“El beso, el principio”

906 Palabras
Parte 1/2 Maddie –Te veré luego, ¿de acuerdo? ¡Nos vemos, guapa! – gritó Laurie saliendo del comedor, donde, todos los estudiantes estábamos cenando. Asentí caminando al lado de Ethan hasta una mesa para nosotros dos solos. –¿Se verá con Blake? Durante la tarde estaba con Cody, mientras nosotros practicábamos– comentó mi mejor amigo agachándose y olfateando la comida. Es una manía que él tiene. –Supongo, ya sabes, nunca dice nada, solo cuando ya lo hace, lo dice. Antes no– contesté cogiendo mi tenedor y picando los fideos. Olía bastante bien. –En fin, me da igual, cuéntame, ¿cómo te fue durante la tarde? Volví mi vista hacía los demás y suspiré. –Bien, bien. Pasé la tarde conociendo un poco más el lugar. Tienen caballos. –¡Oh sí! Lo vi, lo vi– chilló él con un brillo de emoción en sus lindos ojos cafés. –¿Recuerdas cuando papá nos llevó a cabalgar? – pregunté volviendo a ese momento en el cual hicimos el “intento” de cabalgar, no salió bien. Ethan se movía mucho, el caballo se enfadó, se puso en dos patas, Ethan al suelo, luego al hospital por el golpe y así…, cosas comunes que pasan los aprendices en sus primeros días. –Agh, no se me borra de la memoria el caballo ese, ¡que delicado, ni me movía! –Parecías una cabra loca– agregué riendo con un poco de fideos en la boca, lo que ocasionó que casi me atraganté. Cof, cof, cof. Mierda, me dolía la garganta. Como pude tragué lo que tenía en la boca. –A eso le llamo karma, te burlabas de mí, ¿no? –No fue gracioso– respondí recuperándome y tomando el té a toda prisa. Cerré los ojos y moví la cabeza para recuperarme del todo. Hice esto frente al rostro burlón de mi mejor amigo. Este ser podía verme a punto de morir y se seguiría riendo. O tal vez, vería como me caigo, se reiría y luego me ayudaría. Ethan era así, y bueno sería que sus carcajadas sean disimuladas, pero no, eran de esas que las escuchabas y reconocías a diez cuadras. –Bueno, no me has respondido aún, ¿irás a la fiestecilla? –Ya dije que no, no me apetece entrar en el agua. –No será necesario, lo que sí es necesario es que…, lleves bikini– arquee una ceja y él se encogió de hombros tomando una servilleta para limpiarse la comisura de los labios. Ya terminó su comida, agh, ¿Es que acaso como muy lento? Siempre terminaba primero. –No sé en qué pensé cuando accedí en traer uno. –Dos, nena, te trajiste dos– me recordó. Era verdad–. Y en lo que pensaste fue en: Carter Wells. ¿Les has contado a tus amigas que fue tu crush por años? –Shhh– ordené con mi dedo en mis labios. Él río. –Nada de shhhh, ¿aún te gusta? Dime la verdad. Mordí mi labio inferior y de pronto se me quitó el hambre también, hice a un lado mi plato y lo miré. Puse mis codos sobre la mesa y me apoyé en mis manos. –¿Recuerdas la tarde que me dejaste sola con él? – asintió copiando mi posición, quedando cara a cara. –Lo recuerdo perfectamente, hice correr a Laurie como nunca en su vida lo había hecho– contó con una sonrisa malévola. –Bien, el hecho es que, fuimos a la rueda de la fortuna y empezó a decirme cosas mías, de las cuales son secretas o eso creía. –¿Cosas secretas? Asentí –¿Cómo que tienes un lunar entre las… –¡No Ethan! Eso no, cosas menos secretas, pero que también pertenecen a ese grupo. Vi que reprimía una sonrisa, pero me alentó a seguir. –Lo raro, fue que le pregunté cómo es que sabía tanto y me dijo que era porque le gustaba, ósea yo a él. Eso dijo. Como si fuera cámara lenta, los ojos y la boca de mi mejor amigo se abrieron de manera exagerada. –¡No vayas a gritar! – le amenacé cuando se irguió a punto de hacerlo. Soltó el aire que tenía en la boca y me miró. –Siempre tuve mis dudas con la vista de Wells. –¿Qué? ¿De qué hablas? – pregunté confusa. –Como le vas a gustar tú, ósea, no hay manera–dijo completamente tranquilo. Ay no podía ser cierto. Estiré una mano y le empecé a golpear el hombro. –¡Como te atreves, pedazo de basura! – le iba diciendo. –¡Ya! ¡Stop! – gritó cuando de seguro le empezó a doler. Me alejé y vi que alzaba la cabeza con una sonrisa. ¡Se reía! Me crucé de brazos esperando que diga algo, lo que sea para terminar de asesinarlo. –Bueno, quizás sus gustos han bajado de nive… –¡Oye! – grité volviendo al ataque, pero me retuvo por las muñecas. –¡Okay! ¡Okay! No es cierto, j***r, nena, eres demasiado– protestó obligándome a que me siente. Arquee una ceja sin quitar mi cara de enojo. –No lo decía en serio, ¿vale? Pero es lindo ver cómo te molestas, a excepción de los golpes. No dije nada.
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