El monarca salió a la superficial con el cuerpo de la chica aun en sus brazos, con ojos desesperados y acciones igual de rápidas trato de reanimarla. Primero con sus manos.
Nada.
Ni siquiera lo pensó cuando agacho su rostro con la intención de darle aire boca a boca, pero antes de siquiera rozar sus labios contra los de ella, esta despertó escupiendo agua
—¿Maestra? — había miedo en sus ojos
Ella solo lo miro desorientada, luego solo incrédula —¿Reined…?
Su rostro se lleno de alivio, luego coraje, miedo, enojo, de todo un poco. —¡¿Por qué no nadaste?! Me has asustado…
Selene noto que su aprendiz temblaba, pero no por el frio.
—No puedo perderte otra vez. No —negó tembloroso—no de nuevo…
—…
—¿Selene?
Ella suspiro resignada —Lo irónico aquí es, que trate de convencerte de que era ella. Ahora trato de convencerte de que no lo soy, y no me crees.
Reined no contesto.
—Bien. Mentí. Soy Selene —lo miro —no debiste haber hecho eso...
El se inclina al frente de ella. Esta abrió mucho los ojos sorprendida, era una especie de reverencia. Las rodillas del monarca pronto tocaron el suelo, con su frente abajo casi al ras del piso.
—¿Reined?
Su aprendiz de nuevo de rodillas ante ella... tal y como en los viejos tiempos...
—Perdóname. —rogo —jamás… jamás volveré a hacer algo así. —y temblaba —Perdón. Por favor... no me odies... ni me apartes de tu lado.
¿Quién lo diría? ¿Quién se imaginaria alguna vez al gran tirano, al terror de la noche, al dueño de varias pesadillas, arrodillado de forma tan vulnerable a los pies de una joven? Sometido ante ella...
—No tienes que estar preocupado… —Selene trato de tranquilizarlo —sabes que jamás seria capaz de odiarte. Todo está bien.
El chico se frustro—no lo está… merezco lo peor. Por todo lo que te he hecho desde que llegaste, desde que te vi. Yo jamás… antes me mataría a mi mismo antes que hacerte daño... ¿lo sabes, verdad?
Ella suspiro —Eso quiere decir que…
—Estoy a tus servicios, soy tu leal aprendiz. Y tu eres mi maestra.
—Levanta el rostro —ordeno ella y este lo hizo.
Sus ojos azules la tomaron por sorpresa, era como ver un atisbo del Reined joven que alguna vez fue… pero no… el ya no era joven… realmente había crecido, era un hombre mas grande y fuerte que ella.
¿Había perdido tanto poder mágico, o es que simplemente Reined se había vuelto mucho mejor que ella?
—¿Seguirás mis ordenes a partir de ahora y me dejaras arreglar todo este desastre?
—Si. Todo lo referente a eso, si. Siempre y cuando tus acciones no te hagan daño a ti misma.
—No me heriré a mi misma. Salvaremos este mundo.
—No me interesa el estado del mundo. Solo me interesas tu.
Ella vacilo...
—Pero… —el continuo —supongo que, si eso es lo que quieres hacer, me importara.
—¿Por qué?
—Porque me importa lo que es importante para ti
—¿Puedo creer en esas palabras? ¿Qué no me traicionaras?
—Si, lo juro.
Se relajo, y por primera vez desde que se despertó, ella bajo la guardia.
Un momento de silencio los llena a ambos
—¿Puedo acercarme a ti, maestra?
Ella lo mira
—Solo quiero asegurarme de que estés bien —explica
Ella asiente dando su permiso
Reined se acerca con rapidez y la toma del brazo. Examina con una mirada rápida y superficialmente su cuerpo, y por fin este también se relaja —parece que todo está bien —la mira a los ojos —¿Por qué no nadaste?
Esta suspira —Dime algo, si tu puedes levantar 20 kilos, y luego reencarnas en el cuerpo de otra persona, ¿crees que podrás seguir levantando lo misma cantidad de peso sin el entrenamiento adecuado?
La mira pensando.
—El cuerpo tiene sus propias limitaciones —le explica ella—y todos son diferentes. Esa es la razón por la que tengo tantas fallas en mi… incluso mis poderes… no son ni un tercio de lo que eran… cuando me arrojaste por esa ventana también me pude haber muerto
El niega —no. Te hubiera atrapado de todas formas
—¿Qué?
—Estaba ahí. Si no hubieras podido llegar a salvo al piso hubiera ido a por ti.
Ella sonrió —no eres tan malo después de todo. Solo finges serlo
Su mirada se oscureció de pronto —Creo que no eres ni la mitad de consciente de todas las cosas terribles que he hecho…
Selene se tomo enserio sus palabras y con algo de pena y culpa, pregunto: —¿Y qué has hecho?
—No quieres saberlo —desvió su mirada
Ella reformulo la pregunta—Dime, ¿han sido cosas tan terribles?
Él se queda callado solo unos minutos y luego solo asintió.
—Tranquilo. Todo estaré bien. Encontrare la forma
Reined sonríe
—¿Qué?
—Nada. Solo estoy pensando, ¿en que hará mi maestra para solucionar todo esto? Soy tu problema ahora. ¿No?
—Pareces estar disfrutándolo...
—¿Ser tu centro de atención? si.
Ella ignoro eso ultimo—Prometo hallar la forma.
El le sonrió debilmente —No hay manera de arreglar el mundo. O que la gente me perdone. Si supieras todo lo que he tenido que hacer en estos cien años, creo que tendrías miedo de mí.
Ella lo mira largamente —¿Debería tenerlo? —pregunta
Reined entiende rápidamente que lo ha malinterpretado —Jamás. Nunca. Es solo que… —hace una pausa —no quiero que estés muy decepcionada cuando lo sepas.
—…
—El mundo… no es capaz de perdonarme luego de todo lo que paso. De todo lo que he hecho. Y eso está bien ¿Qué merezco yo luego de tanta destrucción?
La pregunta la deja desconcertada… ella no ha estado aquí presenciando todo. Este hombre no era mas Reined. No del todo. Debía aceptar que había hecho acciones terribles que seguramente no se imaginaba.
—¿Una persona así, merece realmente amor, una segunda oportunidad?
—Todos merecen eso.
—Pareces muy convencida —la mira —no soy quien una vez conociste. —y él le confirmaba sus sospechas —He cambiado. No soy esa persona de antes y no puedo serlo más.
Comprendió que aquel chico que conoció y crio en el pasado se había ido para siempre...
—Podrías… aprender de tus errores ahora… —probo insegura
Este sonrió —¿Aprender? Oh sí. He aprendido —la jalo hacia el
—¿Reined?
—Aprendí que no puedo dejarte ir otra vez— entonces la besa.