"Una horaa"

1401 Palabras
Parte 2/2 –¿Te gusta Justin Bieber? – preguntó. –¡Claro! Pero no se lo digas a nadie, muchos no lo aprecian como cantante. –Oh si, no saben lo que se pierden. –¿Me parece o a ti también te gusta? –¿Gustarme? Bah, ahora me gustas tú. Peige soltó una carcajada nerviosa y negó con la cabeza. –Los veo luego, Adiós Ethan– se alejó de los dos y entrecerré los ojos. –¿Me parece o te ha flechado? –¿Quién se ha flechado? – preguntó Laurie apareciendo de repente. –Nadie– respondió Ethan. Mi mejor amiga lo miró e hizo una mueca con la cara. –Es tan raro– susurró con la intensión de que Ethan lo escuche. –Llevaré tu maleta arriba, tú jódete– dijo él mirando a Laurie. –¡Tampoco quería que la lleves! – gritó ella– ¿Te sentarás con él? –No, él irá con todo el equipo, pero quiso llevar mi maleta. Una “o” se formó en los labios de mi amiga. –¡Hijo de puta!¡ Y no quiso llevar mi maleta! – se quejó– En fin, hay una noticiaaaa, chisme, chisme. Reí caminando hacía el bus. –¿Qué chisme? –El gran Carter y Rebecca, han terminado, creo que no duraron ni una semana. ¡Es noticia, guapa! Todos están hablando sobre eso. Reí a la vez que caminaba y me acercaba a la puerta del bus, la verdad es que no esperaba mucho de aquella pareja. Y me refiero a que, era común escuchar que dos compañeros se hacían novios y al día siguiente terminaban. Mientras iba subiendo los pequeños peldaños, sentí una mirada, me giré y lo vi acercándose a la puerta de otro bus, llevaba una mochila negra en su hombro, me miró y una sonrisa apareció en su rostro, los compañeros de equipo lo empujaron y lo obligaron a subir más rápido. –¿Maddie? Giré hacía la voz de mi amiga. –¿Qué pasa tía? ¿Fue ilusión mía o tú y Carter cruzaron miradas cómplices? –Ay cállate y subamos– le dije. Me lanzó una mirada extraña y me pidió que me adelanté hasta que ella dejara su maleta. *** –¿Sigo teniendo culo? – preguntaba Laurie. Jasmine y Peige asentían riendo. Por fin llegamos. Y no había palabras para describir lo bonito y bien cuidado que estaba el lugar. Habíamos pasado por una gran fuente, que estaba en la entrada. Todo era muy grande y espacioso. –Me duele todo, j***r, al menos el profe se apiadó y dijo que descansáramos un rato. –Lo que causó que nos retrasemos en llegar– respondió nuestra delegada a Laurie. –¡Da igual! Yo me moría dentro– decía ella a la vez que se daba aire con las manos. –Iré por las maletas– anuncié caminando a la parte trasera del bus. Ya había muchos compañeros ahí y esperé paciente a que queden pocos para atreverme a sacar mi maleta. Vi la mía y tiré de ella: una, dos, tres. Mierda. Estaba atrapada. Volví a intentar. –Fácil y te quedas sin brazo de tanto tirar– esa voz…, me giré y Carter estaba a pocos metros de mí. –No está tan duro– respondí, me sonrió y se acercó dejando su mochila en el suelo. –¿Cuál es la tuya? –¿No se supone que sabes muchas cosas de mí? – pregunté cruzándome de brazos. No comprendía de donde salía la valentía para responderle así. Él solo sonrió y estiró su brazo, cogiendo la maleta verde esmeralda. –¿Lo dudas aún? – preguntó tendiéndome la maleta. Sonreí para mis adentros. –¿Por qué hacerlo? Solo fue una broma, ¿no? – vi el brillo de sus ojos al sonreír, me iba a responder, pero las risas de mis amigas lo impidieron. Se acercaron hasta donde estábamos y se quedaron en silencio al instante. Vi como Carter desviaba la mirada hasta mis amigas y se veía en la obligación de irse. –Nos vemos– nos dijo a todas agachándose y poniendo su mochila al hombro a la vez que se alejaba con sus largas piernas. –¡Espera!, ¿puedes ayudarme a sacar la mía? – preguntó Laurie. Carter dudo un segundo, pero asintió acercándose nuevamente y preguntando cuál era. Al final, bajó la maleta de las tres. –¿Desde cuándo son tan cercanos? –¿Desde cuándo se hablan? – preguntaban mis amigas. –Solo me vio sufriendo en sacar la maleta y se acercó, solo fue atento. –Sili fii itinti. ¿Desde cuándo Maddie Higgins no se molesta cuando tiene a ese tipo de gente cerca? –Ay, Laurie, solo me ayudó. –Ya, en fin, si pasa algo más ahí, no hay problema, es buen cuero– agregó Jasmine. Todas reímos con lo que había dicho. A todos los estudiantes de último año nos reunieron en un espacio, parecía el auditorio, nos explicaron la repartición de cuartos y más. En el campamento Serendipia– nombre que el fundador puso, ya que consideró un lugar completamente hermoso, el cual te brindaba paz– había cuatro cabañas que constaban de dos pisos. Jasmine, Peige y yo, salimos en la cabaña que llevaba por nombre tierra. Las demás se llamaban, aire, fuego y agua. Sí, todos reímos al escuchar los nombres. Laurie compartiría cuarto con Rebecca y sus amigas, nos pusimos tristes de no tenerla en nuestra habitación. Ese lunes, nos dejaron libre, al siguiente día iba a comenzar las actividades recreacionales. Ethan: ¡A las diez, en el lago, habrá una fiesta, ponte bella, bueno, tú siempre estás bella, te veo ahí! Leí el mensaje dos veces, ¿en serio harán una fiesta nada más llegar? Ethan, a pedido del entrenador iba a entrar en el pabellón fuego, el ultimo pabellón. Todas estas cabañas estaban frente al auditorio y el lago estaba…, casi a la entrada, pasando un tramo del bosque. –¡Ay que bonito! – exclamamos las tres al entrar en nuestra habitación, era mágico. Completamente rustico. Pero con un toque moderno, tenía lámparas super hermosas. –¡Quiero esa! – pidió Peige, corrió a la cama que estaba cerca de la puerta. Jasmine se fue al otro lado de la habitación y yo me quedé en el medio. Cada cama tenía su pequeña cómoda, donde podíamos meter nuestra ropa. El resto del día la pasamos caminando por todo el lugar. Cerca de los cuatro pabellones había una gran cabaña, que llevaba el nombre de los baños y duchas. A unos metros más estaba una gran cocina. Era enorme. A la derecha estaba el bosque. En el centro del campamento se caracterizaba por una gran fuente, cerca de ella podías ver una piscina y a su izquierda otra cabaña, donde, si mal no recuerdo había caballitos. Cuando ya estábamos cansadas decidimos sentarnos en una de las tantas banquetas que había cerca de la fuente. Nos pusimos a mirar a todo el que pasaba por nuestro delante, hasta que él pasó. –¿Irás a la fiesta, tardona? – preguntó aquella voz que ya se me hacía más familiar. Las tres miramos en su dirección, a su lado iba Cody. –¿Estarás tú? – pregunté. Y asintió a la vez que seguía con su camino, pero no tan rápido. –Por supuesto, no pienso perdérmela. –Pues entonces no voy– respondí encogiéndome de hombros. La carcajada que vino después nos descolocó por lo bonita que se escuchó: ronca y contagiosa. –¡Ya lo veremos, tardona! – gritó alejándose con su amigo. –A ver, a ver, ¿tardona? – oh no, ahora empezamos. Miré a mis dos amigas esperando a lo que sea que iban a decir. –No puedo creerlo, ese tipo, alto y de músculos comestibles, ¡Te habló! – chilló Jasmine despues de Peige. Ambas, empezaron hacen corazones y miles de formas con sus dedos ante lo que había pasado. –¡No deberían de haber visto nada! – protesté. Vale, no comprendía esto, no entendía a qué venía su acercamiento y lo que me había dicho en los juegos mecánicos. Todo fue tan…, rápido que no aun no lo proceso y no me siento a pensarlo.
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