“Carmen, zorra vieja, te han echado del gimnasio como a una exhibicionista barata… pero no te van a quitar las ganas. Hoy sales a andar y buscas nueva carne fresca, nueva amiga con la que compartir vicios”. Me pongo unos shorts vaqueros cortísimos que apenas me tapan la mitad inferior del culazo tremendo —las nalgas se desbordan por los lados, la raja marcada claramente, sin bragas por supuesto—, una camiseta blanca de tirantes fina sin sujetador que deja ver las areolas oscuras asomando y los pezones largos ya duros rozando la tela, y unas zapatillas deportivas viejas. El cuerpo entero suda solo de pensar en el calor que va a hacer. Bajo las escaleras meneando las caderas, sintiendo cómo las nalgas chocan entre sí con ese sonido carnoso que me pone cachonda desde siempre. Salgo al cami

