de que podías confiar en ella.
–Señoritas, aquí tienen su cena– la voz de mi mejor amigo hizo que ambas desviáramos la mirada y entonces una sensación de ternura apareció en mi pecho. Ethan llevaba en sus manos dos bandejas con comida. Puso una delante de mí y la otra en mi amiga. Después de todo si se había dado cuenta de nuestra presencia.
–Sírvanse, espero sea de su agrado– nos dijo a ambas y se sentó a mi lado.
–Ah, aquí está tu mayonesa, sé que sin ella no comes, toma– me extendió el pequeño embace. Le di las gracias.
–Peige me estaba contando que no tiene novio– dije picando mi comida.
–¿En serio? Qué casualidad, yo tampoco, estamos destinados, ¿no te parece? – reí y vi que Peige hacía lo mismo.
–No– le respondió, pero con una sonrisa.
–¿Cuánto apuestas a que sí? – me sorprendí, pero continúe comiendo.
–No me gustan las apuestas.
–¿Un reto?
–Tampoco.
–¿Entonces?
–Como le decía a Maddie, los novios son una carga y yo no necesito uno.
–Oh no, yo sé vestirme solito, comer solito, no te causaría problemas. Piénsalo, amor– fue inevitable no reír fuerte.
–Te quiero– me dijo depositando un beso en mi mejilla y luego acercándose a Peige– ¿Dejaras que te de uno?
–Tienes que ganártelo– respondió ella. Ethan sonrió y asintió alejándose.
–¿Tiene que ganárselo? – pregunté contenta.
–Solo fue una broma, yo no puedo gustarle.
–¿Por qué? ¿Te has visto? ¡Eres hermosa!
–Por cierto, me estaba olvidando que más tarde en la piscina, habrá otra fiesta, espero verlas– volvió a aparecer Ethan y así de rápido como llegó, se fue.
–A veces es tan raro– dije.
–¿Otra fiesta?
Asentí.
–Es de todos los días.
–¿Irás?
–¿Quieres ir? – pregunté y por primera vez vi que el semblante de Peige resplandeció de alegría.
Así que, minutos después ambas estábamos probándonos los bikinis que habíamos traído. Yo me puse un amarillo y ella un verde. Pero encima nos pusimos nuestros shorts y una blusa ancha. Esperamos que sean las diez para poder salir de nuestra habitación. Hace unos días Jasmine se había puesto mal y estaba en la enfermería, nos hubiese encantando que también nos acompañe.
Mientras caminábamos sigilosamente fuimos escuchando la música. Según lo que nos habían dicho, los tutores habían vuelto a salir y ahora estábamos completamente solos. Llegamos a la parte de la piscina y todo era una locura. La mayoría estaba dentro de la piscina. Otros fuera bailando.
–¡Estás aquí! – escuchamos gritar, me giré y claro, mi mejor amigo.
–Llevas poca ropa– dijo Peige mirando su torso.
–Y ustedes mucha.
–La suficiente– respondí guiñándole.
–Grrrrr– me dijo–¿Quieren tomar algo?
–Sí, un jugo– intervino Peige.
–¡Ay por favor! ¿En serio?
Peige asintió.
–¿Vienes? – preguntó ella. Negué con la cabeza.
Vi que ambos se alejaban y sonreí. Que se tomen su tiempo. Miré a mi alrededor buscando como tonta una mirada en especial. Podía sentir su presencia. Pero no lo veía. Pasaron varios minutos que estuve sola, hasta que vi en una mesa muchas botellas con trago. Como no había nadie caminé decidida hasta coger uno. Cuando tuve la botella en mis manos, otra mano apareció y me cogió del brazo. Tiró de mí sin esperar respuesta.
–Oye– dije mirando su espalda. No hizo caso, y corrimos hasta estar al costado del ultimo pabellón, el cual estaba cerca del bosque y nos sentamos en la acera. Apartados de los demás– No vuelvas hacer eso…
Entonces escuché como la música se detuvo y los gritos llegaron. Miré y él volvió a jalar hasta hacerme sentar.
–¿Q-qué pasa? – pregunté nerviosa.
–La profesora de historia llegó– abrí mis labios. Ethan…, Peige…, ellos seguían ahí.
–Los amonestaran– susurre. No recibí respuesta. Lo que sí recibí fue información del chico que estaba a mi lado. Quien sacó del bolsillo de su pantalón un aparatito pequeño y luego se lo llevó a los labios.
Lo miré extrañada y él lo sintió.
–Asma– dijo y volvió a hacer lo mismo con ese aparatito.
–¿Ese es un inhalador? – pregunté y me sentí estúpida. Obvio que lo era. Asintió.
Entonces muchas preguntas surgieron en mi cabeza. ¿Por eso le dijo a Cody que no fumara? ¿Por eso Cody se río de la expresión de Carter? ¿Tiene asma y juega básquetbol? ¿Desde hace cuánto tiempo lo tiene? ¿Quién más lo sabe? ¿Por qué me lo dice?
Me sentí mareada, pero ninguna de mis preguntas tuvo respuesta porque entonces volvió a tirar de mí empujándome.
–Corre– ordenó, no lo entendí hasta que vi a lo lejos una luz. Mierda.
Me giré con la intención de correr, pero volvió a llamarme.
–Toma– dijo quitándose la chaqueta del equipo y tendiéndomela. La acepté– y Higgins, no se lo digas a nadie.
Pidió levantando el inhalador.
–¿Qué?...
–Solo ve a tu habitación o te amonestarán.
–Pero tú…
–Joder, solo ve Madd– quise protestar, pero solo asentí e hice lo que me pidió y corrí hasta entrar en lo que era mi pabellón.