capítulo 10

1162 Palabras

Cuando Abigaíl abrió los ojos, el sol ya se filtraba por las cortinas de lino dorado. Su cuerpo estaba cubierto por las sábanas suaves, pero el calor aún persistía en su piel como una memoria reciente, casi indecorosa. Giró la cabeza hacia el sofá y descubrió que Kilian ya no estaba. Por un segundo, se sintió extrañamente… vacía. Se incorporó con lentitud. Su cuerpo protestaba con pequeñas punzadas donde había tensión acumulada, y su cuello ardía con un cosquilleo particular. Fue al espejo, aún en camisón, y cuando vio la marca oscura, rojiza, claramente dejada por colmillos, dejó escapar una risa baja, incrédula. —Claro que sí, lobo descarado... Acarició el borde de la mordida con los dedos. No sangraba, pero tampoco parecía superficial. Era una marca de poder, de dominio. Un aviso al

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