Capitulo 8: Aléjate

1754 Palabras
Sentado en la punta de la gran mesa negra se hallaba el monarca oscuro. El gran Tirano. Con su semblante calmado y relajado, pero inquieto por dentro. En la mesa lo acompañaban grandes figuras de la época. Unos mas poderosos que otros. Unos mas ambiciosos que otros. Magos. Brujos. Humanos. La avaricia no escatimaba en razas. Muchos luchaban solo por poder, Reined luchaba solo por amor. Y en su búsqueda por su anhelo había corrompido al mundo. Roto mas de una esperanza y varios huesos. Pero el en un parpadeo y sin pensarlo sacrificaría al mundo solo por tenerla a ella. Había llegado tan lejos… había hecho todo esto… solo para alcanzarla. —Si se siguen alzando ejércitos en el lado sur serán un problema. —Siguen resistiéndose pensando que pueden con nosotros—se burlo otro —Los del ejercito del norte han mermado en sus fuerzas, aunque todos los días reclutan nuevos hombres. —¿Qué hay de los impuestos? Mi gente paga por ellos por protección y el pueblo sufre mas. —Ja. Como si te importara tu pueblo mas que llenar tus propios bolsillos, Basilon. El hombre frunció el ceño. Eran las típicas y aburridas charlas que se cernían siempre que se juntaban y después de tres horas de platica ya todos estaban abrumados. Otro rubio de la mesa poco concentrado en esa conversación sacudió la cabeza —¿Por qué en vez de hablar de eso, no hablamos del verdadero tema aquí? ¿Lo que se esconde en la habitación? —¿Lo que se esconde? En ese momento un hombre de ojos violetas mira al monarca —Gran tirano, ¿es cierto que ha traído a su castillo a una mujer? Entonces los ojos dorados del muchacho inicial vuelan hacia el —Si. Dinos, mi rey. ¿Por qué ha sido? ¿se ha burlado de usted? ¿es una enemiga formidable? O la mas impensable ¿le ha llamado la atención? ¿su belleza es así de cautivadora? Todos pensaron que el gran tirano se reiría. Pero a diferencia de su reacción sintieron primero su magia. A Reined no le hacia ni pizca de gracia que mencionaran a la joven en sus mazmorras. Los rostros divertidos y sueltos de todos cambiaron. No era un misterio que el gran tirano era cruel y despiadado. Quizás se habían sentido en confianza muy rápido... —S-Si… si no es de nuestra incumbencia no deberíamos preguntar… —intento otro nervioso mientras se parada —quizás sea hora de irnos… Muchos se levantaron de la mesa. Aun cuando Reined no había dicho ni una sola palabra. Solo dos jóvenes permanecieron sentados. Eran conscientes de la magia de su rey, pero aun así, no tenían miedo a la confrontación. Eran el tipo de personas que con tan solo mirarlos sabias que no les importaría morir aquí mismo si eso significaba que podían ser fieles a su voluntad hasta el final. Unos se amontonaron hacia las grandes puertas haciendo reverencias y desfilando fuera del castillo dando así por terminada esta reunión. Solo cuando se quedaron los tres a solas, fue el momento en el que el monarca suspiro y retiro su aura del lugar. Arlen, uno de los que permanecían en la sala se cruzo de brazos —No me digas. Esto tiene algo que ver con eso de tu maestra y tus constantes rituales. ¿esa chica… escuche que sabe algo de magia? ¿crees que ella podría ayudarte con eso? —No—fue su respuesta Arlen miro hacia Mauren; su hermano. Con ceja enarcada el segundo pregunto —Entonces, ¿Por qué? Reined suspiro —Es una larga historia —Algo que te haga suspirar tanto quiere decir que no esta del todo bajo tu control ¿es poderosa? —Es mas humana que otra cosa. Aunque si, posee bastante magia. Conoce la magia perdida Ellos parpadearon incrédulos. —¿Alguien como tú? —¿Libros de texto?—probo el otro. Reined negó—Demasiado para una simple lectura. Parece más experiencia nata que un estudio profundo. —¿Crees que hay alguien además de ti que ha vivido más de cien años? ¿Alguien como tu? El negó nuevamente —se ve joven. Pero aun así, nadie además de mi ha probado el hechizo de la inmortalidad. Uno se paró —quiero verla —No— la respuesta fue rotunda y cortante, y peligrosa. Ellos se miraron nuevamente en automático desconcertados. —¿a que viene eso? Somos tus… —el se detuvo. Decir amigos seria raro. Nunca habían usado ese título. Muchos servían a Reined no por honor o lealtad, solo por miedo. Pero ellos eran diferentes. —compañeros. —dijo extrañamente —te hemos ayudado siempre que hemos podido ¿Por qué no podemos verla? Te prometemos no matarla. —Nadie puede verla. —¿A qué viene esa posesividad? —Si, ¿A que le tienes miedo?—insto el otro. El no contesto. Ambos parecieron derrotados, pero entonces los tres sintieron la presencia. Y todos sus ojos se dirigieron a las escaleras. Reined fue el primero en levantarse y caminar enseguida a la esquina, pero no llego a tiempo para detenerla, solo para verla aparecer ante él. Con ojos furiosos, y llenos de impotencia espeto rabioso —¡¿Cómo es que estas aquí?! ¡¿Porque has subido?! —Pensé que habías sentido que estaba despierta. — contesto ella calmada, casi ignorando por completo su reclamo, y entonces alzo su muñeca mostrando aun las cadenas —dijiste que sentías todo lo que yo. Sabias que estaba despierta desde hace media hora. —luego lo miro de forma retadora —porque es una regla en dos direcciones. Puedes sentir lo que yo siento. y yo puedo sentir todo lo tu sientes. Y haces. Digamos que, —sonrió —aprendí un truco nuevo. Entonces Reined comprendió porque no la sintio venir —ocultaste tu presencia… ¿Cómo? Eso no es algo que se aprenda solo… Pero antes de poder conversar mas con ella, ambos jóvenes se habían acercado hasta la mujer. Arlen con ojos muy abiertos notaba la cadena, entonces miro hacia Reined, y de vuelta a ella tratando de comprender algo —¿Porque tienes tu alma unida a la de ella? —Es algo momentáneo.—aclaro el monarca —¿Momentáneo? —parecía haber disgusto en su voz Selene alzo la cabeza con dignidad y espeto —¿monarcas con magia negra? ¿son aliados tuyos en tu plan de conquistar este mundo? Muaren sonrió —una humana que nos juzga —dijo con ironía —¿crees que somos peores que ellos? —Los soldados y el pueblo luchan por liberación, pues ustedes han corrompido y roto el equilibrio del mundo. —No te equivocas en nada. Yo he peleado en guerras y conquistando territorios. Guiado ejércitos. Yo soy un luchador. —Eres un genocida. —corrigió molesta —has matado a miles de ellos ¿no? —Y ellos, a cientos de nosotros. ¿es que no lo ves? Todos somos malos. ¿Por qué tu causa te vuelve de repente mas justa? La única diferencia entre ellos y nosotros es que portan un emblema diferente Ella frunció el ceño realmente molesta —¡¿Injusto?! ¿Qué sabes tu de justicia? Entonces el hombre enfurecido se acercó hacia ella con rabia contenida, Selene se preparo para recibirlo en una pose de combate. —No—la voz del monarca hizo eco entre ambos congelándolo todo. —No la toques. Mauren lo miro —Pero ella… —¿Eres tonto o que? Te he dicho que te alejes. Entonces el retrocede. Su hermano Arlen abre mucho sus ojos y conecta por fin esto. Esa mujer… esa mujer era importante para el de alguna manera… Sin embargo, para encubrir los sentimientos de su rey el alega —él tiene razón hermano Mauren. Después de todo, ¿no ves las cadenas espirituales? Si atacas a la joven ahora, estas atacando a tu rey. Mauren parece comprenderlo —P-perdóname mi rey, —dice mirándolo en reverencia —se me había olvidado. No quise cometer traición ante usted Reined sabía que no lo había detenido por eso. Pero es una buena excusa para tapar esta debilidad absurda de acciones que estaba haciendo sin comprenderlas del todo. Todo esto aún era muy confuso. Selene entonces entendió —¿quiere decir que, si ahora mismo me clavara un puñal en el pecho, eso haría que la herida también la reciba el? Arlen asintió —sí, así funciona Selene miro hacia su aprendiz —¿Por qué harías algo así aun sabiendo eso? Es estúpido y descuidado ¿no temes que me mate a mi misma, y me lleve consigo a ti mismo? —No lo harías. Quitarse la vida es un pecado. Además, se que no te atreverías a matarme —Pareces muy seguro de eso. —ataco ella —seria un sacrificio para salvar al mundo —Entonces haz lo que quieras. Ella no entendía porque le daba todas estas libertadas cuando no le creía. ¿Porque este exceso de confianza, porque todas estas acciones tan extremas…? Entonces el monarca se giro para sus hombres —la presencia de esta chica y todo lo ocurrido esta noche jamás existió ¿entendido? —Nuestro secreto —alego Mauren. Y su hermano no muy convencido asintió también. Ambos pasaron de largo rumbo a la salida. Mauren se retiro sin siquiera mirar atrás ni añadir ni una sola palabra. Sin embargo, Arlen se fue lentamente y mirando a los ojos de la chica tuvo mas dudas que respuestas. Sin embargo, sabía que tendría otro momento de oportunidad para averiguar todo lo que quería saber. Cuando ambos volvieron a quedar a solas, este aún seguía con el ceño fruncido. —Se suponía que estarías inconsciente varias horas —No las suficientes. No puedes ponerme a dormir con eso que hiciste cada vez que quieras para deshacerte de mí. Quítame este vínculo —demando —Si hubieras llegado unos minutos antes me hubieras causado un gran problema. —lo pensó —y sí. Si te lo quitare por ahora. —entonces casi de forma inmediata las cadenas espirituales desaparecieron. Ella se tocó la muñeca —gracias. —¿Qué me agradeces? Las he quitado porque tu te has portado muy mal. Sus ojos la miraron extrañada. —Necesitas una lección —¿Que? —Te mereces un castigo ¿Un castigo?
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