Capítulo 1: La noche que no debía existir
La ciudad nunca dormía.
Pero esa noche…
respiraba distinto.
Había algo en el aire. Una tensión sutil, invisible, que se colaba entre las luces de neón, las calles húmedas y los susurros de quienes caminaban sin saber que estaban siendo observados.
Siempre lo estaban.
Adrien caminaba entre ellos como una sombra elegante.
Nadie lo miraba dos veces.
Y si lo hacían… lo olvidaban.
—Demasiado ruido —murmuró, ajustándose el abrigo oscuro.
Sus ojos recorrieron la calle.
Personas.
Latidos.
Vidas.
Todas tan… frágiles.
El sonido de la sangre circulando bajo la piel humana era como una melodía constante para él. Una sinfonía que llevaba siglos escuchando y que ya no le provocaba nada.
Ni deseo.
Ni interés.
Solo… costumbre.
Se detuvo frente a un bar.
Luz cálida.
Risas.
Música.
Vida.
Una mueca apenas perceptible cruzó su rostro.
—Patético.
Pero entró.
El ambiente lo envolvió de inmediato.
Alcohol.
Perfume.
Calor humano.
Demasiado estímulo.
Demasiado… vivo.
Caminó entre las mesas con la misma presencia dominante que siempre lo acompañaba. Nadie sabía quién era, pero todos, de alguna forma, se apartaban.
Instinto.
Miedo.
Algo dentro de ellos lo reconocía… aunque no supieran por qué.
Se sentó en la barra.
—Whisky —dijo, sin mirar al camarero.
No lo necesitaba.
No bebía por gusto.
Solo para encajar.
Para parecer.
Para seguir siendo invisible en medio de todos.
El vaso llegó.
Adrien lo sostuvo entre los dedos, observando el líquido ámbar como si no tuviera importancia.
Y entonces…
lo sintió.
Un latido.
Diferente.
No más fuerte.
No más rápido.
Pero…
imposible de ignorar.
Sus ojos se alzaron lentamente.
No con curiosidad.
Con precisión.
Buscó el origen.
Y la vio.
Valeria.
Sentada en una mesa al fondo, riendo con alguien que claramente no entendía el mundo en el que vivía.
Cabello suelto.
Mirada viva.
Demasiado… viva.
Adrien entrecerró los ojos.
Algo no encajaba.
No era su belleza.
Había visto miles.
No era su presencia.
Había sentido muchas más intensas.
Era…
otra cosa.
Algo que no podía definir.
El latido volvió.
Más claro.
Más… cercano.
—No…
Susurró.
Eso no era normal.
Se levantó sin darse cuenta.
El vaso quedó atrás.
Su atención… completamente fijada.
Caminó hacia ella.
Cada paso calculado.
Silencioso.
Controlado.
Pero dentro de él…
algo no lo estaba.
Valeria dejó de reír.
No porque lo viera.
Porque lo sintió.
Una incomodidad leve recorrió su espalda.
Como si alguien la observara.
Se giró.
Y lo encontró.
Sus miradas se cruzaron.
Y el mundo…
se detuvo.
No literalmente.
Pero para ambos…
sí.
Adrien no apartó la vista.
No pudo.
Algo en ella lo mantenía ahí.
Anclado.
—¿Quién eres…? —pensó.
Valeria frunció ligeramente el ceño.
No había miedo.
Eso fue lo primero que lo desconcertó.
Nadie lo miraba así.
Sin retroceder.
Sin dudar.
Sin… temer.
—¿Te conozco? —preguntó ella, directa.
Adrien se detuvo frente a la mesa.
La observó.
De cerca.
Más de lo que debería.
—No —respondió, con voz baja.
Pero su tono…
no era normal.
Era más profundo.
Más… envolvente.
Valeria sintió algo extraño.
No peligro.
Pero sí…
intensidad.
—Entonces estás invadiendo mi espacio —añadió, cruzando los brazos.
Adrien alzó una ceja.
Sorprendido.
—No te intimida —dijo.
No era pregunta.
Era una afirmación.
Valeria lo sostuvo con la mirada.
—No sé qué eres…
Hizo una pausa.
—Pero no eres especial.
El silencio cayó.
Y por primera vez en siglos…
Adrien sintió algo cercano a…
impacto.
Nadie le hablaba así.
Nadie.
El leve sonido de un vaso rompiéndose en la barra resonó a lo lejos.
Pero él no se movió.
No podía.
Porque algo en ella…
lo desafiaba.
Y eso…
era peligroso.
—Deberías tener cuidado con lo que dices —murmuró.
Su voz se volvió más baja.
Más oscura.
Valeria se inclinó apenas hacia adelante.
—¿O qué?
El latido.
Otra vez.
Más fuerte.
Más… presente.
Adrien apretó la mandíbula.
Eso no estaba bien.
Nada de eso lo estaba.
—No sabes con quién estás hablando —dijo.
Valeria sonrió levemente.
Desafiante.
—Y tú no sabes con quién te estás metiendo.
El silencio entre ellos se volvió eléctrico.
Denso.
Cargado.
Adrien dio un paso atrás.
No por miedo.
Por control.
—Esto no debería estar pasando… —pensó.
Pero ya estaba pasando.
Y no podía detenerlo.
Valeria lo observó.
Algo en él…
la intrigaba.
Demasiado.
—Eres raro —dijo finalmente.
Adrien sostuvo su mirada una última vez.
—Y tú…
El silencio lo sostuvo.
—Un error.
Se giró.
Y se fue.
Pero no como alguien que se retira.
Como alguien que huye de algo que no puede entender.
Valeria lo siguió con la mirada.
Su sonrisa desapareció lentamente.
—No fue normal…
Susurró.
Y en su pecho…
algo latía diferente.
Más fuerte.
Más rápido.
Más… consciente.
Adrien salió del bar.
El aire frío golpeó su rostro.
Pero no lo calmó.
Nada lo hacía.
—¿Qué fue eso…?
El latido aún estaba en él.
Marcado.
Presente.
Imposible de ignorar.
Por primera vez en siglos…
no tenía control.
Y eso…
no solo era peligroso.
Era el inicio de algo que jamás debió existir.
Porque en un mundo donde los vampiros no sienten…
él…
acababa de hacerlo.