LA FIESTA DE PRESENTACIÓN

2296 Palabras
El gran día ha llegado, el castillo entero es un caos, los sirvientes van y vienen a toda prisa, las doncellas preparan nuestros atuendos y nos ayudan a arreglarnos, los guardias reales custodian los alrededores, todos parecen estar muy nerviosos, excepto mi padre y Ezra, quienes como siempre, muestran una cara de seriedad absoluta, como si ninguna emoción tuviese cabida en su rostro. Al caer la noche el gran salón se comienza a llenar de invitados, hombre y mujeres vistiendo elegantes atuendos, todos conversando jovialmente y riendo. Al fondo del salón se encuentran los reyes sentados en sus tronos observando todo a lo lejos, tomados de la mano como si en verdad fuesen una pareja cariñosa, junto a mi padre, se encuentra de pie su primogénito, con un semblante radiante. Mis hermanitos se encuentran jugando y comiendo en el jardín, junto a otros pequeños que fueron llevados al evento, todos cuidados ´por sus respectivas nanas. Mi hermana y yo estamos en un pequeño cuarto detrás del trono, separado solo por una pesada cortina roja. De vez en cuando Lara y yo nos asomamos por una orillita para poder espiar, sin embargo, no debemos dejarnos ver hasta que seamos anunciadas, al final de cuentas no debemos olvidar que toda esta algarabía es para ofrecer la carne nueva que esta en venta en el reino de Liam. Una vez que la fiesta esta en todo su esplendor, el rey Jared se pone de pie y la música se silencia, todos los presentes se giran hacia el monarca expectantes a su aviso. -          Buenas noches queridos amigos, gracias por haber aceptado la invitación a este modesto banquete. Como sabrán ahora mismo tengo dos hijas en edad de matrimonio, y es de mi absoluta complacencia presentarlas en sociedad. – Una lluvia de aplausos al unísono se hizo presente, anunciando nuestra salida. Lara era la primera en atravesar la cortina. -          Con ustedes mi radiante hija mayor Lara, quien tiene un exquisito conocimiento en artes, es hermosa, gentil y educada como una dama. – Mas aplausos llegaron tras las palabras del rey seguido de algunos aclamos de sorpresa y agrado, ciertamente Lara era muy bella y poseía todas las virtudes que papá había enumerado a su favor. Ya casi era mi turno de salir, en verdad sentía mucha curiosidad como me presentaría el rey, seguro no como un manojo de virtudes, no tenía ni la mitad del conocimiento y habilidades de mi hermana, esa testaruda e imperiosa, pero tomando en cuenta que la intención de mi padre es vender su mercancía al mejor postor, definitivamente no podía expresar la realidad sobre mí, así que debía o disfrazar la verdad o mentir… ¿Qué opción elegiría? -          Con ustedes mi segunda hija, una señorita con la virtud de la belleza y la juventud, su corta edad la hace una damisela con un espíritu enérgico y alegre. – Bueno, no mintió, pero seguro quien me compre le reclamará mas tarde todo lo que tuvo a bien omitir… ok, es mi turno de salir. Al atravesar la cortina los aplausos no se hicieron esperar, mi hermana ya estaba de pie junto a mi madre y a un lado me colocaría yo. El salón se veía increíblemente hermoso y elegante, había personas de todas las edades y diferentes rasgos físicos, algunos altos y delgados, otros bajitos y rechonchos, pero ninguno de ellos nos quitaba la mirada de encima, resultaba bastante incomodo tanta atención sobre nosotras. Con un movimiento de la mano del rey, la música volvió a sonar, las parejas qué estaban al centro se tomaron de la mano y comenzaron a danzar. La algarabía se hizo presente de nuevo, había risas y murmullos por doquier. Uno a uno se empezaron a acercar los hombres solteros que habían asistido al baile para conocernos, algunos eran jóvenes y venían acompañados por su padre quien los presentaba como el mayor de sus orgullos, otros se acercaron solos  ya que eran caballeros de mayor edad, algunos incluso de la edad de mi padre o mayores quienes se acercaban haciendo una reverencia al rey mientras nos lanzaban miradas libidinosas, no podía evitar sentir escalofríos y nauseas ante semejante derroche de desfachatez, y lo peor del caso es que mi padre parecía agradarle mas los hombres mayores que los jovencitos de nuestra edad. Cuando al fin se termino la larga fila de pretendientes nos permitieron movernos de ese sitio para recorrer el salón. Al fondo había una mesa llena de deliciosos bocadillos, yo estaba muerta de hambre y me dirigí directamente hacia allá, esquivando algunos saludos e invitaciones a bailar. Al llegar a la mesa y voltear a ver a mi hermana, me di cuenta que ella no había logrado esquivar tan bien como yo las manos que se le presentaban en el camino, pues ahora bailaba en silencio con un caballero no mucho mayor que ella al centro de la pista, me encogí de hombros y me dispuse a elegir cuanto bocadillo entro en mi pequeño plato. Se veían muy apetecibles, agarraba uno y lo mordía y después lo colocaba en mi plato, al llenarlo comencé a tomar algunos en una servilleta, mi plan era salir de ahí bien provisionada, una vez con el estómago lleno podría disfrutar mejor del ambiente, pero por ahora solo quería un poco de tranquilidad y quitarme de encima todas esas miradas interesadas en mi posición o en los favores del rey. Estaba a punto de retirarme cuando una voz suave y masculina me hablo a mis espaldas -          Deje algo para los demás señorita – Me sorprendió tanto que casi tiro mi plato de comida, gire sobre mi eje dispuesta a reclamar su impertinencia, pero mi valentía fue vencida por una sonrisa radiante y unos bellos ojos color miel. Casi me atraganto con el canapé que llevaba en la boca, comencé a toser y carraspear la garganta, tratando de no parecer tonta mientras intentaba que alguna palabra viniera a mi mente. El se limito a sonreír tímidamente y ayudarme a limpiar mi boca con un sedoso pañuelo que saco de su elegante vestimenta. -          Mi nombre es Dariel, hijo menor del rey Dúrcan del reino de Xarad, he venido acompañando a mi padre y mis dos hermanos mayores a quienes les están buscando esposa, uno de ellos esta bailando con tu hermana en este momento por cierto, mi padre y mi otro hermano se encuentran al otro lado del salón conversando de política con otros gobernantes, así que yo decidí venir a comer un poco, me siento realmente fuera de lugar, claro que no esperaba toparme con la sorpresa que alguien se estaba llevando la mitad de los bocadillos de la mesa. – Agache la mirada un tanto sonrojada y me reí, por alguna tonta razón, me parecía gracioso todo lo que decía y deseaba seguir conversando con él, sin embargo, las palabras no lograban salir de mi boca, y no eran por el panecillo que tenia atrapado entre mis dientes, no, era por la simple razón que mi razón traicionera me había abandonado. Me sentía muy nerviosa, pero tenia ambas manos ocupadas así que no pude ni siquiera sacar la comida que tenía en la boca para sonreír abiertamente. “Por favor, que no crea que quiero ser grosera con él”, ese pensamiento de pronto cruzo mi mente y me tomo por sorpresa, ese muchacho era un completo desconocido, ¿porqué de la nada me había surgido un ferviente interés en no dejarlo ir? El joven nuevamente se sonrió y sujeto el plato de bocadillos que tenía en la mano. -          ¿Me permites ayudarte con esto?, vamos al jardín a comer y conversar si te parece, acá adentro hay mucho ruido y casi no puedo escuchar nada. – Yo me limite a asentir con la cabeza, esto era perfecto, al fin tenia una persona con quien conversar, y además era apuesto y muy agradable, esto estaba resultando perfecto. Una vez que salimos, el aire frio me llego en la cara, un escalofrió recorrió mi cuerpo, la cálida temperatura de adentro del salón era muy diferente al frio ambiente que se vivía afuera. El joven Dariel pareció percatarse rápidamente de esto ya que de manera presurosa se quito el abrigo que traía puesto para colocarlo sobre mis hombros descubiertos por el vestido strapless que me había elegido mi madre. Esa actividad hizo que me sonrojara y agachara la mirada, el volvió a sonreír y nos dirigimos a una banca justo debajo de un ventanal, donde alcanzaba a salir la cálida luz que provenía del salón. El escenario era perfecto, solo estábamos el y yo, y un plato lleno de bocadillos, comenzamos a charlar de muchas cosas, me di cuenta que teníamos tanto en común, llámalo destino o una bella casualidad, pero definitivamente esta era la mejor noche de mi vida. Cerca de la media noche mi hermana llego a buscarme, en verdad no había sentido el tiempo pasar, simplemente éramos el y yo bajo las estrellas. -          Papá te esta buscando como loco, por favor entra, si te ve aquí seguro te castigará. – -          Ya estoy acostumbrada a sus castigos, no se para que me quiere allá adentro, al final mi opinión le vale un comino – -          Por favor Ailana, si se enoja contigo se desquitará con mamá y conmigo, por favor entra al salón – No quería despedirme de él, quería pasar toda la noche a su lado, conversar, reír, me hacia sentir importante para alguien y no estaba dispuesta a renunciar a ese sentimiento, pero se bien a lo que se refiere Lara, su furia no llegará solo a mí, también ellas sentirán las consecuencias de mis actos, y ante eso no puedo luchar… -          Dariel, debo retirarme, estaré allá adentro para ver que necesita mi papá, pero en cuanto pueda me libero de nuevo y te busco, por favor no te vayas a ir todavía, espérame – -          No te preocupes linda, te estaré esperando junto a la mesa de bocadillos, por favor no tardes, no quiero pasar un minuto más sin ti – Tras decir esto tomo mi mano con delicadeza y la beso con suavidad, mi corazón latía fuertemente, no podía creerlo, esto parecía ser un sueño, y si era así, no quería despertar. Tras ese romántico “hasta luego” seguí a mi hermana que ya había entrado al castillo. Al llegar a donde se encontraba mi padre éste me indico que debía de bailar con un par de príncipes que estaban esperando ansiosos que apareciera, lo obedecí sin refutar, entre más rápido hiciera lo que me pedía, más rápido me desocuparía y no podría reclamarme nada. Al final de cuentas no fueron un par… tras uno, vino otro, tras otro vino uno más y así me la pase durante dos horas más, cada uno mas feo y menos interesante que el anterior, mi cara de incomodidad era muy evidente, no había manera de ocultarla. En cada vuelta que daba con mi acompañante de baile, miraba hacia la mesa de bocadillos, al principio lo pude ver ahí parado conversando con más personas y cada tanto me miraba para regalarme una sonrisa. Yo quería soltarme de mi compromiso, quería correr a decirle que no estaba bailando con esas personas por gusto y salir corriendo de ahí tomada de su mano, pero era imposible, la mirada de mi adre estaba sobre mi como la de un ave de rapiña, atento a cualquier movimiento o gesto que hiciera. Tras algunos bailes más, pude echar una mirada rápida hacia el lugar de nuestro encuentro y ya no lo vi más, busqué con la mirada por todo el salón y simplemente había desaparecido… Cuando al fin se termino la larga lista de bailarines, me dedique a buscarlo por todos los rincones, dentro y fuera del palacio, pregunte a un par de personas por él, tanto por su nombre como por sus características y nadie supo darme ninguna referencia, en verdad estaba tan embelesada con su rostro, que no preste atención a las personas que me había señalado como su familia, y ahora me arrepentía, así podía haberlos buscado al menos a ellos, pero no tenia ni la menor idea de como lucían. No quise preguntar demasiado, no quería que mi padre se diera cuenta de que lo estaba buscando, ya que como él no era uno de los candidatos, temía que me prohibiera verlo o hiciera algo en su contra. Así que tuve que ser discreta y continuar mi búsqueda sin levantar mayor sospecha. Al final de la noche, los invitados comenzaron a retirarse, uno a uno los fui despidiendo en la entrada con total cortesía, y si bien mi padre tenía una expresión de orgullo en su rostro pensando que quizá ya había aceptado con agrado la finalidad de este evento, definitivamente esa no era mi razón de estar ahí, no señor, yo lo estaba buscando a él o a alguien con rasgos similares que me diera una pista de quienes eran sus parientes y poder preguntar por él… pero todo fue en vano, ya no estaba ni había rastros de su familia. Con la mayor tristeza reflejada en mi rostro, hice una reverencia para despedirme de mis padres y corrí desesperada a mi habitación, tratando de contener las lagrimas lo más posible. Al llegar a mi cuarto me lance boca abajo a mi cama y abrace mi almohada con tal fuerza como si de la nada se pudiese convertir en hombre que me había hecho conocer el amor a primera vista, y el amargo sentimiento de haberlo perdido para siempre se convirtió en una cascada de lagrimas sin fin, solo el cansancio pudo dominar mi llanto para perderme en la oscuridad de mis sueños.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR