Kaled. Debería arder en el infierno por haber ocasionado lágrimas en ella. Un llanto como ese. Tuve que resistir el impulso de tocarla, tuve que detener mi propia mano usando la otra, como si este cuerpo no me escuchara del todo. Tocarla para mí resulta natural ahora, un acto casi necesario como respirar. Y no me refiero solo al acto s****l, me refiero a los toques pequeños, las caricias descuidadas, mi mano rozando la suya, su cabello adhiriéndose en mi ropa, esas miradas que podía sentirlas en cada parte de mí. Como si me reclamara. Eso no puede ser. Tiene que detenerse. Yo no era de ella, aunque respondiera como si fuera lo contrario. No puedo pertenecerle. Y ella no puede ser mía. Mi tiempo en esta tierra es temporal, muy inestable. He roto tantas leyes que si los arcángeles me

