Capítulo 8

1762 Palabras
Y aquí iba otro encuentro s****l de puntaje tres. Su boca capturó la mía y debía admitir que, después de seis meses, aquello se sentía muy bien. Sus manos acariciaron mis muslos, haciendo que mi entrepierna se encendiera, y rodeé sus caderas con mis piernas, con el objetivo de acercarlo más a mi cuerpo. Necesitaba sentirlo dentro de mí ahora mismo. Sus besos se dirigieron hacia mi cuello y mordí mi labio inferior. Aquello se sentía realmente bien. Esto no era lo usual; que me besaran el cuello o el efecto que tenía aquel sobre mí. Él alzó mi blusa y comenzó a besar mi estómago. Una sensación de escalofrío recorrió mi cuerpo. Abrí mis ojos y sonreí. Vaya... Esto ya no era un tres. Sus besos continuaron bajando hasta mis caderas y desabrochó mi pantalón. Él se deshizo del mismo y apreté mis labios tan pronto se deshizo de mi braga también. Mi feminidad estaba pidiendo a gritos que me embistiera. Su dedo comenzó a moverse en mi clítoris y, por más que estuviera disfrutando del momento -realmente lo estaba haciendo-, necesitaba sentirlo dentro de mí. Eché mi cabeza hacia atrás, arqueando mi espalda debido al placer que provocaba el movimiento de sus dedos allí abajo. Esto ya iba siendo un sólido cinco, rápidamente. Cerré mis ojos y sus besos regresaron a mi cuello. Aquellos eran feroces y volví a apretar mis labios. Sonreí, como si me hubiese leído la mente. Sus labios capturaron los míos y, no sabía cuándo se había desvestido pero sentí sus piernas desnudas sobre las mías. Abrí las mías, dándole lugar para que se adentrara en mí y sentí sus labios rozar mi oreja. Tragué grueso, agitada, y cogí su trasero entre mis manos para acercarlo más a mí. —Piper... —abrí mis ojos tan pronto oí su distintivo tono. No, no podía ser. No podía ser Kai. Mi respiración comenzó a acelerarse aún más y me dio una puntada en mi feminidad —, ¿estás preparada para formar parte de mi lista? —me susurró y volteé a verlo. Era él. Su rostro se encontraba a sólo centímetros del mío y sus labios se encontraban hinchados y rojos. Kai me dio aquella egocéntrica sonrisa que tanto despreciaba y capturó mis labios, listo para embestirme. —¡No! —grité y desperté muy agitada de aquel sueño. Volví a cerrar mis ojos, sin poder creer lo que acababa de suceder. Tomé asiento en mi cama y cubrí el rostro con mis manos. No podía estar teniendo estos sueños con él... ¡Me negaba! La peor parte era que aquello se había sentido muy bien. No sólo eso, sino que también me encontraba con la entrepierna húmeda. Gruñí y volví a caer sobre mi cama pesadamente. Observé la hora en el reloj sobre mi mesa de noche y... ¡Mierda! Mi alarma no había sonado y se me había hecho tarde. Salí de mi cama con rapidez y vestí un simple sweater con un jean y zapatillas. Cepillé mis dientes, até mi cabello en una cola de caballo y cogí mi bolso para marcharme de allí. Efectivamente, había llegado tarde a mi primera clase. Asimismo, me había resultado muy difícil concentrarme por el resto de la mañana porque aquel recuerdo seguía apareciendo en mi mente y me erizaba la piel. ¿Por qué? ¿Por qué había tenido que soñar con él entre todos los hombres guapos que existían en el planeta tierra? Al llegar al comedor, posé mi bandeja sobre la mesa y, por muy hambrienta que me encontrara porque había tenido que saltarme el desayuno, ahora tenía otras prioridades. Cogí mi móvil y busqué: 'significado de soñar teniendo sexo con alguien'. Algunos de los resultados eran: 'estos sueños pueden iluminar cómo nos sentimos en realidad acerca de algo o alguien', 'frustración s****l reprimida', 'demostración de verdaderas intenciones sexuales', entre otras. La única que creía que podía ser real era la segunda opción. Es decir, después de seis meses, era muy probable que se debiera a una frustración s****l. Kai era guapo y eso era todo. De cualquier forma, no podía creer haber tenido un sueño erótico con él. —¿Qué miras, pervertida? —me sobresalté al oír su voz y tomó asiento a mi lado. Brynn cogió mi móvil y comenzó a leer. Ella abrió sus ojos y alzó su vista para verme —. ¿Has tenido sueños eróticos? —admitía que esto era demasiado vergonzoso para mí —. ¿Chico francés? —me preguntó y negué. No quería contarle con quién había sido porque ya sabía qué diría: "Tus deseos inconscientes están hablando. Es tu oportunidad para tirártelo." — ¿Chico del muérdago? —me preguntó y, aunque había querido negarlo con todas mis fuerzas, sabía que Brynn lo descubriría de todas formas. Al no responder, una sonrisa apareció en su rostro — Has tenido sueños eróticos con el chico del muérdago... —confirmó y aparté la bandeja de comida para dejar caer mi rostro entre mis brazos. ¿Cómo había permitido que esto sucediera? Me sería imposible borrar aquel sueño de mi memoria y, además, ¿cómo podría observarlo sin sonrojarme? Afortunadamente, aquel sueño no había pasado a mayores. Puede que, para cuando debiera volver a verlo, aquel sueño se hubiese disipado un poco. > su voz en aquel sueño volvió a resonar y no pude evitar que mi piel se erizara. —Piper... —oí su voz, ahora más clara detrás de mí y alcé mi rostro, chocando con los ojos de mi mejor amiga. No había sido ningún recuerdo... Él estaba aquí, justo detrás de mí. Ella apretó sus labios y rogaba que no hubiese oído lo último que había dicho. Mordí mi labio inferior, temerosa por tener que enfrentarme a él, y me puse de pie. Volteé a verlo y me encontré con aquellos ojos marrones. —Hola —emití, intentando sonar como la usual Piper, no la ahora avergonzada de que él casi me hubiese tenido en mi propio sueño —, ¿qué haces aquí? —le pregunté algo confundida. De seguro, venía a pasar el rato con Bash, pero no comprendía por qué me venía a hablar a mí. Mi vista se dirigió hacia aquellos labios que en mi sueño me besaban con ferocidad, e intenté controlar la sangre que ya sentía acumularse en mis mejillas. —Has perdido algo anoche —dijo y me mostró las llaves de la cafetería. Mierda, sólo tenía un deber y lo había arruinado. —Agradecería si no le contaras a tu padre —le pedí y me dio una sonrisa mientras entrecerraba sus ojos. —¿A cambio de qué? —de lo que quieras, pero déjame ir o sólo podré recordarte desnudo sobre mí en mi sueño. Suspiré y me encogí de hombros. —Me da igual —intenté coger la llave pero él la apartó, lo que provocó que yo quedara más cerca de él y de su rostro. Tragué grueso, sabiendo bien que aquello delataría que ahora su presencia comenzaba a ponerme nerviosa. Aquella sonrisa en su rostro seguía intacta y asintió. —De ahora en más, me dejarás llevarte todos los días a tu departamento al cerrar la cafetería —lo observé confundida. ¿Acaso él no tenía cosas por hacer? De cualquier forma, eso no era de mi incumbencia. —Aquello no parece beneficiarte en nada, pero bien por mí —me rendí, aunque tampoco es que hubiese tenido que convencerme demasiado. Kai me dio una satisfactoria sonrisa y me entregó la llave. —Oh, claro que sí me beneficia —fue lo último que dijo antes de marcharse. Caí rendida sobre la silla con mi vista completamente perdida. —¿Anoche? —preguntó mi amiga con su mirada clavada sobre mí —¿Qué sucedió anoche? —insistió, ahora con un tono de voz más insistente —¿Finalmente te lo has tirado? Eso tendría sentido si luego tuviste un sueño erót... —le di un suave golpe en su brazo y cogí mi celular de vuelta. —Por supuesto que no me lo he tirado —le informé y suspiré —. Él y su grupo se quedaron hasta tarde en la cafetería y él sugirió llevarme a mi casa porque la noche no iba a permitirme regresar —expliqué y me dio una descarada sonrisa. —Supongo que te dejaré sola más a menudo —emitió y la fulminé con la mirada. —Más te vale no volver a hacerlo —le dije con mi voz firme —. No quiero pasar ni un segundo a solas con él —comenté y ella comenzó a reír. —Querida Piper, parece que no recuerdas el acuerdo al que acabas de llegar con él hace tan sólo unos minutos —ella se acercó a mi oído —. Su beneficio es tenerte para él solo —susurró y plantó un beso en mi mejilla —. Has firmado tu propia sentencia de muerte —bufé y volví a dejar caer mi cabeza entre mis brazos. Al llegar a la cafetería, temía que Kai se encontrara allí pero, al darle un simple vistazo, no lo divisé. Mi respiración se calmó y guardé mi abrigo para cambiarlo por el delantal del lugar. ¿Qué tenía de malo tener sueños eróticos? Es decir, sí, podía ser un poco vergonzoso, pero eso no significaba nada. No porque hubiese soñado con Kai desnudo significaba que así lo deseara o que fuera a suceder. No, esa era una tontería. Me digné a quitar aquella estúpida idea de mi cabeza y ser la misma Piper de siempre; la que no se siente intimidada por ningún hombre... a excepción de mi jefe. Él sí me hacía querer echarme a llorar a veces. En fin, aparté aquel pensamiento de mi mente y otro apareció; este fin de semana era la fiesta de cumpleaños de Liv. Aún debía comprarle su regalo y no sabía cuándo sería capaz de hacerlo. —Bomba s****l a la vista —me susurró Brynn y alcé mi rostro. De tan sólo verlo, mis manos comenzaron a sudar. No podía creer que estuviera sucediéndome esto. No podía permitir que su encanto comenzara a afectarme de esta forma. Aclaré mi garganta y la observé. —Encárgate tú de él —le pedí y me dirigí hacia la gran despensa de la cafetería. Al parecer, ese sería mi nuevo refugio. Ahora mismo, no podía lidiar con él. Lo haría cuando el efecto de aquel sueño se desvaneciera
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