Cap 7: El Tercer Pecado. (Parte 1)

1978 Palabras
Me levanté Apoyándome con la esquina de la cama. Fui tomando lentamente conciencia sobre lo que acababa de ocurrir. Me senté sobre el colchón y quedé frente al espejo de mi closet, viendo el enorme bulto, que se formaba junto a mi ojo derecho. Lo toqué, y al mínimo contacto sentí un dolor tan intenso que todo mi cuerpo se estremeció. Me levanté de la cama y caminé hasta la puerta de mi cuarto, deteniéndome, justamente antes de salir, antes de encontrarme frente a aquel pasillo. Lo recorría todos los días, pero que ahora me parecía interminable, vacío y lleno de una energía oscura. estaba segura que me encontraría a aquella anciana horrenda, esperándome detrás de las sombras. Cerré la puerta con fuerza y presioné el seguro del pomo, creyendo que eso podría protegerme. Caminé hasta la ventana y pude ver de nuevo los edificios frente a mi, la calle iluminada y los carros avanzando a lo lejos. La niebla negra que arropaba todo, se había ido, y por un momento me permití sentir una pizca de alivió. Era un pensamiento débil, pero ahí estaba... Creí que por fin todo había terminado. Entonces el celular volvió a sonar. Di un brinco del susto al escuchar el tono de llamada. Pero no contesté, estaba demasiado aterrada, solo me quedé paralizada, viendo el teléfono y escuchando su repicar. Caminé lentamente y levanté el celular con tal cuidado, como si aquel aparato fuera una serpiente venenosa, que al mínimo descuido enterraría sus colmillos en mi carne. Me senté en la cama y solo veía la pantalla, que ahora estaba rota, notando que ahora se dibujaba en ella, aquellas líneas entre fragmentos que parecían una clase de telaraña. Aun así podía ver sin ningún problema las letras: "Si no contestó, la anciana volverá" pensé y sentí ese horrible terror nuevamente. Pero cuando al fin reaccione, ya era tarde... el teléfono había dejado de sonar. Vi como la pantalla del celular se apagó, e instintivamente, volteé a mirar la puerta de mi habitación, continuaba cerrada. Pero por la hendidura de abajo, noté como la luz del pasillo se apagaba. Escuché una puerta que se abría lentamente, reconociendo el chillar de la bisagra. Era el sonido de la puerta del baño. Comencé a angustiarme. El dolor de mi ojo, que antes era insoportable, ahora a penas lo notaba. Es increíble como el miedo es tan buen analgésico. Apreté el celular mientras gritaba. —¡Llamen!, ¡Llamen!... contestaré ¡vamos!. ¡contestaré!— pude escuchar las pisadas, acompañadas de aquel espantoso gemido agonizante que me causaba repelús. El sonido de muerta que hacia esa anciana, anunciando que estaba a punto de entrar en mi cuarto. Comencé a alterarme, mientras sentía que mi pecho se reventaría de lo rápido que latía mi corazón. Entonces el teléfono sonó, y sin pensarlo contesté la llamada. La anciana se había ido. La puerta cerrada me quitaba la visión del otro lado, pero lo sabia. La luz del pasillo se encendió de nuevo, lo pude notar por la hendidura bajo la puerta. La llamada seguía corriendo, pero la mujer al otro lado de la línea no hablaba, creo que estaba esperando que me calmara. Tardé unos segundo para volver en mi, dejé que el miedo se fuera drenando poco a poco. Fui yo la que se atrevió a ser la primera en pronunciar una palabra. —Aló —dije titubeando, casi a punto de llorar de nuevo, sintiendo como si, el seguir contestando aquellas llamadas fuera el error más grande que había cometido. —Hemos llegado al final de la encuesta señorita Madiel. —Dijo la mujer. —Solo nos queda una última pregunta que realizarle y podremos dar por finalizaba la noche. Entregándole su resultado, y así usted pueda conocer si su alma estará condenada, o no, a arder eternamente en el infierno... ¿Está preparada para la última pregunta? —¡Sí, sí, sí! —dije nerviosa. "Ya todo va a terminar" pensé. —Sólo, sólo quiero que todo acabe ya, por favor, terminemos de una vez. —Bien señorita Madiel, —contesto la mujer. —Ultima pregunta... ¿Por que asesino a su propio hijo? Quedé muda al escuchar aquéllas palabras, recuerdo que solo guarde silencio y cerré los ojos. Las lágrimas no tardaron en brotar, eran las lágrimas más grandes y dolorosas que todas las que había derramado en la noche. Esta vez no negué nada. Lo recordaba todo, sabía exactamente lo que aquella mujer me estaba hablando. Ahí lo supe, mi alma siempre estuvo condenada. Para mí, ya no era necesario esperar por ningún resultado. En mi mente vi la respuesta y pude comprenderlo. Todo lo que había vivido esa noche, solo era una mas que una leve apertura para lo que me esperaba en el infierno. Bajé la mirada a mis antebrazos y encontré de nuevo las cortadas. Pensé en la anciana que me acosaba esa noche. Recordé como me había atacado y como se burlaba de mi. Vino a mi mente la imagen del momento en que salió de aquel oscuro baño. Su rostro arrugado y horrible, sus dientes negros que sobresalían de una encía color purpura, sus manos huesudas con aquellos dedos tan largos que eran portadores de las mas fuertes garras comencé a recordar poco a poco cada detalle. Su ropa, esa mujer usaba harapos, llevaba un gran vestido n***o que se encontraba tan rasgado que permitía que se viera su arrugado pecho lleno de cicatrices. Cuando la apuñale en ese pecho muerto, vi algo que en su momento no le di importancia, pero que ahora iba cobrando fuerza dentro de mi cabeza. Recordé haber visto ahí un dibujo "Era un tatuaje" Pensé. Por debajo de las cortadas y toda la sangre, a pesar de estar sobre esa piel arrugada y dañada, reconocía ese tatuaje. Era un símbolo, un triangulo que había diseñado para mi. Había planeado hacerlo en la espalda, pero cambié de idea a ultimo momento por que creí que seria mas sensual tenerlo en el pecho... Ahí estaba mi tatuaje, en el pecho arrugado de aquella bruja, de aquel ser que me esperaba en la oscuridad... Lo supe entonces en ese momento. Recuerdo que sonreí de desesperación, esa sonrisa llena de locura que tienen algunos condenados antes de su ejecución. Esa vieja era yo, esos mechones de cabello blancos que salían de la cabeza de esa bruja eran míos, aquellos dientes podridos de su diabólica sonrisa me pertenecían. Era yo quien había salido de ese baño, me habían mostrado como terminaría, eso seria lo que quedaría de mi, cuándo sufriera la condena tan horrenda que me tenían esperando en el infierno. Habían pasado unos segundos de silencio cuando la otra mujer comenzó a hablar. —Vamos a hacer memoria Madiel. Usted ha vivido una vida descontrolada desde temprana edad. Siempre entregada a los vicios, con una ideología de vivir cada día como si no hubiera mañana, sin considerar las consecuencias que tienen sus actos del hoy. La cabeza me dolía, el bulto en mi ojo derecho estaba tan hinchado que sentía que en cualquier momento se iba a reventar... La mujer continuó hablando. —Así fue usted siempre, yendo de fiesta en fiesta, entregada al alcohol, las drogas y el sexo. Desde adolescente, se alejó de cualquier creencia religiosa, sacando de usted toda moralidad que le hiciera entender que sus actos eran pecados, que se pegarían en su alma manchándola. Algunos son fácilmente perdonados claro, pero otros, son tan abominables que condenan su ser, como por ejemplo; el acabar con otra vida inocente. Mis manos temblaban, quería levantarme y salir corriendo, pero mis piernas no me respondían. Miré la ventana y de pronto la idea de arrojarme por ella me pareció tan plácida. —Pero el tiempo le cobro factura —seguía diciendo la mujer. —Se descuidó como tonta y no se dio cuenta, hasta que notó que algo estaba ocurriendo dentro de usted. Una vida comenzó a formarse en su vientre, ¿pero usted no quería tener ninguna responsabilidad? ¿Verdad? Así que sin saber que hacer, fue corriendo a donde su mamá. Usted no quería que aquella faena de noches largas, fiestas intensas y de encuentros fugaces se terminaran ¿cierto?. —No. no, no fue eso, no era por eso —dije llorando. —Así que juntas fueron a una lugar para abortos, ni siquiera a un centro legal o por lo menos uno limpio. Fue al cuchitril más barato y sucio que su madre pudo encontrar, hizo que le arrancaran de su vientre lo único bueno que podía hacer en su vida. —No,yo no, yo no quería, lo juro que yo no quería —respondi tratando de defenderme. —Un bebé inocente, un alma que estaba esperando conocer este mundo. Usted le quitó ese derecho, usted asesinó a un niño que era parte de su cuerpo, aquel día usted terminó de matar lo poco que quedaba de su alma. Ya no encontraba nada que responder, solo lloraba en silencio. Todo era verdad, no podía negar nada. Recordé lo asustada que estaba al ver la prueba de embarazo, recordé la desesperación y el miedo mientras le contaba a mí mamá, que no sabia que hacer. En mi cabeza me veía a mi misma entrando en aquel lugar oscuro y sucio con tanto miedo, pero con la mano de mi mamá en mi hombro, diciéndome que todo iba a salir bien. No tenia palabras, no había nada dentro de mí para responder. Pero lo siguiente que escuché me despertó del transe en el que me encontraba. —Mami —era la voz de un niño, de un bebé que debió haber nacido, un bebé que no existía, un bebé al yo había asesinado estando aún en mi vientre. —¿Por qué lo hiciste mami? ¿Acaso te hice daño?, yo quería vivir, quería conocerte, estaba emocionado desde el momento que me comencé a formarme dentro de ti. Pero tu me odiabas, desde el primer momento que supiste de mi, me odiaste con toda tu alma. —No, no, ¡No!, yo no te odiaba —dije alterada. —Sí tenía mucho miedo pero te juro que jamás te odié. —Mientes mami —respondió el niño. —¿por qué me asesinaste? Sabes, las personas creen que uno no es consciente hasta que nace, pero es mentira. Condenaste mi alma antes de que naciera. Me mandaste al infierno mami, y aquí estoy esperándote, aquí estaremos juntos por siempre. —Lo siento, de verdad lo siento. Jamás quise lastimarte, jamás quise hacerte daño, de verdad por favor perdoname. —No puedo mami, me obligaste a odiarte también. En ese lugar donde me asesinaste, me picaron en dos, metieron dentro de ti un cuchillo filoso y me cortaron a la mitad, y pude sentirlo todo mami, pude sentir el dolor intenso mientras destrozaban mi cuerpo, mientras aspiraban y licuaban mis órganos recién formados, no entendía que ocurría. vine a este mundo pensando que seria feliz junto a tu lado... pero en vez de eso solo conocí el dolor y sufrimiento, gracias a ti. Me aspiraron como si fuera un montón de porquería, y mi cuerpo terminó en una bolsa de basura, junto a los de muchos otros niños que no tenían la culpa de tener unas madres tan desalmadas y perras como tú. —Lo siento, por favor perdóname, de verdad no sabes cuánto lo siento. —Sufrí mucho mami, no sabes el dolor tan horrible que fue pasar por todo aquello. Desde entonces te estoy esperando. Tengo mucha hambre y quiero que me alimentes, quiero que me amamantes mami. Colgué la llamada. Ya no me importaba lo que vendría, yo solo seguía llorando con desespero. Ya no sentía Miedo, ni siquiera dolor, solo un fuerte odio... Me odié mi misma en ese momento.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR