Carter
–Se agotaron.
–Me importa una mierda.
–Era la preventa.
–Me sigue importando una mie-
–¡Nooo! – gritaron los tres chicos de nuestra habitación al escuchar el sonido de la trompeta, que, interrumpía nuestro sueño. O en el caso de Cody y yo, nuestra civilizada conversación. Llevábamos escuchándola desde hace cuatro días, hoy por fin era viernes. Pero ya nos tenía harto a más de uno.
–Otro día de diversión en medio de la nada– comentó Cody, no hice el intento de levantarme, pero de reojo vi que algunos ya tomaban sus toallas y salían.
–Al menos hoy no habrá práctica, te juro que ese ser…, hecho de lo que sea, porque humano no es, si lo fuera no nos tendría entrenando noche y día, j***r– me quejé, ni modo, a sonreírle a la vida. De un solo acto me senté y giré hasta posar mi mirada en mi mejor amigo, quien, seguía buscando tiendas online para poder comprarse un libro.
–¡Hey! ¡De pie! – grité al ver que Murphy seguía en la cama frente a la mía.
–¡No! Déjenme dormir un po-poco más…– respondió entre sueños. Reí y negué con la cabeza. Volví a Cody, cogí mi almohada y se la lancé.
–¡Idiota! – gritó.
–Me duele que no me prestes atención– le dije, dejó su móvil a un lado y se sentó.
–Lo siento, cariño– respondió.
–¿Ahora nos besamos? – pregunté y soltamos carcajadas.
–Vete a la mierda.
–A donde sea, pero contigo– volví a joderlo. Vi que se levantaba y cogía su toalla.
–¿Nos bañamos? – preguntó.
Solté carcajadas y me levanté.
–¡A la mierda, nos bañamos! – dije cogiendo la mía.
–Si tan solo Laurie y Maddie escucharan– una tercera voz habló.
–No te pongas celoso, ¿vale? – dije acercándome hasta donde Cody estaba.
–Deberíamos poner un límite con lo que decimos, ¿no crees? A veces me la creo– me dijo él.
–Pues no te hagas ideas, Cod, esto– dije apuntando mi cuerpo– es solo para…
–Ella– agregó Murphy.
–Agh, detesto que sepan lo que quiero decir, vayámonos ya, o les mandaré a la mierda a los dos– ordené y los tres bajamos.
Fuera, estaban muchos chicos y chicas de aquí por allá. Dentro de una hora tendríamos que estas formados y listos para ir a escalar.
–Mierda, nuestra ropa– nos recordó Cody.
–Da igual, salimos en toallas– contesté.
Por primera vez en la vida, no me daba asco bañarme en duchas de un campamento. Por fuera se veía muy rupestre, pero por dentro estaba bien equipado y moderno, hasta agua caliente había. Cosa que nos hacía alucinar a todos. Cada uno entró en un cubículo y no demoramos ni cinco minutos dentro. Bueno, solo Cody. Ethan y yo estábamos apoyados esperándolo.
–¡Por fin! Pensamos que nunca más te veríamos la cara. Te demoras mucho, ¿lo sabes?
–¿Al menos te has echado shampoo? – me preguntó.
–¿El jabón cuenta?
–Pobre la que decida bajar y hacerte un oral.
–¡Oye! Cuida lo que dices, que esa parte está impecable.
–¡Muchachos, en veinte minutos deben estar en el comedor! – la voz del maestro nos interrumpió a todos los que aún estábamos por las duchas.
Hicimos caso. Nos vestimos lo más rápido posible y salimos fuera a esperar que todos llegasen. Ya hacía hambre. Poco a poco el lugar se fue llenando, los tres nos encontrábamos mirando hacia la puerta principal. Entonces las vimos.
Maddie y el trio de sus amigas entraban. Las cuatro se veían cansadas, con ganas de estar en cualquier lugar, menos aquí. Sonreí al verla y recordar lo que había pasado entre ambos. Puede que no me haya comportado como se debería, pero, me puse nervioso cuando vi su cara de asombro, ¿no le habrá gustado? Ósea, yo si sabía lo que hacía y a quién. ¿Pero ella? Puede que me haya tomado como loco al ver que la había besado.
–¡Madd! – a mi lado gritaron y entonces volví a paralizarme. ¿Por qué me pasaba esto con solo escuchar su nombre?
–Necesito agua– dije y me levanté cuando la vi venir a nuestro lado.
–¡Hey! – me llamaron, hice caso omiso y me acerqué hasta un frigorífico a tomar una botella.
–No me digas nada– lo amenacé. Alzó las manos y se puso a mi lado. Desde donde estábamos podíamos ver a Maddie y a Ethan de perfil.
–¿Cuándo dejarás de hacer eso?
–¿Tomar agua? Creo que nunca, es bastante importante para mi salud.
–No te hagas el idiota, me refiero a ella, en un momento te acercas y al otro te estás corriendo.
Hice un mohín y giré mi vista a otro lado. Fruncí mi ceño al ver lo que pasaba al otro extremo del comedor. En una mesa estaban los jugadores del equipo, en una esquina estaba mi cocapitán y a su lado estaba…, Laurie, todos hablaban animadamente, pero ellos dos… ¿Qué significaba tomarse de la mano de esa manera tan disimulada?
–Carter– me llamaron, me giré bruscamente.
–¿Qué? – pregunté separándome de la pared y tapando la escena que había visto.
Cody soltó un suspiro.
–Que si escuchaste lo que nos acaban de decir.
–Obvio no, ¿a quién crees que le estás preguntando? Ni siquiera recuerdo mis medicamentos y eso que los tengo que tomar casi a diario– respondí con segundas. Mi mejor amigo puso los ojos en blanco ante mi respuesta.
Me ama, lo sé.
Salimos del lugar y esperamos a las indicaciones del profesor, que, nunca llegaron porque no prestamos atención. Así que, ahora un grupo de diez o más íbamos detrás de la maestra de historia dentro del bosque. Pasados unos minutos pudimos ver unas paredes perfectamente preparadas y listas para ser escaladas.
–Ponte la seguridad– le indiqué a Cody, quien tenía la mirada fija en Laurie.
–Sí, estamos peleados– fruncí el ceño y terminé de ponerme el arnés.
–¿Qué paso? – pregunté cerciorándome que todo haya quedado en orden.
–No lo sé– reí y él me miró de malas.
–¿Qué? ¿cómo no vas a saber? Aunque bueno, es mujer, nunca se sabe…
Reímos y esperé a que me expliqué.
–Estábamos hablando normal, habíamos quedado en vernos detrás de las caballerías, pero de la nada se enojó y me dejó de hablar.
–¿Hace cuánto pasó eso?
–Hace dos días.
Lo miré de malas y él se encogió de hombros. Aquello era algo que siempre me había molestado. El no hablarse para resolver un problema, a mí me gustaba la comunicación, en toda relación, me sentía más relajado así. Porque sabía qué es lo que sentía la otra persona, qué era lo que le molestaba, lo que le irritaba o lo que le encantaba. Pero que callaran, que se alejaran y esperaran que uno sea quien busque, no. Lo detestaba.
–Te diría que le hagas lo mismo, pero no, ve y habla con ella. Pregúntale qué es lo que en verdad quiere– solté con pereza. Me miró y me encogí de hombros.
Vi que bajaba la mirada y parpadeaba.
–¿Puedes ayudarme? – preguntó aquella voz. Mierda, Maddie. Me giré y bajé la mirada para conectarla con la suya– Me separaron de mis amigos, y eres al único a quien conozco.
Aclaró nerviosa con el arnés en sus manos. Entrecerré los ojos al tenerla tan de cerca. Ya que, últimamente fui yo quien me acercaba a ella, no al revés.
–Póntelo– ordené e hizo lo que le pedí y ajusté lo necesario para que esté segura, todo eso sin decir absolutamente nada. Una vez que terminé puse mis manos en sus hombros.
–No dudes cuando quieras mi ayuda, ¿vale? Sin importar qué, te la daré– dije y nuevamente la sensación de soltar algo estúpido llegó a mí– comprendo lo lenta que puedes ser.
Una sonrisa se dibujó en mis labios, pero, se borró cuando ella sonrió de la misma forma.
–Y yo comprendo lo idiota que también puedes ser. Y gracias– me erguí con lo que había dicho y vi que se alejaba hasta la maestra.
Vale, vale, no esperaba eso.
–¡Te dije que no! – no, no, no. Me repetí y giré hasta donde provino el grito.
Laurie furiosa y Cody a su lado.
No podía terminar en nada bueno, caminé hasta donde estaba mi mejor amigo y entonces…, pasó.
La mano de Laurie estampó contra la cara de Cody e hizo que yo me detuviera en medio andar.
–¡No quiero saber de ti! ¿Me oyes? – la rubia lo empujó y pasó por su lado. Luego por el mío, me di la vuelta y vi que se acercaba hasta Maddie y se abrazaban.
–¿Qué?... – quise preguntar, pero Cody soltó una maldición y empezó alejarse.
Volví a mirar a ambas chicas con una incomodidad en todo mi cuerpo.