Don Julián esta solo en casa, recordando a su amada esposa fallecida, está sentado en su escritorio sosteniendo en su mano una fotografía donde aparece su esposa abrazándolo, y rodeado de sus hijos cuando eran unos infantes. —Mira a tus hijos mi amor, han crecido y ahora están en parejas, no sabes lo orgulloso que estoy de ellos, nuestra nena ya nos va a regalar nuestro primer nieto, pero te extraño tanto que en este momento desearía estar contigo, te extraño tanto mi cielo, porque te fuiste tan pronto, dejando a este pobre viejo solo. —Señor, necesita algo más. —La encargada de la casa entro al despacho— —No, Cándida puedes irte a dormir. —En ese instante se agarró el pecho Cándida corrió hacia él preocupada— —¿Señor, que le pasa? —Me duele mucho. —Se inclinó porque el dolor lo supe

