CAPÍTULO VIFABIÁN rodeó con sus brazos a Loretta y la oprimió contra él. Y, mientras ella mantenía el rostro todavía oculto en el hombro de Fabián, murmuró con una voz que éste apenas si pudo escuchar: –¡Debo... haberlo... matado! ¿Me... llevarán a prisión... me guillotinarán? El Marqués sintió cómo todo el cuerpo de ella temblaba contra el suyo. –¡Está bien, mi amor, deja todo en mis manos!– repuso en voz baja y tranquila. Al decir eso, la llevó a través de las espesas cortinas, hacia un balcón que conducía a una terraza. Debido a que la joven seguía aferrada a él con desesperación, la movió con suavidad de modo que tuviera el apoyo de la balaustrada de piedra. –Permanece aquí y respira profundo. Voy a entrar para ver qué sucedió con exactitud. –¡Él está... muerto! Obedeciendo ca

