Yuvén tuvo que levantarme sobre su espalda y continuar el recorrido de esta manera, lo cual hacia más lento el avance, ya que el peso extra, hacia que sus pies se hundieran más profundo dentro del lodo complicando aún más su paso. Tal y como lo dijo mi dragón, el rio estaba a unos metros más de donde estábamos, aún era parte del manglar, sin embargo, el agua parecía cristalina. No era muy ancho, sus bordes estaban casi encontrados por la gran cantidad de maleza, árboles y algunas plantas acuáticas flotando sobre toda su superficie, pero a pesar de eso, los pequeños claros que se notaban entre los lirios, reflejaban la luz solar de manera que el agua lucía fresca y limpia. Yuvén me tomo en sus brazos y comenzó a adentrarse en el agua, la sensación de frescura me aliviaba el extremo males

