Narrador: —El sábado no pudimos hablar bien —Susan tomó asiento en su lado en el sofá —Quiero saber qué te tiene tan alegre. Siena tenía una sonrisa amplia, una expresión en su rostro que mostraba ilusión y mucho anhelo, y que llevaba días tratando ocultar de los ojos de Aurora. Tenía un vestido de tejido suave, largo hasta los tobillos, y su cabello estaba recogido en una trenza. Verla serena, a pesar de todo, llenó a Susan de paz; hacía meses que no veía a su amiga tan radiante. —Me dirás, estoy ansiosa por saber —suplicó Susan. Siena mordió su labio inferior, sus ojos brillando con lágrimas de emoción. La mirada de Susan la alentó a soltarlo. —Te lo diré, pero no puedes decirle a nadie. No por ahora —Susan asintió con fervor, prometiendo con el gesto su silencio — Vamos a te

