Capítulo 1. Cambio Radical.
Narra Scarlett.
Observando a través de la ventana de mi cuarto, suspiré agarrando mi nariz, un gesto que hacía con frecuencia cuando el estrés me alcanzaba. La lluvia arreciaba afuera en la calle, parecía estar de acuerdo conmigo, hoy no era un buen día. Escuché que me llamaban en la planta baja, lo supe entonces era hora de irme.
Un último vistazo a mi habitación o lo que quedaba de ella, porque estaba vacía, todas mis cosas habían sido removidas y se encontraban en cajas, probablemente hayan sido enviadas a mi nuevo hogar. Adonde no quería ir, pero tenía la obligación de hacerlo.
Salí de la habitación cerrando la puerta detrás de mí, dejando mis recuerdos atrás, aunque el mal humor no se diluía de mi sistema, al bajar las escaleras mi madre Cecilia estaba esperándome afuera de la casa, una mujer de cabello castaño claro con sus ojos marrones me miró con tranquilidad, entrecerré mi vista con molestia. Agarré mi bolso guindado en un perchero junto a la puerta y sujetando sus correas, la seguí hasta un taxi que nos esperaba en la entrada.
No pronuncie palabra en el camino, porque no tenía nada que decir, me concentre en mirar el paisaje cambiar, dejando atrás las casas y los edificios, dando paso al camino solitario que nos llevaría al aeropuerto más cercano. Y de allí a mi nueva vida.
Una vida que tal vez no quería.
El vuelo, duro muchas horas, terminé muy cansada, aunque dormí un buen rato en el avión, no sirvió de nada, pero me sentí mejor cuando recogí mi maleta y mi madre me compro un refresco, hasta que llegaron por nosotras, dos señores de aspecto robusto, la incomodidad se hizo presente, así que no los detalle demasiado entre saludos cordiales agarraron nuestro equipaje y lo colocaron en la cajuela de un auto oscuro.
Duramos entre hora y media, mis piernas entumecidas, la molestia volvió a reverberar en mi sistema.
- Hija cambia la cara – me regaño mi mamá.
- Sabes lo que opino de este viaje- conteste entre dientes.
- Prometiste que lo intentarías – recalcó acusadoramente.
- ¡Porque no me dejaste otra opción! – exclamé molesta.
- Es tu padre, Scarlett. Él te lo ha dado todo, deberías agradecerle – dijo molestándose también.
Y como sabía que ninguna de las dos daríamos el brazo a torcer, porque éramos igual de obstinadas. Respiré profundamente, pasándome la mano por el cabello.
- Y estoy agradecida mamá, pero casi no lo conozco – admití, ella me miró con tristeza.
- Esta es tu oportunidad entonces, podrás conocerlo mejor ahora – determinó dando por terminada la conversación.
Y cuando regresé mi vista a la ventanilla, observé el inicio de un complejo privado, nos dieron acceso, traspasando el portón con patrones de figuras de flores, maravillada, vislumbre las casas de diseños parecidos, no eran muy ostentosas, pero sin duda la pulcritud de sus jardines, el color de sus paredes y las calles, compensaban, eran hogareñas.
Tan parecidas al hogar que había dejado atrás.
Refunfuñe en mi interior, esperando que estacionaran lo más pronto posible delante de una de estas casas, pero mi idea fue equivocada, seguimos de largo, no durante mucho tiempo, pero ninguna vivienda quedó a la vista, los árboles presidian la carretera hasta la entrada de un portón con insignias de dos lobos mirándose, sus ojos carbón intimidándose mutuamente.
Parecía una barricada la seguridad de este lugar, los muros de piedra que ocultaban lo que sea que estuviera adentro, así que cuando unos guardias nos dejaron pasar, quede tiesa en mi sitió, porque un camino que se bifurcaba en dos direcciones, el estacionamiento y la entrada de mi próximo hogar. No fue eso lo que me sorprendió, claro que no, era la belleza de la mansión que tenía delante de mis ojos.
Un lugar tan grande que podrían vivir doce familias en ella, tres torres con ventanas de vidrio, más de dos pisos, paredes de ladrillo, parecía que era una estructura que ha estado de pie, durante muchos años y que el tiempo le había otorgado un aire majestuoso e histórico.
- Detente – ordene al conductor, mi madre me miró con una pregunta en sus ojos, la ignoré. Cuando el auto se detuvo enfrente de la doble puerta de roble, bajé rápidamente - ¿Somos ricos? – le pregunté a mi mamá acusadoramente.
Ahora entendía las comodidades que me fueron otorgadas, pero nada que ver con esta casa de inmensas proporciones.
- Lo somos – respondió alguien en la entrada, las puertas dobles se abrieron, causando un leve chillido, parecían estar bien engrasadas, porque el ruido fue muy bajo y apenas perceptible.
Miré con el ceño fruncido a un hombre de mediana edad, su cabello n***o de ojos azules, que contenían una mirada audaz, y que era para mi desgracia muy parecidos a los míos. Me pregunte como pudo haberme escuchado hablar, porque nunca había sido una chica muy ruidosa. Se acercó lo suficiente a mí, para sonreírme con amabilidad, pero no pude evitar observar el bastón que sostenía su mano derecha, no me sorprendió encontrarme la madera tallada con un lobo en el borde que apenas dejaba entre ver su mano.
- Bonito bastón padre – halaga odiosa, tan seria que podría haber presenciado una masacre y no provocase en mí más que petulancia.
- Gracias Scarlett – acepto mi cumplido, que sería toda la amabilidad que podría recibir de mí, luego se fijo en mi madre, quien le sonreía con una felicidad nada sorprendente.
Ella lo amaba.
Aunque casi no se veían, parecía que el sentimiento era mutuo.
- Hola Robert – saludo, acercando hasta poder unir sus labios en un beso casto.
- Hola mi hermosa Cici – dijo su sobrenombre con un cariño dulce, acaricio su rostro con mano libre, para después agarrar su mano con fuerza y llevársela a sus labios – Me alegran que ya estén aquí, hemos preparado todo para que se sientan cómodas, vengan síganme – señalo hacia adelante, entrando en la mansión.
Mi nuevo hogar.