121 | Hasta que la muerte nos una

2746 Palabras

Sierra balanceó las piernas en el taburete de la cocina y golpeó su mejilla con el bolígrafo. Tomaba notas importantes de su boda. —¿Pudo tener invitados? —preguntó. Styx estaba pintando la pared secundaria del recibidor. —¿A quién quieres invitar? Sierra lo pensó un segundo. —Mi amiga Letty. Styx pasó la brocha y rodó los ojos. —Eso es una persona. —Seguro irá con alguien —dijo Sierra en un ademán. De nuevo Styx rodó los ojos y tuvo esa expresión de confusión. —¿Ir a dónde? Sierra arrugó las cejas. —A la boda —soltó—. Enfócate. Styx se rascó la cabeza y miró sus piernas desnudas. —No puedo cuando luces así —dijo señalándola con la brocha llena de pintura—. Debería ser un crimen que uses mi ropa. Sierra miró abajo. Llevaba los calcetines grandes de Styx que casi le

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