Hizo una pausa y sus dedos oprimieron los de ella al decir: –Si no eres feliz en Francia, el mundo es un lugar muy grande y yo sé que, donde quiera que esté contigo, estaremos en el paraíso que yo siempre he buscado. Sonrió y agregó: –Es el Edén que siempre se me había escapado, hasta que te vi entrar en el salón, ese primer día de tu llegada, y comprendí que te había encontrado al fin y que nada más tendría ya ninguna importancia. –No puedes... estar hablando... en serio– murmuró Loretta. Sin embargo, cuando Fabián la miró a los ojos, comprendió que él hablaba desde el fondo de su alma y que cada palabra que le bahía dicho era dictada por su corazón. –Sé lo que estás pensando– intervino él con suavidad–. También sé que, como tú me amas, mi preciosa y pequeña diosa, las explicaciones

