✦Capítulo 1: El comienzo del fin
El sistema está cayendo y eso ya no es un problema para mí, no más.
La moral no fue más que una máscara y no hay algo que me provoque seguirla manteniendo, no hay nada que me haga seguir intentarlo y, finalmente, pude verlo. Siquiera mi mascota tiene alguna razón por la cual intentar mantenerla, Kyu, un débil juguete malherido que juega con los límites y vive de la diversión, a quien conocí gracias a una persona bastante peculiar pero tan enferma y desgraciada como todos nosotros, un hombre como un maldito ciempiés dentro de mi oído pero que, por primera vez en toda su vida, me llevó al cielo y al infierno a su vez con su acción.
Lo trajo a mí, no había vuelta atrás. Tal vez, casi al instante yo lo sabía.
Me gustaría echarle la culpa pero ya no hace falta enfatizar en que, indudablemente, toda la culpa recae en él y no en mí.
Al final ese hombre fue quien me trajo a este mundo.
~
—Ven perrito sucio, vamos a limpiar ese desastre que hiciste.
«O hicimos», pensé.
Lo llamé una vez, él intentaba reponerse para continuar pero no lo quería permitir.
El límite se alcanza más rápido si no se tiene un descanso y es que yo a veces corría como un carro de carreras, echaba humo y el motor parecía querer explotar, otras veces, lo disfrutaba tan lentamente como un trago de Whisky.
Rudo o "gentil", lo cierto es que esa decisión no le correspondía a él ni a nadie más que a mí en este lugar.
—Sí, papi —contestó el perro, moviendo su colita.
Tan obediente.
Tirado en el suelo como un juguete sucio y roto, luciendo tan pequeño y suave, llevaba uno de esos chokers tan característicos en su frágil cuello. Toda su ropa está sucia, destrozada, ninguna de esas prendas se ha librado de mis destructivas manos.
Toco su hermoso cabello rubio, mechones más claros ya están entre mis dedos y deseo arrancar más de ellos.
Jamás quise destrozar a una persona tanto como quería destrozarlo a él.
Voy a descargar todo mi odio e ira hasta despedazarlo y observar como se miente a sí mismo, diciendo que realmente no duele, que es obra del amor y no de la perversión.
Él es usado tanto por mí como por su propia mente y le encanta, mientras que a mí no me encanta menos hacerlo pedazos en cada momento que lo necesite.
Un juego bastante peligroso entre el placer y la muerte.
¿Qué no era peligroso en este mundo? ¿Qué no estaba corrompido? Somos sólo dos más del montón aunque hubiera algo que parecía no cuadrar con el resto.
Lo disfrutamos plena y honestamente.
Tal vez no hay un pacto igual como el que —sin siquiera darnos cuenta— creamos.
Era irreversible. Una vez miré su sucia y oscura alma tomaré en mi poder su correa y lo llevaré a mi lado hasta que haya descargado todo mi deseo, hasta que no pueda aguantarlo más.
¿Quién podría ser capaz de romper primero tal pasional pacto entre dos hombres completamente perdidos en el pecado? Sólo el cuerpo humano es capaz de detenerlo, sí, pero, ¿qué podría hacer éste si quien lo posee desea continuar?
Había sangre en todo su cuerpo, mis manos paseaban sobre él y mis dedos tocaban las heridas abiertas, esparcía el hermoso líquido rojo por sus abultados labios y le dejaba probar de éste. Parecía desesperado, sin embargo, yo lo mantenía bajo mi control. El tacto se sentía tan caliente como un incendio con sólo una mirada y sus ojos no se compararían a la más destructiva llama. Aquello sólo me demostraba cuánto adoraba ser usado, como cuando a un pequeño cachorro le dan algo con qué jugar.
La ira es difícil de controlar y ha vivido en mí por mucho tiempo...Una vez más, logro descargarla para verla surgir otra vez. He intentado buscar el fin de ella, he luchado mucho por deshacerme de tantas cosas, no obstante, en el camino he dejado de ver escapatoria alguna. Ya no tiene sentido luchar.
Si voy a arder, trago gasolina.
Diviso el cielo, finalmente comienza a oscurecer y ni la luz de la luna quiere iluminarnos.
Me encuentro en un limbo de alucinaciones, culpa de su fogosa piel que sólo parece querer encenderme más. Bajo la mirada, yacía la sangre saliendo de su nariz como miel que escurre de una colmena. Me veía desde mis pies, me sonreía y podía notar como ligeramente temblaba, se restregaba contra mi pantalón como un pequeño animal agradecido.
Repleto de pasión, apretaba mis puños, muriendo por romperle la cara. Me sentía arder al darme cuenta que la ira seguía corriendo por mis venas, envenenándome sin control alguno.
Ira...Ese sentimiento intercalándose con la sangre que chorreaba por su pequeña y preciosa nariz de botón.
Lo veía disfrutar, provocando en mí desprecio pero, para su suerte amaba la sensación tanto como él lo hacía.
Esto jamás iba a terminar y tampoco era necesario.
—Mira, papi, está saliendo miel de mi nariz —exclamó mi cachorro emocionado.
—Vamos, sonríe más...Pronto no tendrás dientes que mostrarme cuando veas la sangre salir.
—Hazlo, amo, no puedo esperar.
Más gasolina caía en mí.
Y así fue como ambos nuevamente nos encontrabamos dentro de esa búrbuja de calor.
El infierno yacía en nosotros y quién diría que no queríamos huir de él, parecíamos vernos más sedientos, proclamándolo.
Las horas pasaban y los golpes ya siquiera eran contados mas yo sabía que si no me detenía iba a terminar con él sin vida bajo mis pies...Él sin vida y yo sin mi juguete, tal cual perro vivía y moría por y para su amo.
Él lo sabía, yo lo sabía, pero aún así abrí su piel y —mientras derramaba su sangre en mis manos— pactamos algo tan decadente.
No nos importó y mucho menos molestó seguir disfrutando del calor en este infierno llamado vida.
Sonaba bastante trágico pero mucha gente deseaba poder permitirse —aunque sea— la oportunidad de poner sus manos al fuego y que no duela tanto como a los demás, mucha gente deseaba poner su piel sobre las brasas y no apartarse apenas arde ligeramente.
Deseamos la libertad de poder sentir tal dolor pero no la tenemos, no la hay, no es lo correcto.
Y por fin la encontré junto a alguien más.
Nos perdíamos en ella, actuando privilegiados de formar parte de algo tan oculto y burdo en este mundo.
Era cautivante para mí la decadencia en nuestro pacto.
Ya no existe ninguna posibilidad de sanar, no podríamos cambiarlo jamás, volver a nacer sólo nos daría más tiempo para destruir todo lo que hay a nuestro paso, incluyéndonos principalmente a nosotros mismos.
No había vuelta atrás ahora.
Y en nuestra cena, un plato lleno de angustia, ira y lo atroz que siempre ha sido la humanidad hasta el día de hoy.
¿Eramos los verdugos o las victimas?
—¿Crees que vales algo porque ocupas mi tiempo así sea de ésta forma? Eso sólo dice cuán poco vales. Siquiera te basta con unos cuantos golpes. Siempre ansías por más...Todo para ti es tener más y más, ¿me equivoco?
—N-no, papi —me responde en voz baja.
¿Podría soportar aquello? Sí, pero no tanto como él quisiera.
Al final seguía con vida, siguía sintiendo, aún tenía ojos por los que llorar.
La luz carece más y más, haciendo ver el lugar más desastroso y estrecho. La lluvia resuena suavemente en el suelo, lavando la sangre de mi dulce cachorro.
Parece que sólo nosotros existimos en éste callejón o era así, porque una sombra nos asechaba ahora y parecía acercarse.
—Kyu, levántate, ve rápido adentro y pon seguro a la puerta. Silencioso, cachorro —le ordené.
Dicho aquello camino en dirección contraria yendo hacia la sombra, parecía ser una mujer, llevaba gafas de sol negras, tenía un llamativo color de pelo, sin embargo, el de su ropa era todo lo contrario a éste, estaba empapada por la lluvia pero por su lento y cansado caminar parecía no importarle.
La mujer se detiene pero sigo caminando acelerando el paso. No pierdo mi tiempo en mirarla.
—Disculpa si estás apurado —me dice la mujer.
—¿En qué puedo ayudarte? —tras voltearme ligeramente pregunto.
Encuentro extraño ver a una mujer sola, en un lugar tan desolado y oscuro como ese hablándole a un hombre tan a la ligera.
¿Qué podría querer? ¿Acaso no sabe qué clase de lugar es éste?
—Estoy buscando a mi hijo...Vivimos a dos cuadras de aquí, abrió la puerta de la casa y salió corriendo sin razón alguna. He buscado por todo el lugar y no encuentro a nadie que pueda ayudarme, m-mi esposo no contesta las llamadas y... —la desconocida empieza a alarmarse más y más con cada palabra que dice, parece querer romper en llanto, por lo que la interrumpo secamente.
—Lo siento pero no creo que pueda ayudarte, tengo que encontrarme con un amigo. Deberías llamar a un familiar, tal vez te ayude a solucionarlo...Y vete de aquí, es peligroso —digo, deseando acabar con la situación lo antes posible.
—¿Vives aquí cerca? Ví a un chico entrando a esa casa —señaló—. Él podría ayudarnos a buscar a mi hijo... ¡Dios mío! Dime qué puedo hacer, todo es mi culpa, si no lo encuentro no podré soportarlo.
—Sí, venía a buscar a un amigo pero extrañamente no quiso hablar mucho tiempo, no me vió a la cara —miento, evadiéndola.
La mujer no dice una palabra más y corre hacia la puerta, toca eufóricamente y espera. Un largo silencio fue la respuesta, insiste una segunda vez y escucha una ligera voz.
Parece que estoy en problemas.
—¿E-eres tú?
—Ayúdame, por favor —rogó la mujer detrás de la puerta y en ese momento mi cerebro comenzó a trabajar, pensando cómo podría salir de esto.
No sabía si simplemente seguir caminando y confiar las capacidades de ese imbécil o verme involucrado en la situación para intentar salvarnos.
—¿Quién está en la puerta? —pregunta Kyu.
—Perdí a mi hijo...P-por favor, necesito ayuda, te lo suplico, no tengo a nadie a quien acudir...
Entonces decido actuar.
—Bien, llamaré a mi amigo, le diré que espere un poco más —me acerco y ahora soy yo quien toca la puerta—. Hey ¿Estás bien? Mira, no sé qué tienes pero, ¿me dejas entrar? Tal vez podamos ayudarla.
La puerta se abre ligeramente pero no hay respuesta detrás de ella.
La mujer espera e intenta mantener la calma por su cuenta. Nadie estaba ahí para consolarla pero parece estar muy acostumbrada a ello.
—Quédate aquí, ahora vemos que podemos hacer para ayudarte a encontrarlo.
Entro y veo a Kyu detrás de la puerta algo exhaltado. Observo su estado, las heridas, la ropa destrozada y mojada por la lluvia y por su propia sangre. Parece que no movió un dedo.
Sería tan sospechoso si no respondemos ese grito de ayuda ahora que nos habló y la insistencia de esa mujer tampoco ayudaba.
¿Sería lo correcto si dejara a Kyu salir en esas condiciones? Muy probablemente no, pero sería divertido e imponía un riesgo, eso era lo que importaba.
—¿Quieres ir conmigo? —le pregunté aunque me importe tan poco cual será su respuesta. —Será divertido un poco de alboroto en nuestras vidas y fuera de nosotros en mucho tiempo. No ocurrirá la gran cosa tampoco.
—Sí quiero, amo.
Sonreí.
—Ve a bañarte, cubre tu cuerpo tanto como puedas y si habla evade tanto mis preguntas como las suyas —le indiqué. —Buscaré como evadirla a ella y a su maldito problema.
Kyu no dice una palabra más.
Aunque no comprende muy bien la situación, una vez escuchó mi voz detrás de la puerta sé que sus nervios se calmaron y dejó de preocuparse por actuar solo.
—Me agrada mucho jugar...—lo oigo susurrar sin importancia alguna mientras sube las escaleras.
Sabe que podrá ser como las veces anteriores y eso lo motiva.
Incluso desde la sala lo escucho quejarse, su cuerpo duele, está maltratado pero al menos puede caminar ésta vez.
Se despojaba de su sucia ropa, habían huecos en ella así que no tenía sentido lavarla, moretones se harán presentes al cabo de unos días, aún así ya hay varios adornando su piel, las heridas no paraban de sangrar todavía y lo escucho abrir la ducha.
Muero por ver su sangre mezclándose con el agua mientras sonríe, pasando sus manos por su piel como yo suelo hacerlo.
Me detengo en la puerta con la mujer al otro lado de ella, no me preocupa en lo más minímo buscar una solución para encontrar a su hijo pero busco la forma de mantener la diversión, como si quisiera sentirme vivo desesperadamente.
Abro la puerta y la observo en silencio.
Sus gafas me impiden ver si realmente está llorando o empapada por la lluvia, estaba titiritando de frío.
Pobre el que posee aquel instinto materno.
—Esperemos un momento por mi amigo, al parecer estaba bastante ocupado con su trabajo...No quería molestarlo pero pareces no querer dejarme a mí irme tranquilo —le reclamo—. Entre tres personas esto acabará más rápido.
—¿Crees que vaya a encontrarlo? Dime que hay posibilidades, y-yo pude...Es muy pequeño para andar por ahí sólo. ¡Debe estar loco! —la mujer parece alterarse más y más cada vez que digo la mínima palabra y comienza a ser molesto, haciéndome querer callarla de un golpe.
—No te preocupes, lo vamos a encontrar y si no, podemos ir a la policía.
«Cómo te gusta jugar con fuego»
Después de varios minutos la puerta se abre y Kyu sale. Estaba llevando un suéter n***o de cuello alto y unos pantalones ajustados, luciendo provocativo sin siquiera intentarlo.
Realmente lo había ocultado excepto por el golpe en su labio.
—Hola, podemos empezar a buscar. ¿Cómo es tu hijo? —su voz es muy dulce y reconfortante, como un pequeño cachorrito.
El mío.
—Tiene 8 años, su cabello es n***o y está un poco largo, por el cuello, lleva una camiseta blanca y pantalón azul...No logré ver qué zapatos se puso al salir de casa.
—Perfecto, comencemos a buscarlo ya. —insisto.
La mujer camina delante de nosotros y tomo el brazo de Kyu, reviso sus heridas y recordando dónde están, aprieto despacio y puedo verlo tensándose.
Con su mirada puedo entender lo que quiere decir así que lo hago otra vez y ésta vez clavo mis uñas entre la tela, jugando.
Saliendo a la calle principal la mujer acelera el paso repentinamente sin decir una palabra y de forma impulsiva grita.
— ¡Paren por favor! —Saliendo a la calle principal, la mujer acelera el paso repentinamente sin decir una palabra y de forma impulsiva grita.
Genial.
La patrulla parece no detenerse, seguramente no escucharon aunque había parado de llover pero ella, por supuesto, no se iba a detener, corriendo lo más rápido que puede, sin importarle si más carros están detrás, hasta hacer que se detengan.
Debe ser imbécil, o nosotros muy imprudentes.
Era el momento de irnos pero, ¿qué diversión habíamos tenido?
Kyu permanece a mi lado tan expectante como yo aún sin acercarnos. Arriesgándonos pero no demasiado.
Los polícias bajan la ventana y la mujer empieza a contar la situación, dá sus datos y los de su hijo mientras uno de ellos intenta calmarla hasta que el segundo nota nuestra presencia y no duda en preguntar por nosotros.
Estoy lo suficientemente cerca para escuchar la conversación. No creo que debamos confiarle la historia de cómo nos encontramos a esa mujer así que no dudo, comienzo a acercarme y Kyu me sigue el paso.
—Buenas noches. —soy breve y pretendo no involucrarme demasiado en el problema.
—Les decía que ustedes me estaban ayudando a buscar a mi hijo pero no hemos logrado verlo en ningún lugar... Tampoco llevan acompañándome mucho tiempo pero debería haberlo encontrado ya —expresó agotada, resignada.
—Sí, es cierto. ¿Nos necesitan para algo más? —pregunto y puedo notar la mirada insistente de uno de los agentes en nosotros, más específìcamente en Kyu.
Mi corazón comienza a bombear y Kyu me mira, dándome a entender que puede notar la inusual atención.
El arrepentimiento de haberlo hecho salir en ese estado yace en mi mente pero, mi sed lo opaca y lo deshace como la mayoría de las veces.
—No, muchachos, hicieron bien acompañando a la señora Han hasta aquí. Sin dejar de lado a su hijo, no debió salir sola a este lugar —dice el oficial aún dentro del vehículo, ambos asentimos y nos alejamos de la patrulla—. Señora Han, si gusta podría ir con nosotros a la policía y presentar el caso de su hijo o bien podría esperar las 24 horas de su desaparición y así abriremos el caso —continua explicando el oficial.
—Iré.
—Muy bien, suba.
El otro oficial no dice una palabra y sólo se dedica a observarnos descaradamente.
No fue nada lo suficientemente riesgoso para divertirnos pero —una vez se cierra la puerta— lo veo hacer una llamada.
~
—Disculpe oficial pero, ¿por qué yo debería ser considerado un criminal mientras personas inocentes se pudren día a día dentro de éste basurero? Parece que nadie ve la realidad. No existe la creatividad ni el deseo suficiente de destruir cualquier cosa o persona para que tenga la misma relevancia que su alrededor le da a usted por "solucionar" crímenes todos los días tampoco —hablé en un tono calmado, mis facciones se mostraban relajadas y estaba seguro de que no habían las pruebas suficientes.
Aún mejor, contaba con algo tan preciado como el consentimiento por lo que, me divertía y el momento además era bienvenido si alimentaba mi rencor.
Mi pequeño perro estará contento también.