35.

1891 Palabras

GINEVRA La casa no es un hogar. Es una jaula elegante. Cada ventana tiene vista al exterior… pero ninguna salida real. Cada puerta está vigilada, cada movimiento registrado, cada silencio acompañado. Los hombres de Aslan no me hablan más de lo necesario, pero su presencia constante es un recordatorio de algo que todavía no termino de decidir: si estoy a salvo… o si simplemente estoy controlada. Porque la guerra no se detuvo. La siento incluso aquí dentro. En la tensión de los guardias. En los cambios de turno más frecuentes. En la forma en que todos están armados incluso para respirar. Volkovich está cerca. Y eso significa que nadie está realmente a salvo. —Señora. La voz del guardia en la puerta me saca de mis pensamientos. Me giro lentamente, notando la rigidez en su postura.

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