Los paisajes poco a poco comenzaron a ser más familiares, encontramos algunas granjas en el camino dónde a lo lejos podíamos distinguir algunos de los trabajadores que habíamos atendido la botica del señor Lizano. Mi corazón comenzó a saltar de gusto, sabia que, con cada paso, nos acercábamos mas y mas a los brazos de mi pequeña, mi sonrisa se hacía cada vez más evidente, al girar mi vista hacia Yuvén, pude ver en su rostro la preocupación que lo invadía por dentro, yo tenía una idea clara del principal motivo de su preocupación, era algo que también se repetía en mi cabeza una y otra vez como el golpe de un tambor de guerra, fuerte, constante y claro… Tome su mano haciendo que se sobresaltara, supongo que estaba muy concentrado en sus pensamientos… - Se lo que estás pensando am

