Parte 2/2
–Ya, ya, te molestaste, ¿no?
Volví a quedarme callada.
–Madd
Me llamó, giré el rostro hacía el resto, quienes comían sin darse cuenta de lo que pasaba en nuestra mesa.
–Me pasé, ¿verdad? – preguntó, quise reír, pero lo reprimí.
–Un poco.
–Superé mis limites, es un récord– dijo, lo miré sin creérmelo– espera, espera, no te molestes aún. Te hice enfadar y también sentir mal, lo siento. No quiero que pienses eso. Nadie debería decir eso, ni siquiera yo. Sabes que te quiero y que también creo en el amor de crushes.
–¿Lo piensas arreglar así?
–Ahg, espera, ¿quieres? – asentí– pues sí, quizás mejoró su visión, y al fin te vio, vio lo que vales, lo que eres y llegó a la conclusión de que le gustas. No quiero que sea algo sorpresa o raro para ti, quiero que no digas: “es raro”, sino “es normal, soy hermosa, divina, es normal que le guste a ese chico guapo y apuesto”
Reí y negué con la cabeza.
–Así que es normal.
–Debería de ser normal para ti, nadie puede negar lo bonita que eres, y si algún momento lo llegas a olvidar, estaré ahí para recordarte lo hermosa y maravillosa que eres.
Nos miramos unos segundos, luego entrecerramos los ojos a la vez y reímos al mismo tiempo. Actos que significaban que todo estaba bien.
–Así que soy maravillosa.
–¡Ay cállate! – protestó. Nos levantamos y fuimos a dejar nuestros platos.
–¡Murphy ya es hora! – le gritaron cuando nos detuvimos en la entrada de la cabaña. En medio de la oscuridad pude ver que se traba de Blake.
–Osh, tengo que irme, pero si quieres que me quede no hay pro…
–Ve, no te preocupes por mí– le dije poniéndome de puntillas y dándole un beso en la mejilla. Me sonrió y empezó a bajar las tres gradas, hasta que se detuvo. Fruncí mi ceño. Se giró y me miró un segundo.
–Todo está bien entre nosotros, ¿verdad? – preguntó mirando al suelo. Reí a la distancia y asentí.
–Todo está bien, basura.
–¡No me digas así! – gritó sacándome el dedo corazón. Esta vez sí se fue.
Suspiré y metí mis manos en los bolsillos de mi abrigo y fui caminando a paso lento hasta mi pabellón.
***
Ethan: La mayoría ya están en el lago, ¿sabes algo de los profes?
Maddie: Según Peige, salieron a un lugar cerca, a una reunión, según ella.
Ethan: ¿Una reunión sin ropa?
Maddie: Supongo que sí.
Ethan: ¿Aún no te animas? Casi todos están aquí.
Maddie: Me imagino, la música está muy alta, ¿lo saben?
Cinco minutos después y mi mejor amigo decidió dejarme en visto, bien. Me bajé de la cama y miré por los pasillos, no había nadie. Incluso Laurie había estado aquí insistiendo en que me vaya a esa fiesta, pero la rechacé.
–¿En serio no piensas ir? – me giré y vi a Peige con un libro en sus manos. Negué.
–No me apetece– declaré.
–¿No te apetece o tienes vergüenza?
–¿Por qué tendría vergüenza?
–¿Carter? – preguntó super obvia. Reí por lo que dijo y también por como llevaba los cabellos. Ella tampoco quiso ir. Y ahora está en su cama leyendo un libro– o más bien solo mirándolo, porque lleva en la misma página desde hace minutos–, el cabello en un moño completamente desgreñado y un pijama oscuro. Hacía mucho frío. En verdad lo hacía.
–Claro que no, Peige, solo que, hace frío.
Río a secas y cerró el libro con fuerza.
–¿En verdad no quieres ir? – volví a negar. Ella se acomodó en su cama y me hizo señas para ir a su lado. Lo hice– ¿Por qué no? Piénsalo y me respondes.
Medité unos minutos y volví a mirarla.
–Siento que no encajo.
–Tienes a tus mejores amigos.
–Con ellos sí, pero, hablo del resto.
–Bonita, somos piezas únicas, no tenemos que encajar en cualquier rompecabezas. A veces solo necesitamos a unas cuantas piezas para estar completos.
La miré de perfil y reí.
–Que profundo– dije meditando su oración.
–Muy profundo, papá me lo decía siempre. Lo echo de menos, a él le gustaba el campo, disfrutaba mucho…– volví a mirarla y sentí la necesidad de abrazarla. No lo dudé.
Al segundo sentí como unas gotas caían y mojaban mis brazos.
–Yo también extraño a mi mamá, a ella le gustaba la ciudad, lo caótico, el tráfico. Yo no puedo acostumbrarme aún al bullicio, pero ella se adaptaba muy bien– dije con un profundo pesar en cada palabra.
Nos quedamos así unos minutos hasta que ella se separó.
–Pues ya, que no tenemos que llorar, el viaje les irá mal– la miré sin entender–¿no lo sabes?
Negué con la cabeza a la vez que estiraba mis manos y le limpiaba unas cuantas lágrimas del rostro.
–Cuando alguien se va lejos, no debes de llorar o el viaje les irá mal. Quiero creer que papá está en viaje muy, muy largo, y si lloro, le irá mal.
Sonreímos con tristeza y asentimos.
–Ahora con más razón no quiero ir– dije. Ella negó y se levantó de su cama.
–No, no, el momento triste ya pasó. Ahora, tienes que ir, vi que muchas iban en bikini, ve igual.
–No, no me gusta mostrar…
Peige me entendió a la perfección.
–Aún no puedo creer lo muy bien que encajas con Laurie, son tan opuestas.
Le di la razón, y dejé que eligiera unos shorts cortos y una camiseta. Algo básico. Unas zapatillas blancas y ya.
–¿No quieres ir conmigo? – pregunté nuevamente, negó.
Nos despedimos y bajé las escaleras. Comprobado, nuestros tutores no estaban. Caminé varios minutos, atravesando la fuente principal, me adentró en el bosque hasta que los logro ver. Había muchas bebidas tiradas en la orilla, una gran fogata, mucha música y demasiada piel al descubierto. Con dificultad avancé hasta el otro extremo del lago, necesitaba ver a Ethan. Hasta que… ¡lo veo! Está sobre una inmensa roca con otros chicos.
–¡Ethan! – gritó desde abajo, nada– ¡Ethan! – repito y unos de los que están a su lado me mira y le hace señas a mi mejor amigo.
–¡Maddie! – grita alegre y baja a toda prisa– ¡Dijiste que no ibas a venir!
Asentí.
–¡Me animaron! – grité por la bulla.
–No me digas que fue Laurie quien te convenció.
–¡No! ¡Fue otra persona!
Vi que me miraba picara.
–¡No, él tampoco!
–Ven, te presento a unos chicos– lo seguí hasta donde estaban. Me presentó como a ocho chicos que rápidamente olvidé sus nombres. Empezaron a pasarse una botella y bebían de ella. Me negué cuando fue mi turno. La música cambió a esa de Justin Bieber, Stay. La cara de Ethan fue graciosa.
–¡Mierda, mierda! – murmuró con emoción.
–¡Al agua! – gritaron y de pronto todos empezaron a meterse en el lago.
–¡Por qué lo hacen? – pregunté cuando los chicos que nos acompañaban hacían lo mismo.
–¡Sienten la música, haz lo mismo! – gritó él. Me negué.
–¡No! ¡Hace frio!
–¡Al agua! – gritó él empujándome, no me dio tiempo a protestar porque ya había caído dentro del agua.
–¡Oh maldito! – grité y vi que también se lanzaba, entonces, alguien volvió a gritar y ahí, oh ahí, todo tuvo un color distinto.
–¡¡¡BESO!!! – gritaron, y nuevamente me sentí confundida.
–¡¿Qué?! – pregunté mirando a Ethan.
–¡Solo besa a quien sea!
–¿Cómo? – volví a preguntar confundida, pero entonces, alguien me cogió por los hombros y me giró hasta pegar sus labios con los míos.
> Instintivamente cerré los ojos, y disfruté de aquella caricia. Sus labios estaban húmedos y suaves. No tuve tiempo a seguir analizando lo que pesaba ya que los gritos volvieron y me sacaron de aquella burbuja. Abrí los ojos lentamente y mi corazón se paralizó cuando vi al chico que también abría los suyos: Carter.