Capítulo 6

1756 Palabras
Athena En ese momento mi mundo se detuvo y un recuerdo vívido llegó a mi mente. Fue hace tiempo cuando tan solo tenía dieciséis años, mi hermano mayor murió en un operativo cuando una bala atravesó su corazón. El día de su partida no solo perdí a mi hermano sino que también perdí a mi familia. La muerte de Oliver destruyó a mi madre y al no soportar su dolor decidió alejarse de todos y de todo; no le importó lo mucho que mi padre y yo la necesitábamos, en ese momento solo le importaba sanar sus propias heridas, así que, tomó sus cosas y se marchó a Virginia. No pasó más de un año cuando supe que mi madre se había vuelto a casar y ahora tenía una nueva familia, nuevos hijos, pero y ¿dónde quedaba Athena? Había comprendido que ella había tomado sus propias decisiones y yo también había tomado las mías. Durante toda mi vida vi a mi padre dar su vida día con día para darme un hogar, educación y seguridad. Cada día lo veía marcharse a la estación de policía y trabajar duro para enseñarme lo que es el verdadero sentido del deber con nuestra sociedad y con nosotros mismos, es por ello que decidí seguir sus pasos y los de mi hermano. Decidí ser policía. Entonces ¿cómo pude acceder a esto? Unirme a uno de los mafiosos más temidos de Los Ángeles jamás llegó a estar en mis planes. —Lo que sea que estés pensando será mejor que lo digas ahora. —Miro a Nader, él seguía sentado en un sofá frente a mí mirándome fijamente. —No lo entiendo —dejo de mirar el pequeño estanque para concentrarme solo en él —no necesitas de la policía cuando tú tienes todo cubierto —me inclino hacia el frente recargando mis brazos sobre mis muslos —¿Qué es lo que en verdad quieres Nader? —Él cruza una de sus piernas adoptando una postura relajada. —Eres muy perceptiva preciosa —las comisuras de sus labios se elevaron ligeramente. —No acostumbrado a dar explicaciones, pero ya que vamos a trabajar juntos creo que es conveniente entrar en detalles. Digamos que Cedric me ha estado jodiendo varios de mis negocios al tratar de poner en mi contra a varios de mis socios. —Serían muy estúpidos si aceptan tratos con alguien que está en la mira del FBI. —Interrumpo. —Pero Cedric no está solo —sus palabras no me sorprendieron después de todo esa clase de escorias solía trabajar con alguien. —Hay alguien que está ayudándolo, alguien que conoce todos mis movimientos y como funcionan todos nuestros negocios. —Muerdo mi labio inferior tenía una idea de lo que él quería decirme. —Por la expresión en tu rostro supongo que sabes a que me refiero. —Un traidor. —Afirmo, tener un traidor en la mafia era más común de lo que se pensaba; la ambición por el poder del otro era objetivo de todos los líderes que pertenecían a la mafia; sin embargo, ¿qué impedía que Nader acabara con ese traidor? Él era conocido no precisamente por su diligencia. —Cedric solo es un peón, pero a quien busco es a alguien que se atrevió a apuñalarme por la espalda. —Sus palabras eran profundas y frías, no lo demostraba, sabía que le dolía así que solo podía haber solo una persona que fuera capaz de poner de esa manera a Nader Eljal. Una mujer. —Ella me conoce bien —eso confirma mis sospechas —un paso en falso más y la policía logrará atraparme. —No pude evitar sentirme aliviada, esperé mucho tiempo para escuchar eso —es ahí donde entras tú. —Nader se puso de pie dándome la espalda con la mirada fija hacia el estanque —soy cauteloso, pero no descarto las posibilidades de que puedan atraparme, así que, espero que puedas ayudarme en eso cariño. —Sabía que él tramaba algo. Me pongo de pie y me coloco a su lado. —Al ayudarme a encontrar a Cedric y rescatar a Francescca quieres que yo te ayude a reducir tu condena, eso es lo que quieres ¿verdad? —Él sonríe de lado. —No —niego —quiero mi libertad —lo que pedía sería difícil después de todo Nader encabezaba la lista de los más buscados del FBI. —Tienes razón, no necesito de la policía, pero en este negocio necesitaba obtener algo a cambio. —Nader tomó mi mentón para que lo mirara fijamente. —Si vas a trabajar conmigo debes saber que siempre me muevo buscando mis propios intereses y preferiría morir antes que estar encerrado. —Bien pudiste ir a la estación y decir todo esto que me estás diciendo ¿para qué secuestrarme? —Ya te he dicho que no quiero a la policía entrometiéndose en mis asuntos —repite nuevamente, esto era una completa contradicción. —Sé quien eres Athena y la razón por la que te elegí a ti es porque estoy seguro de que tienes asuntos pendientes con Cedric Hayes —frunzo el ceño. —La única razón que tengo para atrapar a ese hombre es solo para recuperar a la mujer que tiene secuestrada al contrario de ti, mi interés no es personal. —Me encojo de hombros. —Oliver Brookes ¿te suena ese nombre? —Mi cuerpo se tensó cuando reconocí el nombre de mi hermano. —agente de la policía, un hombre que supo llevar a cabo su deber con valentía y honor y hace trece años, por primera vez en el mes de abril, la radio 1384 dejó de estar activa —un nudo se formó en mi pecho cuando lo escuché recitar las palabras que fueron dichas en el funeral de mi hermano, pero ¿cómo es que él conocía esas palabras? —¿Sabes por qué conozco la historia? La razón por la que tu hermano está muerto es porque él descubrió una venta ilícita de drogas y el vendedor estaba vinculado personalmente con Cedric y al ver a tu hermano como una amenaza no dudo en dispararle. —Mi corazón se quebró en ese momento. —No es posible. —Al igual que yo, tú también tienes asuntos pendientes con él, así que, no veo porque te empeñas en cuestionar mi ayuda. Yo soy la mejor opción que tienes. —Siento sus dedos rozar mi mejilla. —No suelo confiar en nadie, pero cuando te vi, te elegí porque veo en ti una persona leal y confiable. —Me aparto bruscamente. —No soy una mascota que solo moverá la cola cuando ve a su amo —digo con firmeza —no me importa si lo que dices acerca de mi hermano es cierto o no, solo sé que el murió haciendo su deber —espeto —así que, estoy dispuesta a ayudarte, pero no por que quiera acabar con Cedric Hayes sino porque quiero salvar a esa chica —Nader sonríe satisfecho. —Solo voy a pedirte una cosa. —Él arquea una ceja. —¿Qué? —Cuando encontremos a Cedric él estará bajo la custodia del FBI —exijo. —Tú ni nadie lo asesinará. —Nader soltó una carcajada. —Hecho, pero a cambio te pediré algo. —¿Qué? —Esta vez fue mi turno de preguntar. —Quiero que me garantices mi libertad. —Muerdo el interior de mi mejilla. Sabía que lo que me pedía era imposible, pero tener al líder de la mafia árabe de mi lado era una ventaja que no iba a rechazar. —Haré lo que pueda. [...] Después de aquella charla con Nader regresé a mi habitación, miré a mi alrededor tratando de encontrar lo que buscaba y definitivamente lo encontré en una de las cómodas de madera blanca que adornaba la habitación. Introduje mi mano y encontré hojas de papel y un bolígrafo, esto sería suficiente para procesar toda la información que recibí hace un instante. Me quedaba claro que Nader tuvo sus razones para acudir a mí, él quiere protegerse; un fin egoísta tal y como era de esperarse de alguien de su clase. > Una vez que terminé de garabatear teorías y posibles hipótesis dejé a un lado mis anotaciones para dejarme caer sobre la cama, tenía entendido que la droga que me suministraron tardaría en salir de mi sistema completamente, así que, lo más razonable sería ir a dormir, pero dudo que pueda llegar a conciliar el sueño estando bajo el mismo techo que un mafioso. Cuando me dispuse a cerrar la ojos la puerta de mi habitación fue abierta repentinamente haciéndome sobresaltar. Se trataba de Nader. —¿Qué haces aquí? —Fue mi primera pregunta. —Tranquila —él entra colocándose junto a mí. Cuando estuvo a mi lado no pude evitar ponerme de pie, era como un especie de reflejo al tener a Nader cerca de mí. —Solo vengo a ver que te encuentres bien. —Esto debía ser una broma, como si me fuera posible estar cómoda bajo el mismo techo del hombre más buscado de Los Ángeles. —Lo estoy. —Digo cortante, no deseaba iniciar otra pelea. Él asiente en respuesta y se pone de pie al mismo tiempo que pasaba su mano por su cabello oscuro. —Vine a entregarte esto. —Nader deja sobre la cama un pequeño objeto, se trataba de un teléfono móvil. Mi teléfono móvil. —¿Por qué? —No podía salir de mi asombro. —Le hice unos ligeros ajustes, ya que, creo que vas a necesitarlo para ponerte en contacto con ellos —dice haciendo referencia a mis compañeros de la policía, Nader sabía que a pesar de que decidí ayudarlo necesitaba apoyo de la estación de policía. —Pero no quieras pasarte de lista porque no creo que haya necesidad de que te recuerde que podría pasar si llegas a traicionarme —me tenso ligeramente. —No es necesario —hablo con dureza. —Te di mi palabra. —Y más te vale cumplirla. —Nader se da la vuelta y sale por donde había llegado dejándome sola de nuevo. Había algo diferente en sus ojos que él mismo trataba de ocultar, era como si no quisiera que nadie conociera su lado amable y se empeñaba en ocultarlo tras aquella careta de crueldad. Entonces me surgió una pregunta ¿quién era realmente Nader Eljal?
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