Capítulo 9

1634 Palabras
Debo de haber permanecido unos cinco largos minutos con mi vista clavada en la etiqueta de una de las latas. Suspiré y aquel sueño erótico volvió a aparecerse en mi cabeza. Sus manos acariciando mis muslos y sus feroces besos en mi cuello... Diablos. De tan sólo pensarlo, mi feminidad comenzaba a latir. No podía creer que esto estuviera sucediéndome. > recuerdo las palabras de mi hermana. Por sobretodo, él era todo un casanova. Yo había sido la primera en rechazarlo y me gustaba haberlo sido. Ese tipo de hombres deben comprender que no siempre tendrán a quien quieran cuándo quieran. Bufé y apoyé mi espalda sobre la despensa. Pensándolo bien, sentir atracción por él no era un delito. Es decir, no estaba enamorada de él. Si de frustración s****l se trataba, eso era fácil. Podía conseguir a alguien para que me diera una experiencia de un mediocre puntaje de tres. Sí, eso es lo que debía hacer. De seguro, aquel sueño había sido algo engañoso. Probablemente, Kai no fuera tan bueno en la cama como lo había soñado pero aquello se había sentido extremadamente bien. —Hey —su voz me sobresaltó y salí disparada del estante. Él llevaba una estúpidamente atractiva sonrisa en su rostro. Mantén el control, me recriminaba mi mente —, ¿te has perdido? —bromeó y fingí que aquello me había causado gracia. —Yo estaba buscando... —observé a mi alrededor y cogí lo primero que encontré. Una lata de tomate. ¿Alguien podía explicarme por qué demonios había una lata de tomate en la despensa de una cafetería? — esto —él me observó por unos segundos, como estuviera preguntándose por qué la necesitaba. —¿Y eso para qué? —Kai estaba bloqueando la puerta. Eso me traía recuerdos de aquel día en que se había metido a mi habitación y Liv estaba fuera. —No creerías lo exitoso que es en el café —respondí, sin siquiera yo creerlo, y él rió. —Es eso, ¿o estás evitándome? —clavé mi mirada sobre él y me eché a reír como si hubiese dicho la mejor broma del siglo. El arrogante Kai que tanto detestaba acababa de renacer de entre las latas. —Para evitarte, primero tendrías que importarme. No eres el centro del mundo, Kai —intenté apartarlo de la puerta pero fue inútil. Él no se había movido ni un centímetro y tenía su seria mirada posada sobre mí. Por supuesto, su sonrisa había desaparecido por completo y aquel vivido sueño se hizo presente. No, ahora no era el momento. Como por arte de magia, le di un golpe mental y se desvaneció. —¿Podrías hacerte a un lado? Debo seguir trabajando —le pedí firme pero intentando mantener la calma. —Estaré esperándote a las siete —me informó, ya que era la hora en la que terminaba mi trabajo, y se hizo a un lado. Salí de allí y regresé a mi lugar. Brynn clavó su mirada sobre mí y luego sobre Kai, que se encontraba saliendo de la despensa. Ella me dio una sonrisa pervertida y rodé mis ojos. Estaba a punto de entregarle a Kai con moño y cereza... aunque no me perteneciera en lo absoluto. Afortunadamente, él se había marchado de la cafetería y eso me permitía trabajar con normalidad. Recibí un mensaje en mi celular y esperaba que no fuera aquel psicópata. ¿Cómo habría conseguido mi número? Lo cogí y respiré aliviada al ver que era un mensaje de mi hermana. > leí y reí. Por supuesto que recibiría mi regalo. De otra forma, ¿cuál era la gracia de cumplir años? —Pienso que hoy es una increíble oportunidad para que te lo tires —me susurró y golpeé su brazo con mi puño. —No seas ordinaria, Brynn. Hazlo tú. Parece que te mueres por hacerlo —comenté de mala gana. Su insistencia constante, sumado a aquel sueño, me ponía de mal humor. Ella bufó. —Ganas no me faltan —admitió —, pero no es mi tipo. ¿Formar parte de su lista? No, gracias —asentí. —Ya me entiendes —emití, sin quitar mi vista de la máquina que se encargaba de preparar el café. —Ya, pero tú sí tienes ganas —rodé mis ojos. La voz constante de Brynn requería un botón de 'off'. No me malinterpreten, la adoro, pero a veces puede llegar a ser demasiado —. Ese sueño no ha sido insignificante —largué el aire contenido de mis pulmones y la observé —. ¿Qué pierdes? Ambos se desean sexualmente, son jóvenes y guapos. —Mi amor propio es mayor al deseo. Además, no lo deseo, sólo me encuentro sexualmente frustrada —comenté, simplemente, y Atlas se apareció frente a mí, preparado para realizar su pedido. Aclaré mi garganta —. ¿Qué deseas? —le pregunté y me dio una descarada sonrisa. —¿Qué deseas tú? El amor propio no te lleva a ningún lado —maldición. Lo observé por unos segundos, deseando que la tierra me tragara. Había oído todo lo que acababa de decir... Brynn rió por lo bajo y la fulminé con la mirada —. ¿Hay algo en lo que pueda ser de ayuda? —él se acercó un poco a mí. Posé mi mano sobre su rostro y lo aparté de mí. —Eso sería asqueroso, concuñado —ahora, usé aquella palabra que a él parecía encantarle decirme. Atlas se encogió de hombros, aunque sabía que aquella palabra había tenido algún tipo de efecto en él. —Nadie tiene que descubrirlo —rodé mis ojos. —Si no me echaran por hacerlo, ahora mismo estarías bañado en café caliente —le di una falsa sonrisa y él se acomodó en su lugar. —Tú te lo pierdes —me dijo y Brynn miraba la escena como si fuera una telenovela. Sólo le hacía falta las palomitas de maíz. —Entonces, ya que somos familia, supongo que estás al tanto de la fiesta de Liv el sábado por la tarde —él asintió. —Quiero un cappuccino —ordenó y Brynn se marchó a prepararlo —. Sí sabes que el hecho de que nuestros hermanos estén casados no significa nada para nosotros, ¿verdad? —lo cogí de su playera y lo acerqué a mí. —Esfúmate —le susurré, más seria de lo usual, y él se apartó de mí, planchando la arruga de su playera ocasionada por aquel agarre mío. —Ya cambiarás de parecer —emitió, antes de marcharse a por su café. No podía creer que él y Jed fueran tan opuestos. A fin de cuentas, el único que me agradaba en aquel grupo era Bash. Las horas pasaron y mi primera sentencia hizo su aparición. El reloj daba las 6:50p.m. y la cafetería ya estaba vacía. Mi respiración se aceleraba de tan sólo pensar en volver a estar a solas con él. —No lo pienses demasiado —Brynn me quitó de mis pensamientos y bufé. En parte, ella tenía razón. Nada más que aquel beso bajo el muérdago había sucedido. Los sueños siempre estaban muy alejados de la realidad. ¿Por qué estaba nerviosa? Piper Brightly, no caerás en su juego. Piensa en lo bien que se siente que por fin alguien se digne a rechazarlo una y otra vez. Sí, eso me resultaba de alguna forma reconfortante. Él sólo te llevará a tu casa y eso es todo. —¿Sigues ahí, Piper? —mi amiga volvió a quitarme de mis pensamientos y asentí —¿Te encuentras bien? Por supuesto que no. —No sé qué comprarle a Liv por su cumpleaños —mentí. Volver a hablar de Kai me daba dolor de cabeza. Ella continuaba limpiando las mesas mientras yo ordenaba todo y limpiaba las máquinas. —¿Qué tal un gas pimienta? —al recibir aquella respuesta, la observé desconcertada — Debería mantener a su cuñado lejos —añadió y comencé a reír. Siendo honesta, aquella no era una mala idea. —Estaba pensando en regalarle un pendrive con las canciones de nuestra infancia —comenté. —Tu plan es adorable, el mío efectivo. ¿Por qué no ambos regalos? —me era imposible aburrirme con su compañía. A veces, podía ser un dolor en el trasero, pero ella era única. Era muy afortunada de tenerla como mi mejor amiga. —Me parece buena idea. Dimos por finalizada nuestra labor y cogimos nuestras pertenencias. El frío parecía no cesar y me aliviaba que Brynn viviera a sólo una cuadra de la cafetería. De otra forma, jamás hubiese aceptado la propuesta de Kai. En cuanto a él, no había rastros. —No me sorprendería que sólo estuviera jugando conmigo —le digo a mi amiga. Ella observa con una sonrisa a alguien detrás de mí... por supuesto. Volteo a verlo y me encuentro con su mirada sobre mí. —Pues, sorpresa —emitió y mi amiga cogió las llaves de la cafetería de mi mano. —Luego de que las hayas perdido, no creo que sea buena idea que tú las tengas —me dijo y rodé mis ojos. Había sido un accidente... —¿Lista para marcharnos? —me pregunta él y asiento. —Conduce con cuidado —le dice a Kai — y no se diviertan demasiado —la fulminé con la mirada y Kai sólo sonrió. Él se echó a caminar hacia su coche y Brynn cogió mi trasero con sus manos por detrás —. Mentira, diviértanse mucho —me susurró y se echó a correr como si hubiese robado un diamante. Divertirme no pero, al menos, no me congelaría del frío
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