Capítulo 5

1768 Palabras
Nader Sus ojos marrones me miraban con ¿ira o tal vez odio? Me era imposible descifrar las emociones de las mujeres, así que, no podía entender todo ese sentimentalismo por parte de ellas, es por ello que jamás me involucré con una y creí que mi hermano pensaría lo mismo después de todo somos mellizos, pero creo que fui yo quien heredó toda la inteligencia. En fin, la única razón por la que esta mujer sigue con vida es porque necesito de su ayuda. —¿Negocio? —Dice ella con sorna —¿por qué me involucraría contigo en un negocio? —Me encojo de hombros ya que no veía el problema. —Solo por curiosidad ¿de qué clase de negocio hablamos? —Veo que al fin estás interesada. —Lo sabía, nadie podía resistirse a mis propuestas, claro, si la gente sabía lo que le convenía. Y lo que más les conviene en no hacerme enfadar. —No, solo quiero saber para saber que cargos agregar para que aumenten tu condena por lo menos treinta años más —no pude evitar sonreír después de todo ella era tan ilusa como para pensar que algún día pisaría la cárcel. —Sabes que soy policía ¿verdad? —Definitivamente —dejo de jugar con mi vaso de whiskey y tomo asiento en mi sofá. —Eso te hace perfecta para este trabajo y por ello estás aquí. —Ella me mira sin comprender. —No importan tus razones absurdas, así que, sino vas a matarme me iré enseguida de este lugar. —Estaba decidida a salir de aquí, así que, no me molesté en alertar a mis hombres ya que salir de mi casa era técnicamente imposible y en cuanto a la ubicación, creo que es el momento de decirle que no nos encontramos en Nueva York. —Déjame poner en claro tu situación preciosa —Digo poniéndome de pie. —En primera tú no irás a ningún lado a menos que yo lo diga y segunda, me pregunto como vas a regresar a Nueva York. —Sus ojos se ampliaron provocando una risa de mi parte. —¿Qué quieres decir con regresar a Nueva York? ¿Dónde estamos? —No respondo solo me limito a dar otro sorbo a mi whiskey; sin embargo, lo que sucedió después no me lo esperaba. Ella me arrebató el vaso dejándolo caer violentamente al suelo provocando que el cristal se esparciera en miles de pedazos. Esta mujer me estaba acabando con mi paciencia. —¿Dónde mierda estamos? —Me pongo de pie quedando cara a cara con ella. Yo le ganaba por lo menos tres cabezas y; sin embargo, no se atrevió a bajar la mirada. Me agradaba la actitud de esta mujer, era una verdadera lástima que perteneciera a la policía. —Estás comenzando a cabrearme mujer —trato de que mi voz sonara calma, pero no lo logré. — ¡Así que baja el puto tono de voz! ¿Sabes con quién mierda estás hablando? Soy el puto amo de la mafia árabe. —Lo sé —responde con cautela. —Pero para mí no eres nadie; en tu mundo podrás ser el jefe y el amo de todos, pero no para mí. Tú Nader Eljal solo eres para mí un criminal más, así que, no me pidas que te trate con respeto y si mi sinceridad es una razón para torturarme te sugiero que lo hagas porque jamás cambiaré de opinión. —Mis manos estaban hechas puños y podía sentir mis uñas clavarse en mi piel, era la primera vez que una mujer me hablaba de esta manera y que me dejaba sin palabras. —En mi vida... —inicio. —Jamás lastimaría a una mujer. —Tal vez era imposible que ella me creyera después de la larga lista de muertes que encabezan mi currículum; sin embargo, no mentía. Mi padre era un hijo de puta que lastimó a mi madre y a mi hermana, pero todo ese infierno acabó cuando murió y cuando heredé el imperio de la mafia dejé a un lado esas costumbres para dedicarme solo al negocio familiar. —¿Dónde estamos? —Pregunta con calma. —Los Ángeles. —Respondo. Ella me mira inexpresiva. Creí que solo analizaba la situación o eso creí hasta que Athena se desvanece, por suerte fui más rápido antes de que su cuerpo tocara el suelo; el desmayo fue un efecto secundario de la droga que seguramente todavía no salía de su sistema y la repentina noticia provocó que su cuerpo colapsara. La tomé entre mis brazos y la coloqué sobre el sofá. —¿Qué quieres de mí? —Su voz fue apenas fue un audible susurro. —Ya te lo dije —dije en voz calma. —Necesito de tu ayuda. —¿Qué pasa si me niego? —No me gusta actuar de esta manera, pero debes saber que siempre obtengo lo que quiero —podía sonar arrogante, pero no tenía porque mentir, es era la verdad —. No importa como, pero siempre lo hago. Sin embargo, si te rehúsas a cooperar no me dejas más opción —con un solo chasquido Kaim ingresó al salón y me entregó un iPad —no querrás que algo malo le pase a tus seres queridos —vi su cara palidecer cuando le mostré una vídeo llamada en donde aparecía un hombre mayor leyendo el periódico, se trataba del padre de Athena y en la siguiente imagen aparecía un hombre joven corriendo en una caminadora en un gimnasio; no sabía que relación tenía exactamente con ese sujeto, pero algo me decía que él era importante para ella. —¿Qué debo hacer? —No pongas esa cara preciosa que no deseo lastimarte a ti —ella me mira a través de sus pestañas —verás, esto va más allá de lo que te imaginas. Solo deseo que me ayudes a cobrar venganza —esa palabra había estado rondando mi mente desde hace tiempo y no iba a descansar hasta ver muerto a ese hijo de puta. —¿Cómo? —Tengo entendido que estás llevando el caso de Francescca Trembley. —Esa es información clasificada. —La miro con media sonrisa, si tan solo supiera no hay información que yo no pueda conseguir. —¿Qué sabes de ella? —Ella muerde su labio inferior como si dudara de en decirme lo que sabía. —Fue secuestrada por un líder de la mafia, su nombre es Cedric Hayes quien está acusado de lavado de dinero y narcotráfico —asiento, ella sabía lo suficiente así que no tendría que entrar en detalles. —¿Qué interés tiene alguien como tú en un caso como ese? —Solo tienes que saber que no debe preocuparte —coloco un brazo en el respaldo del sofá provocando que nuestros rostros estuvieran demasiado cerca. —Después de todo solo quiero ayudarte. —¿Qué quieres decir? —Digamos que Francescca Trembley es parte de mi familia —ella me mira sorprendida —ella no es parte de la mafia si eso piensas —me apresuro a aclarar. —Ella es la mujer de mi hermano y por lo que tengo entendido, tú lo conoces ¿cierto? —Hablas de Malek. —Sus palabras eran más una afirmación que una pregunta. —Así es —afirmo —no debes preocuparte por él, mi hermanito ha estado retirado de este negocio por más de nueve años, así que, él no es el problema —hago una pausa esperando que no hubiera alguna pregunta de su parte. —El problema es que mi querido hermano está desesperado por encontrar a esa mujer por tanto en un acto de locura dijo que se ofrecería como consultor del FBI para ayudar a atrapar a Cedric; sin embargo, por obvias razones no quiero a la policía entrometiéndose en mis asuntos, así que, para evitar esa situación me ofrecí a traer a Francescca de vuelta. —Sigo sin entender que tengo que ver en esto. —Responde con irritabilidad. —Te he investigado Athena Brookes —uno de mis métodos era investigar a fondo a las personas antes de trabajar con ellas, eso ayudaba a definir que si eran confiables o no, porque en este negocio siempre habrá alguien dispuesto a apuñalarte por la espalda. Solo sobrevive el más apto tal y como lo dijo Darwin. —Sé que eres la mejor agente cuando se trata de la mafia, has arruinado diversos negocios de sujetos peligrosos y aquí sigues, de pie luchando por hacer justicia. Es por ello que quiero ofrecerte que te unas a mí. —Debes estar bromeando. —Jamás bromeo con asuntos tan importantes agente Brookes, el éxito se mis negocios se debe a mi carente sentido del humor —ella tensa sus labios, lo cuales no me había percatado que eran carnosos y pálidos —Tú deseas encontrar a Francescca y yo solo quiero meter una bala en el culo de Cedric, fácil ¿no lo crees? —Aunque quisiera ayudarte ¿cómo podría? Cedric ha desaparecido del mapa. No tengo idea de donde se encuentra. —Nuevamente tomé el iPad y comencé a buscar algo. —Es una suerte que yo sí —le muestro una fotografía en donde aparecía Cedric junto a una mujer en un club nocturno. —Cedric fue visto hace tres días aquí en Los Ángeles. —Pero ¿cómo es posible? —Ella no parecía salir de su asombro. —Ventajas de ser el jefe —respondo con altanería —hace unos días compré los clubes nocturnos más importantes de la ciudad y tengo a mi gente en cada rincón de Los Ángeles. Ellos son mis ojos y mis oídos, no hay nada que pueda pasar desapercibido sin que yo lo sepa. ¿Qué dices agente Brookes? Olvidar nuestra enemistad por un momento e ir tras ese imbécil después de todo solo importa la vida de esa chica ¿verdad? —Ella duda por un segundo. —¿Estás dentro? —Lo estoy —no pude evitar sentirme satisfecho cuando ella acepta mi trato —Pero después que todo esto termine y Francescca esté de vuelta volveré a perseguirte y no descansaré hasta verte refundido en la cárcel Nader. —Estaré ansioso —Athena extiende una mano para sellar el trato así que la tomé para depositar un beso en su dorso. —Bienvenida a la sede la mafia, será un placer tenerla con nosotros agente Brookes. Que inicie el juego de la mafia.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR