Capítulo: La Reina sin su Rey El aire en el castillo olía a hierro y ceniza. El eco de la batalla todavía flotaba en los pasillos, y aunque los muros permanecían en pie, el espíritu de la fortaleza estaba quebrado. Nadie quería pronunciarlo en voz alta, pero todos lo sabían: el alfa había caído. Abigaíl despertó tres días después de aquella noche fatídica. Abrió los ojos lentamente, y lo primero que sintió fue el peso en su pecho: un dolor insoportable, como si su corazón hubiera sido arrancado a la fuerza. Se llevó la mano al cuello, donde su marca con Kilian ahora era oscura, apenas un residuo de lo que había sido un vínculo ardiente y vivo. El grito que escapó de su garganta heló a quienes estaban en la habitación. Ross fue la primera en acudir a su lado. —¡Mi Luna! —exclamó, tománd

