A pesar de mi insistencia, Yuvén no quiso parar a descansar hasta cerca del anochecer. No se de donde estaba tomando fuerzas, después del trato inhumano, la falta de aliento y el trabajo excesivo, la anatomía de mi dragón estaba notablemente desmejorada y, aun así, cargaba conmigo prácticamente todo el día mientras caminaba tan rápido y cauteloso como podía hacerlo. Solo se había detenido un par de veces para darme agua, mis medicamentos y pasarme alguna fruta para que la comiera en el camino mientras continuaba en sus brazos. En múltiples ocasiones le suplique que me bajara para que descansara un poco, pero el temor de que nos alcanzaran lo hacia avanzar a marchas forzadas. Una vez más me sentía como una carga para él, no solo no podía ayudarlo, sino que también tenía que cargar conmigo

