Rayner vendó los ojos de Leticia dos días después de la boda de su hermano y la llevó a escondidas lejos de todos. Cubrió sus ojos con una de sus corbatas perfumadas y la sacó de la mansión para llevarla a la cima a donde siempre solían ir cuando ella necesitaba estar a solas. Esa noche sería luna menguante y no habría tantas nubes que ocultasen el cielo. Por eso fue por ella cuando la tarde estaba cayendo y el naranja pintaba las nubes esponjosas. Leticia confiaba tanto en él, que no cuestionó el que la llevara vendada a alguna parte. Mientras no fuese un restaurante o algo tan glamuroso, se daba por bien servida. No quería que él fuera como el resto de los hombres que la llenaban de lujos para llevarla a la cama, para impresionarla, ni para alagarla hasta hastiarla. Solo quería que fue

