capítulo 9

1298 Palabras

La fiesta había terminado antes de lo previsto. Los rumores corrieron rápido entre los nobles: la princesa Abigaíl se había sentido indispuesta, y por ello, se había retirado a sus aposentos con discreción. El emperador, con su porte habitual y una sonrisa controlada, aplacó cualquier sospecha con unos cuantos brindis de más y frases ensayadas. —Los nervios del debut, ya saben —decía mientras alzaba su copa—. Y una pizca de vanidad femenina. Mañana, mi hija volverá a brillar como siempre. Tras despedir personalmente a los invitados más importantes, el emperador se acercó a la doncella que servía a Abigaíl. —Cuídala bien —le indicó con tono bajo—. Que nadie entre ni salga de su habitación. Ninguna de sus hermanas. Ningún curioso. Y si despierta, infórmame de inmediato. La muchacha asin

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