Cadenas.
Cadenas de verdad.
Ella estaba completamente mojada. Hacia frio. El lugar parecía algo subterráneo. Y a su derecha, a unos cuantos metros lejos de ella, había un gran charco de agua.
Ella tiritaba
—¿Me dejaras aquí solo colgando? —intento moverse y el sonar del hierro hizo un ruido extraño. Era como ser rehén de alguien, y porque lo era.
—¿Por qué no solo te sueltas? —le interrogo. El monarca estaba sentado en una roca con su rostro inclinado y descansando sobre su palma abierta. El chico tenia un semblante relajado, pero aun así sus expresiones eran afiladas, una mirada astuta. Desde este ángulo incluso podía apreciarse una belleza rebelde.
—No. Si es tu castigo, lo aceptare. Quiero ver que tan lejos llegas.
—¿Así que ahora eres masoquista?
—No gastare mas poder mágico en estupideces. Además, si esto me hará ganarme tu confianza lo hare.
—Obedecerme es lo que te hará ganarte mi confianza. Tengo que salvarte de cualquiera.
Ella recordó a los dos hombres —Si dices que no soy ella… ¿Por qué te interesas tanto por mí? ¿Porque actúas de manera tan sobreprotectora y posesiva? Encerrarme es algo extremista, al igual que este castigo
—Entonces libérate
—No. Mi primer objetivo es que me creas.
—¿Qué crea que, maestra?
—Que estoy de tu lado… y que soy ella.
—Lo segundo empiezo a creerlo.
Eso la hizo parpadear asombrada. Apenas habían pasado dos días. Tiempo récord —¿lo dices enserio?
—Si. Creo que eres Selene. Pero… aun así, me es difícil mirarte en esa forma, maestra
Ella no sabia como tomarse eso. ¿Lo decía de verdad? ¿o seguía jugando?
—Respóndeme algo, ¿si en algún momento regreso el vínculo, te harás daño?
—Pensé que habías dicho que sabias esa respuesta de mí. Que por ser un pecado no lo haría
El lo piensa —seria condenar tu alma, se que no lo harías.
Ella negó —no lo haría por ti. Y… —entonces miro a este cuerpo maltratado —tampoco por ella.
Selene pensó con remordimiento sobre el cuerpo de esta chica. ¿Dónde estaría ella? ¿viviría siquiera? Si le hace daño a este cuerpo, eso significa que Naevia no podría regresar. ¿Y si regresaba a donde la mandarían a ella?
Y casi como si el pudiera adivinar sus pensamientos dijo —Quizás deberías aceptar que el recipiente de ese cuerpo ya no existe
—¿Qué?
—Se perdió para siempre. Pero… —la observo largamente —podría acostumbrarme a ese nuevo cuerpo... Con algo de tiempo.
¿Qué significaba lo que acababa de decir?
—¿Acostumbrarte?
—O podemos traer tu antiguo cuerpo de regreso.
Eso sonaba superficial e inadecuado.
Ella negó —deja de decir tonterías. No he venido aquí a eso.
—¿Qué te impide amarme ahora? —pregunto más curioso que otra cosa
Ella se sonrojo. ¿Cómo podía hablar de temas así con tanta soltura y tranquilidad?
—Quizás haya otro hombre—probo ella para desafiarlo
El rio divertido —no. —negó — jamás hubo otro hombre en la vida de Selene. La conocía perfectamente. Jamás estuvo enamorada de nadie
—¿Y si, sí?
Una sombra de duda surco su rostro —No lo había —quizás preocupación
—No puedes saberlo
Ahora enojo — Yo era el único hombre en la vida de Selene.
—Tu eras un niño. Apenas un adolescente
El no dijo nada
—Hubo una vez un general… —continuo ella y dejo la frase colgando
El rodo los ojos con fastidio —Se de quien hablas. No le gustaba. Lo rechazo por completo. Justo frente a mis ojos. Él quería casarse con ella. Visito el monto Olida UNA vez y luego aseguro haber quedado flechado con su belleza. No puedo culparlo por eso. Pero de ahí, a ser tan atrevido para pedir una audiencia privada con mi maestra y hacerle tal propuesta ¡Que descaro!
Los recuerdos viajaron a la mente de Selene, y recordó todo con más detalle, todo apenas pedazos:
“¿Propuesta de matrimonio? Ese idiota.” Se había quejado Reined
“Retírate. Hablaremos a solas.” ordeno
“No.”
“Obedece.” Entonces se fue.
Cuando estuvieron a solas hablaron un poco, y al final ella lo rechazo con cordialidad. Al terminar se quedaron hablando un poco más en la puerta de salida. Entonces recuerda las últimas palabras del general y su risa “Ahora me iré antes de que ese chico me derrita. Disparara fuego con sus ojos en cualquier momento.” pues Reined los observaba desde lejos.
En ese tiempo había pensado que era un sentimiento de sobreprotección y cariño, pero ahora comprendía que clase de sentimiento había ahí…
¿Cómo pudo ser tan tonta e ingenua? ¿Cómo pudo dejar esto avanzar y escalar tanto? Esto era su culpa.
—No lo rechace frente a tus ojos —le contradijo
Reined sonrió —sí. Tienes razón. Pero estuve escuchando a través de la puerta todo el tiempo.
Entonces se escucharon gotas de lluvia. Y el silencio los lleno.
Sus labios se apretaron, y ella bajo la cabeza —no puedo.
Mas silencio.
No tenia que aclarar de que estaba hablando para que el monarca lo entendiera —no tienes que poder. No tienes que hacer nada. Solo tienes que permanecer a mi lado. Con tenerte así ya me es suficiente.
—Reined… quizás si lo habláramos…
—¿Has tenido alguna vez el corazón roto, maestra?
Ella no se atrevía a mirarlo. Se sentía como una basura. No se sentía genial lastimar a la gente que amaba. —no. —contesto —aunque… me lastima verte mal.
—No seas así de cruel —le pidió —no puedes decirme que te importo, pero que no en ese sentido.
—No esta bien hacer esto. —murmuro ella —maestro y aprendiz —negó
—¿Eso es lo que te preocupa? No hay nadie vivo que lo recuerde. ¿Quién nos juzgaría?
—No lo entiendes. Son muchas cosas. Para empezar, dices amarme, pero mírame, sigo encadenada. No se le hace eso a la gente que se ama.
—Desde ahora, tienes que entender que tu me perteneces.
—¿Y esta es la manera?
—Elígeme a mi esta vez.
—…
Esa petición de nuevo.
Era como una punzada en su corazon.
Entonces pensó en el único escape que evitara dañarlo de nuevo —No soy ella —menciono
Reined permaneció en silencio unos minutos mas antes de preguntar —¿no eres quién?
—No soy Selene. Mentí. Soy Naevia. Ahora puedes deshacerte de mí.
—¿Así que prefieres morir a corresponderme, maestra? Eso me hiere
Ella alzo la vista con impotencia, ojos cristalinos. Y el se levanto hacia ella.
Entonces la agarro de sus cadenas soltándola de donde estaba, pero aun llevándolas puestas. La jalo consigo detrás con los pies torpes de la joven tratando de seguirle el paso.
—Si eso es a lo que quieres jugar, bien, jugaremos.
La agarro por ambos hombros y dijo: —hice mi investigación, y adivina ¿que? Naevia no sabe nadar. Selene sí.
Eso la intranquilizo —Reined… no… espera… esto no funciona así…
Pero antes de poder decir más, el la empuja dentro del lago helado donde el cuerpo de la chica es jalado hasta el fondo. Casi succionado por una fuerza invisible.
—No te ahogaras, así que saldrás nadando, maestra.
« Idiota. Reined idiota. Ni siquiera tú sabes cómo funciona tu propio hechizo. » pensó ella
La mujer lo veía todo borroso mientras solo se hundía más. Trato de subir, pero no podía. Y en algún punto dejo de moverse al sentir quedarse sin aire. Abrió la boca por inercia solo para recibir agua en vez de aire. Las burbujas agotándose.
—Selene sal de una vez. Deja de jugar conmigo
Nada
—¿Selene?
El joven veía el cuerpo quieto de la chica con los ojos cerrados. No había movimiento alguno. Al principio pensó que podría estar fingiendo.
—No me harás creer que eres Naevia solo porque no sales nadando. ¿Te quieres morir ahogada, maestra? ¡Sal de una vez!
—¿Selene?
Pánico.
—¡¿Selene?!
Entonces sin poder evitarlo más, el joven salta al lago.