✦Capítulo 2: El perro y el amo

2045 Palabras
—Ven perrito sucio, vamos a limpiar ese desastre que hiciste —ordenó mi amo frente a mí. Estoy intentando reponerme. Respiro pesado y estoy agitado, tal y como si estuviera en una montaña rusa. Yo era como una pequeña presa delante de un depredador con un enorme poder en la cadena alimenticia. Quizá el peor de todos. Me emocionaba verlo desde abajo, mi corazón latía como un loco. Movía mis manos sobre la tela de su pantalón, sonreía frotando mi cara contra sus piernas, necesitado de más cariño, de más golpes. Añoraba más dolor y con mi mirada pedía por ello sin parar de restregarme en él. Podía notar como su amor por mí crecía más y más. —Sí, papi —contesté moviendo mi colita. Su egocéntrica e intimidante esencia me provocaba miles de sensaciones, todas a la vez con tan sólo un estúpido roce de sus manos en mí. Jamás creí que un ser humano sería capaz de alcanzar las nubes siendo tratado de forma tan asquerosa. Me golpeaba y tiraba al suelo, haciéndome sentir simplemente un animal, uno bueno, uno excelente para su amo. Ofrecía todo de mí para complacerlo, cada cosa que tenía por dar. Lo llevaba en mí, fuí entrenado para eso y no perdía mi tiempo en sacarle provecho para destruirme. Todo lo que necesitaba era tener a una persona como él usandome, haciendo doler todo mi pequeño y sucio cuerpo. Había algo en ese hombre. ~ Duele de manera terrible, siento espasmos y tiemblo con tanto dolor que noto las lágrimas correr por mis mejillas, sólo escucho los golpes y lloro, veo su rostro y me inundo de felicidad. Cientos de huesos en mí que tenía que romper. Morir en sus brazos era un sueño. Mi cuerpo se mueve ferozmente, pide más por sí sólo y no tengo el control de ello. Nunca lo pedí y por el contrario, añoraba el caos. Sé que me lo dará, era mi mejor dueño. Nunca era tarde para ir más allá de límite, Seong me lo mostraba cada vez con más claridad, enseñándome que el dolor era más que una palabra o un brusco sentimiento. Una vez lo había conocido bien, dejé dominarme por él sin temor. Era como si todos mis años de vida habían sido desperdiciados negándome a ver y, fue cuando conseguí librarme de mi tonta negación, que lloré por haber perdido tanto que pude haber tomado. Nunca algo me hizo sentir completo y para ser la primera cosa que lo hizo, siquiera dudé un segundo de que sería la mejor. Desde ese entonces nada nunca es suficiente para mí, no me siento capaz de parar y creo que ahora es mi mejor momento para no hacerlo. Un golpe fuerte lo sigue otro todavía peor. El nivel aumenta, siendo el último dejar de respirar Se sentía de esa forma cuando era violentado, haciéndome querer aumentar –adicto– al siguiente nivel, llevándome así a los más difíciles hasta que no pudiese soportar alguno. Me tocaba suavemente, despacio aumentaba la fuerza de su toque y llegando a mis muslos, los aprietaba. Iba a volverme loco. Intentaba mantener la calma pero, ¿cómo puede una presa estar tranquila estando indispuesta en las garras de su depredador? No estaba nada calmado y es precisamente lo había buscado. Me siento un maldito e inútil animal. Lo dejo usarme, me hace como un muñeco de trapo y es inevitable llorar de alegría. Me muevo y sin darme cuenta ya estoy ansiándolo sexualmente. Caliente y desesperado hago rebotar mis nalgas en el suelo sólo para él. Sucio animal. «Seong, voy a darte todo de mí», me ofrecía a él en mi mente deseando hacerle venir hasta que su mente se nublara. —Eres completamente asqueroso. —susurra entre dientes. La lujuria me alimentaba de sus manos y un demonio me corrompía por cada cosa que se cruza en mi camino. Y quería absorvernos enteros a ambos. Mi piel arde como si sufriera de rudas quemaduras, provocándome llagas; las anhelo y ruego. Toda mi vida había rogado. Me golpea increíblemente fuerte, rudo...Tanto que quedo aturdido. Mi nariz pica y sé que pudo haberla roto, mis ojos lagrimean, siento la sangre bajar lentalmente. —Mira, papi...Está saliendo miel de mi nariz. —digo repleto de emoción, esperando que la sangre siga bajando hasta que pueda probarla. —Sonríe más...Pronto no tendrás dientes que mostrarme cuando veas la sangre salir —expresa con desprecio. No dudo en sonreír mientras llevo las manos a mi nariz. Tanteo la ardiente sangre y siento a aquel demonio pidiendo más. —Hazlo, amo, no puedo esperar —digo sinceramente. Sigo algo aturdido por el golpe y él, por otra parte, parece arder en llamas al escuchar mis palabras, lo podía ver. «¡Vamos, enciéndete!», lo provocaba en mi mente. —¿Crees que vales algo sólo porque ocupas mi tiempo así sea de ésta forma? Sólo dice cuán poco vales. Siquiera te basta con unos cuantos golpes siempre ansias por más...Todo para ti es tener más y más, ¿me equivoco? —pregunta y puedo sentir la repulsión en sus palabras. Hierve su sangre de rabia y para mí es un honor que arda por mí. —N-no, papi —respondo brevemente, dejándole saber que estoy orgulloso de la verdad que su hermosa boca escupe. Él seguía mirando abajo hacia el suelo, donde yo me encontraba sangrante y por tomar mi cara, me hace esperar. Se detiene en seco, su actitud cambia completamente y sé lo que pudo haber pasado, sin embargo, lo dejo actuar. —Kyu, levántate, ve rápido adentro y pon seguro a la puerta. Silencioso, cachorro —me ordena y sin más le obedezco, levantándome. Mi ropa está mojada y la lluvia recorre toda mi piel, aún lavando la sangre. Una vez cierro la puerta espero en sigilo detrás de ella. Por los charcos en el callejón soy capaz de escuchar como Seong se aleja. La duda invade mi cabeza pero el dolor me invade de nuevo, entonces, de forma impulsiva subo las escaleras. Me dirijo hacia el baño y cuando me veo al espejo mi atención se dirige a las miserables marcas en mi rostro. Mi labio está hinchado y el sangrado de mi nariz ya ha parado, aún así, tomo todas las pastillas que encuentro y, como si careciera de consciencia alguna, las echo todas en mi boca. Me siento tan vivo y es cuando caigo al piso. No deseo levantarme, el mareo que tanto deseaba había llegado. Escucho varios golpes un tanto agresivos en la puerta, los nervios me invaden pero permanezco en el suelo del baño preguntándome qué habrá pasado, entonces, escucho más golpes y está vez, acompañados de una voz que no logro escuchar claramente por la lejanía. No tenía mas opción que levantarme y una vez en la puerta permanezco estático, dudoso. —¿E-eres tú? —me atrevo a preguntar y temo si hice lo correcto en haber abierto la boca. —Ayúdame, por favor —exclama la voz de una mujer que ahora, soy capaz de escuchar claramente. —¿Quién está en la puerta? —cuestiono. ¿Qué pasó con él? —Perdí a mi hijo. P-por favor, necesito ayuda, te lo suplico, no tengo a nadie a quien acudir... La mujer se escucha tan devastada y pienso en una respuesta, aunque claramente sé que no tengo permitido salir una vez pasa algo como esto y mucho menos si no sé qué fue de él. —Bien. Llamaré a mi amigo y le diré que espere un poco más. Al parecer todo permanece bien y eso me libera un poco de mis nervios. —Oye —me llama y toca la puerta. —¿Estás bien? Mira...No sé qué tienes pero, ¿Me dejas entrar? Tal vez podamos ayudarla. «Suenas tan amable, qué falso.», expreso para mis adentros. Me entretiene verlo fingir y ahora me encuentro deseando para que llegue mi turno, por ello abro la puerta sin más. Mi amo le indica a la mujer que permanezca fuera y espere, él entra y en la oscuridad del pasillo lo miro perdido, aparentemente sabe mejor que yo lo que pasa. Cuánto lo deseaba, pero debía esperar. —¿Quieres ir conmigo? Será divertido un poco de alboroto en nuestras vidas y fuera de nosotros en mucho tiempo. No ocurrirá la gran cosa. —me dice motivándome. En sus gatunos y oscuros ojos noto su deseo por arder, en consecuencia comienzo a chispear por mi cuenta, cual perro se emociona cuando su amo lo va a sacar a pasear. —Lo quiero, amo. —respondo breve. No necesito de mucho contexto y tampoco pido por él. Es suficiente para él mi respuesta, aunque sabe que no era necesaria siquiera. Muero por verme adolorido y mareado expuesto al mundo, siempre me llenaba aún más de adrenalina. Sigo mirándolo a los ojos como si tuviera un imán que me guía, acercándome. Estaba lleno de deseo y me sentía apunto de arrodillarme para él pero, me saca de mis ya, intensos pensamientos ordenándome que vaya a cambiarme y arregle mi destrozada apariencia, la cual por cierto, estaba peor que nunca. Queremos un desastre más no problemas...Al menos no por ahora. Intentando evadir mis pensamientos subo las escaleras dirigiéndome al baño. Había una maldita caja de anestésicos en el piso. Debo ser estúpido. La recojo con torpeza y apurado me quito la ropa, o lo que quedaba de ella, tirándola a la basura sin importancia. La temperatura del agua me impacta y puedo como sentir la sangre sigue cayendo, me consume la fluidez de ella por mis heridas y cierro los ojos. Cuánto alivio. Lamentablemente no tenía mucho tiempo para este vacile por lo que, de mala gana, salgo al haber terminado y busco mi ropa. Necesito esconder todo eficazmente y qué foma más fácil que poniéndome ropa negra que me cubra de los pies hasta el cuello. Me miro en el espejo asegurándome de haber cumplido con lo que me dijo y salgo, encontrándome a Seong y a la persona que interrumpió nuestra diversión por una completa estúpidez. —Hola. Podemos empezar a buscar ahora, ¿Cómo es tu hijo? —entro en mi papel, diciendo tan interesadamente que hasta yo mismo lo creí. No sé si estaría agradecido con ella por interrumpir nuestra diversión porque ahora nos daría una mejor o eso esperaba. Buscar a un malnacido niño no era tan divertido tampoco. Sin más, la mujer describe a su hijo de forma breve, comenzamos a caminar por el callejón y agradezco que el estorbo iba adelante de nosotros pues, Seong toma mi brazo repentinamente y ya conozco sus intenciones. Nuestra tercera ronda de diversión abre paso con él buscando mis heridas, las aprieta tanto como el momento lo permite y no puedo evitar reaccionar ligeramente. Mis ojos gritan que anhelo por más y le da a su mascota lo que quiere, ahora clavando sus uñas en mí. —¡ Paren por favor! —grita la mujer. Y me acelero más, sin embargo, Seong me detiene justo en la salida del callejón, indicándome que espere expectante a la situación. Podemos oír la conversación pero no nos entrometemos hasta que uno de los polícias nos señala y mi amo lo entiende yendo al lugar. Yo lo acompaño en silencio mientras él habla con el polícia. Podía notar la mirada fija de su acompañante en mí, siento que en cualquier momento se descontrolará la situación y temo, no obstante, no doy señales, sé que Seong también lo había notado. Y aunque sentí aquellos minutos una eternidad, terminan ofreciendo a la mujer acompañarlos a la delegación, quien sin dudas acepta. Puede que el sujeto haya visto los golpes de mi cara, aunque fuese de noche mi –tal vez– muy sospechoso silencio había llamado su atención...Sea como sea, lo cierto es que no había pasado nada. «Qué pérdida de tiempo», pienso decepcionado mientras veo hacia el suelo. Mi amo, por su parte, se queda estático en el lugar por bastante tiempo, mientras mira a los policias alejarse. —Inútil animal, mira por lo que me hiciste sacarte, qué porquería... —dice cambiando de humor drásticamente. —Camina rápido, volvamos. Quiero correr, ansioso.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR