Mis ánimos están al cien, nunca pensé que mi marido me deseara tanto, tenía toda la razón Rumania, solo es cuestión de poner un poco de mi parte, ni me imaginaba que había hecho esos arreglos en el club, solo retocaré mi maquillaje que de tanto beso mi labial ha desaparecido. En eso miro por el espejo la misma chica de la oficina, me mira con ojos como si deseara matarme, me dices cosas que no tienen sentido, me doy la vuelta para estar cara a cara con ella, la miro de pie a cabeza no esta nada mal, lástima que al hombre que le gusta ya tiene dueña. —Te lo dire solo una vez, quiero a ese hombre y tarde o temprano te sacaré del juego. —¿De qué juego hablas? Sabes que ese hombre es casado. —Ja —Resopla ella— Y crees que eso me importa, la mujer que se quede en la casa cuidando a su hijo

